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Hace dos años entendí que las vacaciones sin planes son las mejores. En aquel entonces, me había embarcado con todo el miedo de viajar sola y un mapa lleno de cruces, marcas y teléfonos a los que nunca recurrí. Y el camino se dejó llevar. Entonces, esta vez, salimos con casi 20 días libres y solamente un par de ciudades marcadas en un mapa que un día antes me había impreso Edu de una página de Internet. Sin fotos de los lugares, con lo que creíamos era la plata justa y necesaria, sin saber nada del cambio, ni el clima. Y el camino nos asombró una vez más. No hay mejores consejos que los que te ofrecen los viajeros que te cruzás. Ni mejores decisiones que las que se toman con menos de cinco minutos para que se vaya el colectivo. Ni mejores relaciones que las que se forjan con los turistas que te vas encontrando por el camino. En poco más de una semana recorrimos desde Humahuaca hasta La Isla del Sol. Pasamos por un salar basto e increíble, ciudades coloniales, ruinas, minas que alguna ...
Sin ánimos de ofender, ni generalizar, a los argentinos (y en particular a los porteños) se nos puede distinguir a 40 km de distancia. A continuación, una serie de frases que registré entre las calles de Bolivia y Humahuaca. Todas ellas dichas por argentinos-porteños, claro. En la frontera entre Bolivia y Argentina, del lado boliviano. Una pareja intenta pasar sin hacer los trámites. Los frena un gendarme. G: Antes de pasar por acá tienen que hacer los trámites migratorios P (casi al unisono): Pero somos Argentinos! G: Está bién, pero tienen que hacer los trámites. P: Pero somos Argentinos! G: Si, ya se. Hagan la fila de migraciones, por favor. En una calle de Humahuaca, un chico hablaba por celular a los gritos: C: SIII.. RE LINDO!.. VIMOS UNA CALLE DE TIERRA IMMMPRESIONANTE!! En la ventanilla de una terminal de micros en Tupiza. Turista: Si, queremos nueve pasajes. Vendedor: Pero tengo cuatro nada mas T: Pero somos nueve V: si, pero tengo cuatro T: Pero somos nueve V: tengo nada mas ...

lo mismo, pero distinto

Papa Noel se empeñó en traerme por segundo año consecutivo a Chico. Y por segundo año consecutivo, unas vacaciones en el Norte nos cortan este enamoramiento profundo, final y fulminante que nos profesamos. Otra vez paso el 31 lejos , otra vez con esta sensación de querer llevármelo en la valija, otra vez con la certeza absoluta que lo quiero porque lo quiero a pesar de las 10 razones que a veces me pesan. Creo que los años traen seguridad, nos hacen sentirnos cada vez más cómodos con el contexto, nos dan más capacidad para desenmarañar las respuestas que vienen dentro del problema, nos ayudan a entender los valores reales, a quedarnos con lo bueno. Así que, aunque el contexto sea el mismo, aunque me desprenda por dos semanas de Chico otra vez; se que voy subiendo y no sólo geográficamente. Estar en la misma situación me ayuda a entender que él y yo no somos los mismos, que lo quiero más y mejor, que me tomo las cosas con más calma, que entiendo sus límites y los míos. Y que los años nu...
Creo que las subestimamos demasiado. Que creemos que con sus pasitos lentos, no pueden ir más allá de los 10 centimetros. Que se la pasan durmiendo. Supongo que debemos pensar que al comprarlas (igual, es ilegal comprarlas) son nuestras para siempre. Hasta que se mueran. Que son longevas y que viven con pocos recursos (manzana, zanahoria, lechuga). Yo nunca les tuve demasiado aprecio. Cuando iba a tercer grado, teníamos una de mascota del aula y odiaba tener que llevarla a mi casa. Era demasiada responsabilidad. El perro la volvía loca, la queria dar vuelta. Y yo, no le encontraba la gracia. Después, antes o en el medio de tercer grado, entró una por la puerta de la casa de mis viejos allá en el conurbano. Y la tuvimos un tiempo, escondida entre el pasto y las plantas. Y nunca lo supimos con certeza, pero un día, se fue. No estaba más. Tal vez fue un descuido. Una puerta abierta mientras mi mamá baldeaba. Al tiempo, adoptamos otra (esa no me acuerdo cómo apareció). Vivía abajo de la pa...

