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El norte te come el alma

Contarles que por estas altitudes todo es demasiado bello e impactante como para poder decirlo en letras. Uno anda con la cámara a cuestas y con muchas ganas de sacarle fotos a todo lo que ve, pero ni siquiera con las fotos se puede llevar el aire, la gente, la música, la mística y la atmósfera. Contarles que el primer día que estuve por acá, me crucé con el diablo por una calle desértica de Purmamarca y me pegué un cagazo bárbaro, pero al otro día nos hicimos amigos y bailamos por una callecita de Tilcara. Contarles que la gente local es de lo mejor. Que las comparsas te sorprenden por la calle cual si fueran piquetes, y uno ahí va, cantando y con talco en la cabeza, un nene que le agarra a una la mano como si nada, y algún borracho que se le para al lado (por suerte pude zafar y encontré a la madre del niño rápidamente). Contarles que acá se encuentran alemanas que con 23 años salen a recorrer el norte; francesas que con haber trabajado 4 meses se pueden pagar el viaje por latinoamér...

Y yo que no quería 14 de febreros, ni cumpleaños feliz

Si hace 11 años alguien me hubiera venido a decir que ese chico que se sentaba en el fondo del aula y se revelaba frente a cualquier profesor iba a terminar durmiendo conmigo en la cama de un departamento que iba a alquilar en Capital, le hubiera dicho que se dedicase a otra cosa porque prediciendo el futuro estaba en el horno. Si hace 7 años alguien me hubiera dicho que ese mismo chico que hizo el colegio conmigo, del cual ya casi me había olvidado cuando me lo crucé una vez por el barrio y me dijo que se iba a casar con tal por cual, iba a compartir 7 años después, mi cumpleaños con los amigos que supe cosechar luego de dejar el barrio, le hubiera dicho que estaba sentenciando incoherencias, y si lo necesitaba, le podía recomendar un psiquiatra. Si hace 5 años, alguien me hubiera dicho que en algún agosto del 2005, me iba a volver a encontrar con ese mismo chico con el que fui al colegio, quién ya venía cargando con una cuasi separación de bienes y que tras el encuentro, compartiríam...
Entonces eran casi las dos de la mañana cuando El me llama todo entre angustiado y enojado para decirme que tiene un quilombo en la casa dónde vive, y que si le puedo dar asilo “político” por dos semanas. Y entonces le digo que sí, porque nunca lo voy a dejar en banda, y porque encima dormir con El es como volver a un lugar dónde nunca estuve antes. Pero entonces es cuando corto el teléfono e involuntariamente brota desde el centro de la médula (calculo yo) una especie de pánico atroz. No es pánico de compartir el departamento por dos semanas con El, no. No es miedo de que nos terminemos tirando con los platos a los dos días de convivencia. No es incomodidad porque me quite algún espacio de privacidad. No es ni siquiera pánico de que descubra que tengo el extraño hábito de mirar lo que hacen en la casa del Gran Hermano antes de irme a dormir mientras tomo mate. No. Ni siquiera es vergüenza de que se entere que cuelgo las bombachas en la canilla de la ducha...No, no. En realidad es.... ...

Categorías

Conversación con El tras el asado con motivo de haberse celebrado mi cumpleaños. El: tus amigos, una masa, todos me cayeron bien... L: si, creo que vos también les caíste bien, porque cuando los fui a despedir a la puerta Dany no paraba de decirme: “cuídalo, cuídalo”. ¿Te trato mal, yo? El: Um.. no, ¿qué te quiso decir?...Capaz se cansaron de verte desfilar con tipos, y quieren ver a alguno más de dos veces seguidas. Yo pensé que se habían ido pensando que tus amigos del barrio éramos unos negros de la villa. L: nah. El: el novio de tu amiga una masa, es re grunge, se sabía todas las canciones que tocábamos con la guitarra. L: tienen una banda con mi amiga, ella canta y el toca la guitarra. El: no, pero ese es el pelado. Yo te hablo del otro novio y de tu otra amiga. El dolape no es grunge, el dolape es punk, ves nena, no entendés nada... Ajá. No, mi vida, en realidad ni siquiera sé cómo caracterizar a un grunge, ni cómo describir un punk. Pero que tenés una forma de categorizar totalm...

