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Loca y amigo de acompañante de Amiga

La Loca se está poniendo vieja, así que hoy, rememora viejos tiempos y postea una anécdota ocurrida durante el verano pasado, que seguramente hará la delicia de chicos y grandes. Y dice así: Eran tiempos en que Loca y Amiga lloraban penas de amor en brazos de chicos ajenos. Amiga tenía un acompañante que estudiaba medicina en Buenos Aires, pero era de alguna localidad del interior que ya no recuerdo. Una noche de algún sábado del verano pasado, Amiga le dice a Loca que su acompañante tenía un compañero de la facultad, también del interior, para presentarle. Así es que, ese mismo sábado por la noche, Amiga, acompañante, amigo de acompañante y Loca cenan, mira una película, toman cerveza y charlan hasta que amiga se va con acompañante a uno de los cuartos del departamento. Loca y amigo del acompañante se quedan hablando de política en la mesa de la cocina hasta que se termina la cerveza y se disponen ir a comprar más. En el trayecto de regreso del kiosco donde adquirieron la bebida, amig...

Loca y Larva

Eran casi la una y media de la madrugada cuando entré al cuarto. En el preciso instante en el que me senté en la punta de la cama escuché algo que caía en algún lugar entre la pared, la cabecera de la cama y la mesa de luz. A partir del ruido de la caída, empezó un sonido similar al de un gusano gigante gestándose en un capullo, que avanzaba por el piso hacia dónde estaba sentada. Pensé que era el gato que estaba acicalándose bajo la cama. Pero, cuando fui al otro ambiente del departamento para buscar un libro que había dejado arriba de la mesa, me lo encontré al gato, que sentadito y moviendo la cola me miraba con cara de ¿qué pasa que me mirás así?, porque yo debería de tener cara de ¿qué hacés acá? ¡se supone que tenés que estar acicalándote abajo de la cama!!. Y fue en ese preciso momento en el que me invadió el miedo irracional de ser atacada por aquella larva gigante que se estaba gestando debajo de mi cama. Lo primero que pensé fue en llamarlo a El, pero no me acuerdo su teléfon...

Para ellos y sobretodo para ella (aunque no lea)

Nos encontramos en los márgenes. Nos unen los autores, los libros, la música, la ropa, la comida, la bebida y los hábitos que atraviesa la ideología compartida. Nos une el caminar en el mismo sentido. Nos unen las soledades y sabemos que el único agente que nos puede separar es la muerte. A mis amigos los encontré en los márgenes. Se acercaron cuando estaba llorando en un rincón porque no me quería quedar en la salita del preescolar. Los conocí cuando me quedaba al costado de la cancha porque nadie me elegía para jugar al vóley. Me acompañaron con un café cuando iba al bar de la facultad “sin onda” al que no iba ninguno del resto de los compañeros. Los conocí cuando compartíamos las horas en un trabajo burócrata que llegamos a odiar. Me ayudaron a trazar estrategias para poder irnos juntos de ese mismo trabajo. Brindamos en navidades mientras olvidábamos nuestras penas. Los encontré cuando me separé porque me llamaron para salir un sábado en el que todos estaban con sus parejas. Y así...

¿Qué te iba a decir?

Obviamente te escribo esto porque estoy convencida de que nunca vas leerlo, y no me importa que lo lean unas 30 personas por día (según con el contador que está al final del blog). Te escribo porque cada vez que nos encontramos pienso en decírtelo, pero cuando te miro a los ojos, se me nubla todo, me agarra vértigo y sólo atino tomar un vaso de cerveza, y después otro, y otro más, y entonces empezamos a debatir sobre los cánones sociales y las desigualdades y me pierdo entre el gesto de tus labios, tu mirada calma, la contundencia de tus palabras, y yo; que lo único que puedo hacer es seguir tomando cerveza y pensando en que en cualquier momento se me va a escapar lo que quiero decirte, y en ese momento me salva el gato, que se sube a la silla que quedó vacía y nos lo quedamos mirando como bobos por 15 minutos. Escribo lo que te quiero decir porque temo que salga al final de alguna de esas frases brillantes que tirás a la mesa así como si nada, cómo cuando me asombrás con esos datos qu...
Lo extraño no era que siendo las 12 del mediodía, en una esquina céntrica de Buenos Aires hubiese un señor con un pullover y un poncho de gaucho haciendo un show para los transeúntes mientras el termómetro marcaba los 40 grados de sensación térmica. Lo raro tampoco era, que al doblar la esquina, en el balcón del primer piso de un edificio de departamentos, hubiese otro señor calvo y barrigón en slip rojos y en cuero, parado en un banquito colgando la ropa de una soga. Lo raro del caso, es que, en esa zona céntrica, a esa hora, y con ese calor, los transeúntes que pasaban estuviesen demasiado ocupados, caminando rápido, hablando por sus celulares y mirando para adelante; como para poder girar su cabeza y prestar atención arriba o al costado.