tus besos me saben a hierba

Jebus tenía una teoría sobre la saliva, los besos y la compatibilidad a la que solía adherir. El decía algo así como que, a través de los besos y la saliva del otro, uno podía darse cuenta si era compatible genéticamente. Entonces, si te gustaba la saliva y los besos del otro (aunque no se haya lavado los dientes por cinco días, ponele), quería decir que la compatibilidad era alta, en cambio, sino, por más que el otro tuviera un aliento impecable, estabas en el horno. Era algo así como una cuestión de la naturaleza ó la preservación de la especie ó algo así. Y ahora que lo pienso, las personas de las que me enamoré, todas tenían este componente de la saliva rica, que las diferenciaba de quienes tenían un aliento a brisa del bosque, pero a mi no me llamaba la atención en lo más mínimo. Todo esta cuestión viene a que, hoy pensé que no hay nada por estos días (y por aquellos de hace menos de un año) que me guste más que darle besos a Elchico. Podría estar besándolo por cinco días ininterr...
Algunas cuestiones aprendidas por el asunto de la perdidita. -Si fue una especie de somatización, esta vez, me fui de tema. -Las salas de espera son un espacio extraño. Indefinido. Un lugar detenido en el tiempo. Con gente que entra y llaman al toque, otros que están ahí cuando llegás y permanecen cuando te vas, señoras y señores que te cuentan sus periplos y la injusticia del sistema hospitalario, mujeres embarazadas de todos los tipos y tamaños, viejas impacientes que le quieren pasar por encima a medio mundo, pantallas con letras rojas, televisores clavados en programas que no llegás a escuchar, máquinas de café que requieren muchas monedas. Blanco y asepsia. -Los exámenes ginecológicos son lo peor del mundo. Te sometés a violaciones a voluntad , toqueteadas con plásticos y preguntas idiotas del médico en cuestión para que “pienses en otra cosa”. -Creo que al ecografista de la última y mas incómoda de las ecografías se fue de tema, cuando mientras miraba mi interior en su pantallit...

siempre

"Bueno, pero tiene un año más ahora", me respondió Lula cuando le conté que me lo encontré al Elchico en una esquina del centro. "Pero yo siempre voy a tener diez años más" le respondí. Y ese siempre sonó débil, entre los tantos otros siempre que se me vinieron a la cabeza. Pero no se los dije, claro. Y por ahora, tampoco voy a escribirlos.
No recomiendo los grises, los intermedios, los tibios. Las relaciones indefinidas, en las que se deja pasar el tiempo "haciendo de cuenta que", en las que quedan flotando tal veces. Mejor, le doy lugar a los plenos, los rotundos, los medulares, la verdad aunque duela, a pesar del miedo, del vértigo. Decir o callar con las palabras justas en el momento preciso. Porque lo tibio, lo gris, el bicicleteo y el tal vez, te pasa el recibo cuando menos lo esperás y se paga al contado.
A veces, no me hace bien que me digan que soy independiente, inteligente, linda y con buen culo. Porque a veces, eso me hace sentir más inutil todavía. Porque en el espiral de llanto en el que estoy metida, solamente me hace pensar que ni aún teniendo todo eso (como dicen que tengo a veces) puedo hacer las cosas bien. A veces, ante los ataques de llanto que me invaden, solamente necesito que (como hizo ayer el señor que estaba sentado enfrente mío en el subte) me extiendan un paquete de pañuelos descartables y me digan: agarrá los que quieras.
Tobias es italiano y viene viajando por sudamérica desde enero. Aprendió a hablar español durante el viaje. Trabajó durante un año para pagarse el viaje, y no le queda mucha plata. Estuvo durante dos meses haciendo trabajos comunitarios en Perú, a cambio de techo y comida. Es lindo, muy lindo, parecido al Jesús que nos hicieron creer. Me convida un té y me dice que tiene frío (hacía 5 grados y andaba de sandalias y remera), le pregunto si tiene ropa más abrigada y dice que no. A Tobias lo conocí en un Hostel en Rosario en el que estuve parando para desintoxicarme de un congreso que me tocó cubrir en la ciudad. Su ruta seguía por Córdoba, Mendoza, y nuevamente el centro comunitario de Perú antes de volver a Italia para las fiestas. Mientras lo escuchaba hablar pensaba en la cantidad de vidas posibles por las que uno puede optar, si se anima a despegar del suelo.