Señor gerente:

Al finalizar la entrevista con el gerente de la multinacional de comidas rápidas, el profesional me pregunta: -Y vos,¿ sos consumidora de nuestros productos? L: Um.. la verdad que no. No me gusta el tipo de comida de los locales de comidas rápidas. Gmcr: ah.. estamos a tiempo de convertirte igual... L: Um.. no creo.. Gmcr: Bueno, si no es ahora, será cuando tengas hijos... L: Ya veremos... Fin de la conversación... Señor gerente de la multinacional de comidas rápidas: No se lo dije durante la conversación porque no me parecía apropiado, y quiero conservar mi trabajo, pero tal vez, debiera usted saber que durante los 12 años a los que asistí a un colegio evangélico, ellos no pudieron "convertirme" a su religión. Ahora, ¿usted cree que sería tan fácil convertirme a su cultura de las comidas rápidas y los big mac chun combos, así cómo si nada?... y no sólo se queda con ese desafío, sino que ¿supone que acompañaré a mis hijos a su tan sucia institución?... Sepa señor gerente que ...

Loca y amigo de acompañante de Amiga

La Loca se está poniendo vieja, así que hoy, rememora viejos tiempos y postea una anécdota ocurrida durante el verano pasado, que seguramente hará la delicia de chicos y grandes. Y dice así: Eran tiempos en que Loca y Amiga lloraban penas de amor en brazos de chicos ajenos. Amiga tenía un acompañante que estudiaba medicina en Buenos Aires, pero era de alguna localidad del interior que ya no recuerdo. Una noche de algún sábado del verano pasado, Amiga le dice a Loca que su acompañante tenía un compañero de la facultad, también del interior, para presentarle. Así es que, ese mismo sábado por la noche, Amiga, acompañante, amigo de acompañante y Loca cenan, mira una película, toman cerveza y charlan hasta que amiga se va con acompañante a uno de los cuartos del departamento. Loca y amigo del acompañante se quedan hablando de política en la mesa de la cocina hasta que se termina la cerveza y se disponen ir a comprar más. En el trayecto de regreso del kiosco donde adquirieron la bebida, amig...

Loca y Larva

Eran casi la una y media de la madrugada cuando entré al cuarto. En el preciso instante en el que me senté en la punta de la cama escuché algo que caía en algún lugar entre la pared, la cabecera de la cama y la mesa de luz. A partir del ruido de la caída, empezó un sonido similar al de un gusano gigante gestándose en un capullo, que avanzaba por el piso hacia dónde estaba sentada. Pensé que era el gato que estaba acicalándose bajo la cama. Pero, cuando fui al otro ambiente del departamento para buscar un libro que había dejado arriba de la mesa, me lo encontré al gato, que sentadito y moviendo la cola me miraba con cara de ¿qué pasa que me mirás así?, porque yo debería de tener cara de ¿qué hacés acá? ¡se supone que tenés que estar acicalándote abajo de la cama!!. Y fue en ese preciso momento en el que me invadió el miedo irracional de ser atacada por aquella larva gigante que se estaba gestando debajo de mi cama. Lo primero que pensé fue en llamarlo a El, pero no me acuerdo su teléfon...

Para ellos y sobretodo para ella (aunque no lea)

Nos encontramos en los márgenes. Nos unen los autores, los libros, la música, la ropa, la comida, la bebida y los hábitos que atraviesa la ideología compartida. Nos une el caminar en el mismo sentido. Nos unen las soledades y sabemos que el único agente que nos puede separar es la muerte. A mis amigos los encontré en los márgenes. Se acercaron cuando estaba llorando en un rincón porque no me quería quedar en la salita del preescolar. Los conocí cuando me quedaba al costado de la cancha porque nadie me elegía para jugar al vóley. Me acompañaron con un café cuando iba al bar de la facultad “sin onda” al que no iba ninguno del resto de los compañeros. Los conocí cuando compartíamos las horas en un trabajo burócrata que llegamos a odiar. Me ayudaron a trazar estrategias para poder irnos juntos de ese mismo trabajo. Brindamos en navidades mientras olvidábamos nuestras penas. Los encontré cuando me separé porque me llamaron para salir un sábado en el que todos estaban con sus parejas. Y así...

¿Qué te iba a decir?