Le saltó la ficha

Y si.. desde que le pusieron los parquímetros en la vereda de enfrente, la señora del quiosco ya no es la misma. Se hartó de que ingresen a su local para preguntarle: Señora, ¿vende fichas?.. ah.. ¿y no sabe dónde...? No. No sabe.

El juego consiste en ordenar las piezas para que cada una de las caras del cubo exhiba el mismo color

Cuando era chica, El Perro (mi hermano) tenía un cubo mágico, no era de colores, sino con frutas. Entonces, había que llenar caras de frutillas, uvas, bananas y ananás. El perro sabía armarlo todo. Yo le pedía que me enseñase, entonces él, con toda la paciencia del mundo, se sentaba al lado mío, y en una docena de movimientos precisos lograba unir las frutillas con las frutillas, las uvas con las uvas, las bananas con las bananas y los ananás con los ananás. Parecía magia, pero solo se trataba de estrategia. Después, lo volvía a desarmar, para que yo pudiese seguir su ejemplo. Pero era inútil. En mis manos, los movimientos con el cubo se volvían imprecisos, mi desesperación aumentaba, y al no poder llevar a cabo la empresa, esperaba alguna distracción de El Perro para hacer trampa. Entonces, cuando se iba, aprovechaba para despegar las frutas (que eran stickers pegados al cubo)y agruparlas con sus pares. El Perro volvía antes de que pudiese terminar con mi plan, me sacaba el cubo de un...
Quiero saber hasta cuándo duran los siempres. Cuándo llega el final de los nunca. Quiero saber si alguien sabe si alguna vez se cansa de esperar el que siempre espera, y si el que busca, encuentra. Quiero saber la incertidumbre que esconde la certeza y la verdad que hay detrás de tu mirada. Quiero saber si alguien sabe en qué lugar escondemos el imán que hace que nuestras manos se encuentren mientras dormimos, y de dónde proviene la fuerza que nos aleja en la vigilia. Quiero saber si alguien sabe. Y si alguien sabe. Que nunca me lo diga.

Por empezar

En el día de hoy, escuché en el andén del subte, la siguiente conversación entre una niña de aproximadamente 7 años y quién parecía ser su abuela: Qpsa: Bueno, pero si a Papá Noel le pedís el jueguito no podés pedirle además una computadora. Na7a: ¿Por qué no, si todos los chicos le piden lo que quieren y se los lleva? Qpsa: ¿Vos te pensás que Papá Noel tiene plata para todo?... no. Tenés que pedir cosas baratas... Na7a: Pero si Papá Noel no se maneja con plata. Papá Noel fabrica los juguetes. Qpsa: Pero ¿vos te pensás que siempre lleva cosas tan caras a los chicos?. Andá a una villa a ver si a esos nenes les lleva lo que le piden. A ellos les lleva cosas baratas... Na7a: Ahh.. pero eso porque no le piden cosas caras.. si Papa Noel no tiene problemas con la plata.. ¡si fabrica los juguetes!... Digo yo, ¿no sería más fácil empezar por decirle a esa nena que Papá Noel no existe?.. Digo yo nomás...
Para mí no son mariposas en el estómago, ni caminar como en una nube, ni escribir su nombre en el viento mientras tarareo una canción de Sergio Dennis. Para mi no son grandes declaraciones de amor. Para mí, las mariposas son polillas que se inmolan en mi estómago, camino por calles de tierra llenas de piedras y de la ansiedad y el dolor de panza me ando cayendo por todas partes. El viento se transforma en temporal que sacude todo alrededor y cada vez que pienso en decirle un te quiero o lo escucho decirlo, se me nubla todo, me agarra vértigo, mareo y cara de enfermedad. Para mi no son ni rosas, ni ositos, ni grandes cenas. Para mí son visitas inesperadas, invitaciones a dormir la siesta en domingos nublados. Para mí no es la intimidad del sexo, sino la de compartir la cama. Para mi no son bombones; para mí son Ricarditos y caramelos violetas mientras compartimos grandes y pequeñas charlas. Para mi no es que finja escucharme cuando cuento algo y se de vuelta para mirar a alguien que pas...