Un....

Durante su vida, uno se puede relacionar sentimentalmente con muchas personas. Con algunas entablar relaciones más profundas que con otras, claro. Con otras tener relaciones esporádicas, con otras entender que la cuestión tiene un límite, a otras dejarlas ir. Pero de todas las personas con que una se relacionó, siempre existe una, una sola, que no entiende de cuestiones racionales, que se mezcla entre el viento de una tarde cualquiera, que aparece en cualquier pasaje de cualquier libro, que se filtra entre los estribillos de una canción. La mejor musa inspiradora para la letra de una canción, de un cuento, de una poesía, de una foto, de una pintura. En la que pensamos ante un acontecimiento inesperado: una nevada, la caída de las torres gemelas, el triunfo de Racing. La que queremos que esté al tanto de los acontecimientos relevantes en nuestra vida: una mudanza, un nacimiento, un ascenso, un reconocimiento, la compra de una calza violeta. Raro saber que existe esa persona, y no saber ...

Señal que me he perdido

Digo, esto de las señales es muy extraño. Indescifrable. Uno le quiere buscar la vuelta, encontrarle el significado, pero nada. “Esa es una señal”, me dijo Lula cuando le conté que me lo crucé a Javi un día de semana a las 2 de la mañana, a la vuelta de casa. Siendo que él vive muy lejos de mi casa. Siendo que yo venía de la mano con unonuevo. “El colectivo no vino nunca. Me tomé uno que me acercaba y venía paseando. Señal que no tenía que venir” le dije a Mir cuando finalmente había llegado. Estaba a punto de irme, cuando alcé la vista al televisor sin sonido, y leí las letras “Please don´t go” debajo del video que estaban pasando. (Juro que fue así). Unonuevo me estaba preguntando por mi desaparición durante la semana y estábamos llegando al acuerdo de dejar todo así, porque parece que “soy demasiado solitaria y él demasiado hogareño”, y entonces, cuando dijo “ a veces el destino hace que se junten quienes no se tenían que juntar o que se encuentren lo que no se tenían que encontrar...

paranoia

Locación: subterránea. volviendo del trabajo. a dos estaciones de casa. Hora: 20:40 -Todo bien?, me pregunta un hombre pelado, pulcro, cara de asesino serial, sentado a mi derecha. -qué?, le digo con mi mejor cara de oj#te. - hace media hora que venís pensando, me dice mientras mira el reloj. Me levanto de mi asiento sin decir nada. Había llegado a la estación donde me bajo. El pelado pulcro cara de asesino serial también se levanta del asiento y se para al lado mío, frente a la puerta. Lo dejo bajar. Se cierran las puertas. Me quedo adentro del subte. Gracias a la paranoia generada por el exceso de peliculas yanquis de asesinos seriales, caminé siete cuadras de más para llegar a casa.

