Tuesday, October 30, 2007

Amigos

Conversación en el cine con Jebuz minutos antes de comenzar la película

L: ¿Hiciste algo el sábado?
J: Si, fui a esa fiesta clandestinísima.
L: Y.. ¿qué onda?
J: Conocí a un pibe para vos. Le saqué el teléfono.
L: Pero nene, se supone que tenés que hablar con minas, no con tipos.
J: Bueno, es que estaba hablando con la mina que me gustaba a mí.
L: ah....¿y cómo es?
J: Tiene un nombre raro, así que seguro que te va a gustar y es músico. Ahh.. pero ahora que pienso bien, no se.
L: ¿Por qué?
J: Porque no es tan sucio como los que te gustan a vos...

Monday, October 22, 2007

Hay una sola

El viernes el motoquero de la empresa donde trabajo me preguntó si ya tenía que felicitarme por el Día de la Madre y le respondí que todavía no (¿?).
El sábado, mientras le compraba el regalo a mi madre, la vendedora me preguntó si yo también iba a recibir regalos.
Durante la mañana del domingo me llegó un mensaje felicitándome por a la maternidad de mi gato(¿?).

Sino fuese porque a la tardecita del domingo escuché un: Feliz día, mamita...

volvía a terapia.

Friday, October 19, 2007

Sangre

Me desperté en medio del charco que mi propia saliva había establecido en tu brazo. El sol del tatuaje me miraba con los ojos húmedos que yo intentaba secar entredormida, sin éxito y balbuceando algo parecido a un “perdonáme”. Abriste los ojos, me miraste y sonreíste. Con una de esas sonrisas a las que me cuesta acostumbrarme. Una sonrisa dulce, transparente, limpia, sin rasgos de tormenta. Nos volvimos a abrazar y dormimos.
Algunas horas después me estabas acompañando al laboratorio a sacarme sangre. Siempre le tuve pavor a la agujas, pero tu compañía endulzaba el momento del pinchazo.
Ya sola en el consultorio, la enfermera me ponía la banda elástica en el antebrazo mientras me hacía cerrar el puño. Dí vuelta la cara. “Respirá hondo y abrí el puño”, me dijo. Mientras seguía sus intrucciones, cerré los ojos e intenté evocar pensamientos placenteros. “Pensá en otra cosa” me decía el dentista cuando era chica y me estaba sacando una muela.
Tenía que pensar rápido en alguna imagen que me transportase. Algo que alejase a la aguja de mis venas.
Respiré hondo.
Y sola. Así solita, tu sonrisa limpia y transparente invadió mi mente.

“Listo, sostené fuerte el algodón y dejátelo una hora para que no te quede el brazo marcado” me dijo la enfermera mientras vaciaba la jeringa con mi sangre en un tubo de ensayo.

Tuesday, October 16, 2007

Justificaciones

Se trata de encontrar las respuestas. De descifrar códigos. De encontrar las piezas para armar el rompecabezas. Algunos creen encontrarlas en las ciencias; la física cuántica; la combinación de moléculas y átomos, las células que explican la creación y el ordenamiento de los hombres y el universo. Otros se dedican a la filosofía, otros tantos a las religiones; a desentrañar y formular teorías místicas.

Pero lo cierto es que prefiero que no existan explicaciones al alcance para descifrar las partículas imperceptibles que revolotean en el aire y traspasan los poros cada vez que se produce un encuentro de almas.
El vacío y el sabor a derrota que dejan los desencuentros.
El brillo que invade la mirada ante un hecho que llena de burbujas la sangre.
Las chispas que flotan en el aire cuando dos cuerpos se sumergen y se hacen uno.
La desolación y el dolor que dejan las despedidas que luchan por transformarse en hasta siempre.
La chispa, el fuego, la luz que impulsa a buscar nuevos encuentros.
El momento clave en que comienza a actuar la magia y sin habérnoslo propuesto, las palabras, preguntas, silencios y actos hacen que de golpe te encuentres frente a las siete llaves con las que estaba cerrada esa puerta que ni siquiera sabías que existía.