Verdades sabidas por todas pero nunca antes dichas (por lo menos en este blog)

Durante la primera o primeras citas de una pareja heterosexual, si una mujer se niega a intimar con el susodicho tras una hora de besos y caricias intensas, sepan que... Posiblemente no se trate de que no tenga ganas. Ni que su ropa interior no haga juego. Ni siquiera de que esté indispuesta. Sepan que, si una mujer se niega a intimar en tales circunstancias, en el 99,9 % de los casos ocurre que en realidad ella.. No está depilada.
Si. A Vos. A Vos le digo que tal vez esté leyendo esto. A Vos le agradezco por ayudarme a robarle una carcajada al Señor Groso que estaba entrevistando, quién, tras apagarse el grabador, cambia la inflexión de su voz y me pregunta: SG: Discúlpeme señorita, ¿pero le puedo hacer ahora yo una pregunta? L: Si, claro. SG: ¿Qué es eso que tiene en el antebrazo? .... A Vos le digo, que cómo me conoce y sabe que me despierto dormida y así ando hasta casi las 3 de la tarde, sin recordar siquiera el color de zapatos que me puse antes de salir de casa; a Vos le pido a modo de colaboración, que la próxima me recuerde, aunque sea mediante un mensaje de texto mañanero, que tengo alojado en mi antebrazo al señor Burns en piyama sosteniendo un osito de peluche; producto del tatuaje que me plantó en un descuido mientras comíamos el chocolate Jack que trajo anoche de postre.

Una

Y así es como una regresa de la casa de sus viejos un sábado a la tarde, con media tristeza a cuestas, una bolsa de comida casera dentro de su mochila, y toda la reflexión que le ofreció el vaivén del tren que la devolvió a Capital. Y así es como una, ni bien llega a su departamento recibe el llamado telefónico de Lula, quién la invita a una Fiesta Verde que se hace esa misma noche en algún lugar del Abasto. Y una le aclara que anda con media tristeza a cuestas, pero Lula insiste e incluso le dice que vaya a comer a su casa y se alquile una película. Y una con media tristeza a cuestas accede, y como su tristeza no resiste historias de amor con finales felices, ni siquiera escenas de sexo de alguna película de acción; frente al exhibidor del video club, se decide por un documental. Y una llega entonces a lo de Lula, con media tristeza a cuestas, una bolsa de golosinas y La Marcha de los Pingüinos, (que al final tenía escenas de sexo y de amor, pero bueno, son animales, así que no cuenta...

El coyote te va a comer

No se ingresa al mundo de los adultos al día siguiente de cumplir los 26; ni la primera mañana que descubrís que vivís sola; ni siquiera al minuto de firmar tu primer contrato. No. Se ingresa al mundo de los adultos de forma sigilosa. En puntas de pie. Con actos simples y cotidianos. Y cuando te querés dar cuenta ya estás adentro: pagando cuentas, asumiendo compromisos, firmando contratos, compensando entre el deber, el querer y el poder y pensando en las posibles consecuencias de los actos. Se está en los albores del mundo de los adultos cuando se empieza a preferir al jamón crudo por el cocido, cuando se cae en la cuenta de que el Coyote nunca va a atrapar al correcaminos por más ingeniosos artefactos que invente, y con toda la resignación del mundo se acepta que en definitiva de eso va la historia y lo divertido del caso es relajarse, disfrutar y asombrarse con las nuevas estrategias de un Coyote que se supera para alcanzar eso que siempre parece tan cerca, pero nunca alcanza. Se es...

Sin razón

Y una sale a cenar con Chef un domingo cualquiera. Y no es de extrañar, que de entre los temas a conversar surja el de los incidentes en San Vicente. Ahora… ¿qué cuando lleguemos al departamento y nos metamos en la cama, una comience a leerle enfervorizada “La Razón de mi Vida” cual si fuera Eva frente a una multitud que la aclama enardecida frente al Ministerio de Obras Públicas?... Eso, es raro. Que tras el inexplicable incidente Chef se quede dormido y cuando Loca se despierta a la mañana siguiente siga al lado.. eso… Es más raro…. Y que al otro día por la noche, Chef le mande un mensaje que diga “¿cuándo me vas a seguir leyendo la vida de Evita?”… Eso.. Eso… Eso... es totalmente inexplicable.