Obviamente te escribo esto porque estoy convencida de que nunca vas leerlo, y no me importa que lo lean unas 30 personas por día (según con el contador que está al final del blog). Te escribo porque cada vez que nos encontramos pienso en decírtelo, pero cuando te miro a los ojos, se me nubla todo, me agarra vértigo y sólo atino tomar un vaso de cerveza, y después otro, y otro más, y entonces empezamos a debatir sobre los cánones sociales y las desigualdades y me pierdo entre el gesto de tus labios, tu mirada calma, la contundencia de tus palabras, y yo; que lo único que puedo hacer es seguir tomando cerveza y pensando en que en cualquier momento se me va a escapar lo que quiero decirte, y en ese momento me salva el gato, que se sube a la silla que quedó vacía y nos lo quedamos mirando como bobos por 15 minutos. Escribo lo que te quiero decir porque temo que salga al final de alguna de esas frases brillantes que tirás a la mesa así como si nada, cómo cuando me asombrás con esos datos qu...
Lo extraño no era que siendo las 12 del mediodía, en una esquina céntrica de Buenos Aires hubiese un señor con un pullover y un poncho de gaucho haciendo un show para los transeúntes mientras el termómetro marcaba los 40 grados de sensación térmica. Lo raro tampoco era, que al doblar la esquina, en el balcón del primer piso de un edificio de departamentos, hubiese otro señor calvo y barrigón en slip rojos y en cuero, parado en un banquito colgando la ropa de una soga. Lo raro del caso, es que, en esa zona céntrica, a esa hora, y con ese calor, los transeúntes que pasaban estuviesen demasiado ocupados, caminando rápido, hablando por sus celulares y mirando para adelante; como para poder girar su cabeza y prestar atención arriba o al costado.

Le saltó la ficha

Y si.. desde que le pusieron los parquímetros en la vereda de enfrente, la señora del quiosco ya no es la misma. Se hartó de que ingresen a su local para preguntarle: Señora, ¿vende fichas?.. ah.. ¿y no sabe dónde...? No. No sabe.

El juego consiste en ordenar las piezas para que cada una de las caras del cubo exhiba el mismo color

Cuando era chica, El Perro (mi hermano) tenía un cubo mágico, no era de colores, sino con frutas. Entonces, había que llenar caras de frutillas, uvas, bananas y ananás. El perro sabía armarlo todo. Yo le pedía que me enseñase, entonces él, con toda la paciencia del mundo, se sentaba al lado mío, y en una docena de movimientos precisos lograba unir las frutillas con las frutillas, las uvas con las uvas, las bananas con las bananas y los ananás con los ananás. Parecía magia, pero solo se trataba de estrategia. Después, lo volvía a desarmar, para que yo pudiese seguir su ejemplo. Pero era inútil. En mis manos, los movimientos con el cubo se volvían imprecisos, mi desesperación aumentaba, y al no poder llevar a cabo la empresa, esperaba alguna distracción de El Perro para hacer trampa. Entonces, cuando se iba, aprovechaba para despegar las frutas (que eran stickers pegados al cubo)y agruparlas con sus pares. El Perro volvía antes de que pudiese terminar con mi plan, me sacaba el cubo de un...
Quiero saber hasta cuándo duran los siempres. Cuándo llega el final de los nunca. Quiero saber si alguien sabe si alguna vez se cansa de esperar el que siempre espera, y si el que busca, encuentra. Quiero saber la incertidumbre que esconde la certeza y la verdad que hay detrás de tu mirada. Quiero saber si alguien sabe en qué lugar escondemos el imán que hace que nuestras manos se encuentren mientras dormimos, y de dónde proviene la fuerza que nos aleja en la vigilia. Quiero saber si alguien sabe. Y si alguien sabe. Que nunca me lo diga.

Por empezar

En el día de hoy, escuché en el andén del subte, la siguiente conversación entre una niña de aproximadamente 7 años y quién parecía ser su abuela: Qpsa: Bueno, pero si a Papá Noel le pedís el jueguito no podés pedirle además una computadora. Na7a: ¿Por qué no, si todos los chicos le piden lo que quieren y se los lleva? Qpsa: ¿Vos te pensás que Papá Noel tiene plata para todo?... no. Tenés que pedir cosas baratas... Na7a: Pero si Papá Noel no se maneja con plata. Papá Noel fabrica los juguetes. Qpsa: Pero ¿vos te pensás que siempre lleva cosas tan caras a los chicos?. Andá a una villa a ver si a esos nenes les lleva lo que le piden. A ellos les lleva cosas baratas... Na7a: Ahh.. pero eso porque no le piden cosas caras.. si Papa Noel no tiene problemas con la plata.. ¡si fabrica los juguetes!... Digo yo, ¿no sería más fácil empezar por decirle a esa nena que Papá Noel no existe?.. Digo yo nomás...
Para mí no son mariposas en el estómago, ni caminar como en una nube, ni escribir su nombre en el viento mientras tarareo una canción de Sergio Dennis. Para mi no son grandes declaraciones de amor. Para mí, las mariposas son polillas que se inmolan en mi estómago, camino por calles de tierra llenas de piedras y de la ansiedad y el dolor de panza me ando cayendo por todas partes. El viento se transforma en temporal que sacude todo alrededor y cada vez que pienso en decirle un te quiero o lo escucho decirlo, se me nubla todo, me agarra vértigo, mareo y cara de enfermedad. Para mi no son ni rosas, ni ositos, ni grandes cenas. Para mí son visitas inesperadas, invitaciones a dormir la siesta en domingos nublados. Para mí no es la intimidad del sexo, sino la de compartir la cama. Para mi no son bombones; para mí son Ricarditos y caramelos violetas mientras compartimos grandes y pequeñas charlas. Para mi no es que finja escucharme cuando cuento algo y se de vuelta para mirar a alguien que pas...