Y así es como mientras algunos creen que las respuestas se encuentran desenmarañando moléculas; otros creen encontrarlas en la escritura.
Para descifrar códigos, para abrir mundos escondidos, para expulsar demonios, para dejar que los ángeles guíen las manos, dejar que la tinta se convierta en letras y las letras descifren códigos, que salgan hechas palabras, y luego frases, y que así, nos ayuden a encontrar las piezas que encajen para armar el rompecabezas.

Y entonces es cuando también, mientras cree que va encontrando las claves, la razón, el propósito de estar acá, hoy y ahora, entiende que en realidad, tal vez nunca logre saber si en la búsqueda intenta descifrar su existencia, o en realidad es la búsqueda la que lo justifica.

Pero ¿saben qué?.
Eso es lo que menos importa.

Thursday, October 04, 2007

Y bueno, si. Nos encontramos. El día anterior propuse el lugar, el aceptó y preguntó si había que hacer reservas con anticipación. ¿Reservas?... creo que nunca en mi vida cené en un lugar en el que hubiese que hacer reservas. Así que le contesté con un: naaahhhh… ¿reservas?, no hace falta, y mientras me preguntaba si se sentiría cómodo en el lugar que había propuesto, el me decía: lo de las reservas sonó muy careta, ¿no?.
Luego del acuerdo, y mientras esa tarde transcurría muy apaciblemente, una aparición inesperada sucumbió mi ser. El, el de los tatuajes había aparecido en el Messenger y me estaba ofreciendo ir a tomarnos unas cervezas para festejar las vísperas de la primavera.
Gracias a la erradicación de bombachas estiradas del cajón, la ropa interior ya no era un impedimento para mí. Así que, ni bien salí de la oficina partí rumbo a la esquina acordada por El y yo. Nos encontramos y terminamos charlando y tomando en un bar sin reservas, ni mozos, mucho rollinga y rock. Me ahorraré los detalles y sólo recalaré en el hecho de que fuimos testigos del primer rayo de sol de la primavera.
Y cuando me metí en la ducha después de bajarle a abrir me acordé que la cita con el barbudo todavía seguía ahí. Pasé la tarde trabajando, con sueño y las piernas temblorosas, no de nervios por la inminente cita, sino por.. bueno por… por las revolcadas primaverales con El.
Salí de la oficina con casi muy poco tiempo para bañarme, ponerme el strapless y encontrarme con el barbudo. No había pasado un segundo de la hora acordada para la cita cuando suena el teléfono. Era el barbudo que ya estaba en la puerta del lugar esperándome. Le mentí diciendo que estaba en camino, me terminé de arreglar y salí.
Y bueno, la verdad es que la primera vez que nos vimos no hubo fuegos artificiales, ni escuchamos una romántica melodía de fondo. La charla fue agradable, pedimos una picada que yo casi ni comí, no por los nervios del encuentro, sino porque omití mencionar que mientras me arreglaba para salir, me comí un sándwich de queso.
Y bueno, charlamos durante muchas horas, casi cuatro. Y nos bajamos dos jarras de cerveza. Y nos reímos. Y el barbudo en un momento mencionó que se sentía como en la película de Mi novia Polly.
Y bueno, eso. Ni besos, ni manos, ni abrazos. Bah, si, uno, cuando me dejó en mi casa. Abrazo, ¿eh? Y mientras abría la puerta del edificio pensaba: si, como mi Novia Polly, salvo que yo no soy Jennifer Aniston….
Igual, de todas formas, ¿saben qué?.. la verdad es que yo no seré la Aniston, pero -y no se si lo habrá hecho apropósito o qué-, pero el, el barbudo, el barbudo...

No tenía barba.