Método de levante Nº 54568 (categoría sub 20)

Sábado por la madrugada. Locación: fiesta en Facultad de Filosofía y Letras. Personaje veinteañero carita linda, ojitos claros, se acerca a Loca y dice: ¿Te puedo hacer una pregunta? Loca, quién se encontraba sentada en un rincón con un vaso de cerveza en su mano, responde: Si, claro. Pvcloc, pregunta muy desenvuelto: ¿Te puedo tirar la boca?.Porque ya me voy. Ajá. ¿Dónde quedó el: "Quélindaquesos, ¿te puedo dar un beso??... eh.. ¿dónde?... Sabé mocoso, que en la vida no es todo carita linda y ojitos claros. Sabélo.

Paseador en ascensor

Y ahí estaba yo. En el palier del edificio esperando el ascensor. Al lado del paseador de perros y del perro de los vecinos, ese labrador enorme que tiene el mismo nombre que El y que cada vez que me ve se me tira encima, y los que están alrededor no hacen mas que gritar Su nombre para sacármelo de encima, claro. Bueno. El perro ya había hecho su gracia. Yo ya lo había acariciado, y ahora estábamos en paz. Llega el ascensor y nos subimos los tres. Cierro la puerta y el paseador inexplicablemente se pone a cantar: “Croki, Croki, Croki”, mientras me dice: “mirá como hace, nunca ví a un perro ponerse así con una canción”. Y el can comenzó a girar sobre si mismo y con toda esa mole de huesos, pelos y carne convirtió al ascensor en una especie de Samba de la que creí saldría en camilla. Decí que abordamos el ascensor en un cuarto piso y no estábamos tan lejos de la planta baja. Decí que el paseador era lindo, que si no.... que si no.... que si no.... no acompaño el Croki, Croki con las palm...

Juego de Roles

El plan era sencillo y divertido. Era viernes, tocaba una banda conocida de los barrios conurbanos cerca de mi nueva casa urbana. Iba mi hermano, unos amigos. Así que le dije a Lula y allá fuimos. Llegamos y comenzó el juego de roles. Esta vez, cumpliendoelpapeldelaflaquitamediaextrañaybizarrahermanitadeElPerro. Lindo tugurio en el que tocaba la banda, subterráneo y oscuro. Nos sentamos en una mesa, vimos la banda, las cervezas empezaron a correr. A mi derecha lo tenía a El Perro, a la izquierda estaba Lula, y enfrente Pablo, un amigo de mi hermano que conozco desde que tengo 9 años. No lo veía desde hacía 10. Y ahora ronda los 30. Y así, como de repente, como ocurren las cosas bizarras, Pablo comienza un breve interrogatorio: P: Ajá, y ¿cómo andás?. ¿El hijo del pastor? L: ¿Eh?, ¿Qué pastor?,le digo, pensando que había empezado la hora del bardo alahermanitaflaquitabizarradelperro. P: ¿Vos no salías con el hijo de un pastor? L: No, estás confundido. P:Ah. Y Jimy ¿cómo anda? L: ¿Quién?...

Ese amigo de las soledades

Tengo un amigo que se llama Miguel. Nos conocimos mediante una amiga en común con quien comparte departamento. Durante algunos meses, salíamos los tres, hasta que nuestra amiga en común se evaporó tras un chico que vive en Mar del Plata y a partir de ese día poco sabemos de ella y su paradero. Miguel y yo nos seguimos viendo y compartiendo soledades. Perdida nuestra amiga en los brazos del ancho mar, y ausente del departamento, desde hace un tiempo, se repite la siguiente rutina casi todas las semanas o fin de semana de por medio: alguno de los dos le manda un mensaje de texto al otro en noches de viernes o sábados en las que se queda en banda y el otro responde si está disponible. Entonces, uno de los dos va a la casa del otro provisto de cerveza. La mayoría de las veces voy yo. Entonces, llego, dejo la cerveza en la cocina, me saco la campera, me acomodo en el sofá, me pongo a ver la tele. Miguel va en busca de los vasos, sirve la bebida espirituosa, charlamos de nuestra semana, el ...