Verdades sabidas por todas pero nunca antes dichas (por lo menos en este blog)

Durante la primera o primeras citas de una pareja heterosexual, si una mujer se niega a intimar con el susodicho tras una hora de besos y caricias intensas, sepan que... Posiblemente no se trate de que no tenga ganas. Ni que su ropa interior no haga juego. Ni siquiera de que esté indispuesta. Sepan que, si una mujer se niega a intimar en tales circunstancias, en el 99,9 % de los casos ocurre que en realidad ella.. No está depilada.
Si. A Vos. A Vos le digo que tal vez esté leyendo esto. A Vos le agradezco por ayudarme a robarle una carcajada al Señor Groso que estaba entrevistando, quién, tras apagarse el grabador, cambia la inflexión de su voz y me pregunta: SG: Discúlpeme señorita, ¿pero le puedo hacer ahora yo una pregunta? L: Si, claro. SG: ¿Qué es eso que tiene en el antebrazo? .... A Vos le digo, que cómo me conoce y sabe que me despierto dormida y así ando hasta casi las 3 de la tarde, sin recordar siquiera el color de zapatos que me puse antes de salir de casa; a Vos le pido a modo de colaboración, que la próxima me recuerde, aunque sea mediante un mensaje de texto mañanero, que tengo alojado en mi antebrazo al señor Burns en piyama sosteniendo un osito de peluche; producto del tatuaje que me plantó en un descuido mientras comíamos el chocolate Jack que trajo anoche de postre.

Una

Y así es como una regresa de la casa de sus viejos un sábado a la tarde, con media tristeza a cuestas, una bolsa de comida casera dentro de su mochila, y toda la reflexión que le ofreció el vaivén del tren que la devolvió a Capital. Y así es como una, ni bien llega a su departamento recibe el llamado telefónico de Lula, quién la invita a una Fiesta Verde que se hace esa misma noche en algún lugar del Abasto. Y una le aclara que anda con media tristeza a cuestas, pero Lula insiste e incluso le dice que vaya a comer a su casa y se alquile una película. Y una con media tristeza a cuestas accede, y como su tristeza no resiste historias de amor con finales felices, ni siquiera escenas de sexo de alguna película de acción; frente al exhibidor del video club, se decide por un documental. Y una llega entonces a lo de Lula, con media tristeza a cuestas, una bolsa de golosinas y La Marcha de los Pingüinos, (que al final tenía escenas de sexo y de amor, pero bueno, son animales, así que no cuenta...

El coyote te va a comer

No se ingresa al mundo de los adultos al día siguiente de cumplir los 26; ni la primera mañana que descubrís que vivís sola; ni siquiera al minuto de firmar tu primer contrato. No. Se ingresa al mundo de los adultos de forma sigilosa. En puntas de pie. Con actos simples y cotidianos. Y cuando te querés dar cuenta ya estás adentro: pagando cuentas, asumiendo compromisos, firmando contratos, compensando entre el deber, el querer y el poder y pensando en las posibles consecuencias de los actos. Se está en los albores del mundo de los adultos cuando se empieza a preferir al jamón crudo por el cocido, cuando se cae en la cuenta de que el Coyote nunca va a atrapar al correcaminos por más ingeniosos artefactos que invente, y con toda la resignación del mundo se acepta que en definitiva de eso va la historia y lo divertido del caso es relajarse, disfrutar y asombrarse con las nuevas estrategias de un Coyote que se supera para alcanzar eso que siempre parece tan cerca, pero nunca alcanza. Se es...