Cuánto vales

Cuestión es que yo andaba buscando cosas de Perón para hacer un regalo de cumpleaños. Y se me ocurrió preguntar en voz alta en mitad de la oficina (que estaba casi vacía) -"¡Alguien sabe dónde puedo comprar merchandising de Perón para hacer un regalo?!". Algunos se rieron, otros preguntaron.. ¡qué?!, otros no dijeron nada. Pero la voz de la correctora, desde el fondo de una esquina, dijo: -"Pero que regalo de mal gusto, nena". Hoy, al mediodia, yo estaba sentada en mi escritorio. Llega la correctora, me saluda y deposita una plancha de stickers de El General, y mientras se va para su escritorio dice: -"Y de Eva, no quedaban mas".

esta forma tan cobarde de no decirnos que no

Era mejor cuando este espacio era totalmente anónimo. Cuando no tenía que cuidarme de escribir tal o cual cosa, porque la ex de aquel tipo que me besó en el ascensor, leía el blog. Era más sano cuando servía como una especie de catarsis, y podía escupir, vomitar, toser todo acá y no tragarme sapos que después se convirtieron en anginas, gripes, congestiones, infecciones. Se sentía más cómodo cuando nadie sabía quien era El del sol. Hubiera sido un poco más fácil estar en aquella fiesta si nadie hubiera sabido de mi blog, y me lo preguntase delante de unonuevo, quién a su vez me decía: y yo no lo puedo leer?.. y yo decirle que no; y tomar conciencia de que esto de los blogs es una especie de diario intimo público para anónimos. Era más sencillo cuando no tenía que ocultar nada acá. Pero, en el fondo del asunto, no decir acá es como estar callándome cosas a mí misma. Debe ser por eso que últimamente me la paso durmiendo, porque solamente en mis sueños me digo la verdad. Y por suerte ello...
Convengamos que el “dejo el cepillo de dientes en tu casa” está como cuatromil casilleros debajo de las llaves del compromiso . Pero tampoco es un objeto menor. Despertarse cada mañana y ver un cepillo de dientes de otro color junto al de una, no es una nimiedad. Que entren tus amigos al baño y al salir te hagan el comentario sobre el objeto reluciente, tampoco. -“Espero que no lo tomes a mal, pero me compré un cepillo para dejar en tu casa” me dijo unonuevo ayer nomás. Ante mi cara mesientopresionadatevasainstalar alegó algo sobre lo poco que le gusta ir trabajar sin haberse lavado los dientes. Bueno, si, puede ser lógico, claro. Pero la cuestión va más allá de los dientes limpios o sucios. El cepillo de dientes de otro cómodamente responsado en el porta cepillos de dientes. Esa es la cuestión. Yo puedo entender todo. Hasta que unonuevo quiera ir a trabajar con los dientes limpios. Pero… ¿Quedaré muy enferma si le digo que lo deje en el cajón cada vez que termine de usarlo?
Locación: Cita con unonuevo. Sábado a la noche, en un bar. Unonuevo: ... y bueno, viendo los papeles de mi viejo, me enteré que se casó con mi mamá a los 35. re loco, porque yo siempre decía que me iba a casar a los 35. Loca: .. y cuántos años tenés? Unonuevo: 35 Loca:... (cual si fuese un acto reflejo, estaba estirando la mano para agarrar el saco, cuando me dijo: pero bueno, no me voy a casar a los 35).

supongamos que hablo de nudos marineros

Tengo las neuronas enredadas como en una especie de hilo sisal. En perspectiva están atadas formando un nudo marinero, y la solución está en un solo tirón si encuentro el hilo indicado. Pero el miedo hace no pegue el tirón final (porque se muy bien dónde está el hilo), entonces, mientras intento desanudarlas de a una, me lastimo, lloro y se me llenan cada vez más las manos de ampollas. Es como esos sueños recurrentes que tenía antes de separarme. Cuando soñaba que me quería escapar de una casa, la puerta estaba cerrada, y yo ni intentaba abrirla. Pero después de dar muchas vueltas desesperadas, tocaba el picaporte, la puerta estaba sin llave y finalmente salía aliviada del lugar. Bueno, lo del nudo y las neuronas es así. Lo que ruego es poder animarme a pegar el tirón antes de perder la sensibilidad en las manos.