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“Bueno, se supone que si estás de novia no podés hacer esto. Osea, si le pregunto a mi novia qué hizo el sábado a la tarde y me dice que estuvo tomando cerveza en el cuarto de la casa de un amigo, no me va a caer muy simpático” decía Juan, mientras yo miraba a mí alrededor y caía en la cuenta: estábamos los dos sentados en su cama, hablando de la vida, tocando la guitarra, escuchando música y mirando fotos. (El día de mi cumpleaños, Elchico me dijo si quería ser la novia. Creo que es la primera vez en mi vida que alguien me pide formalmente “ser la novia”. Yo me reí de ternura y le dije que sí; ¿qué podría haberle dicho?. No iba a salir con un planteo de personadecasitreintaconunamochiladefantasmas cuya respuesta hubiera sido “yo tengo muchos problemas y no creo en las relaciones monogámicas” (¿?)). Y la cosa es que después de algunas semanas de la declaración de Elchico, ahí estaba: conociendo el departamento nuevo de Juan un sábado a la tarde de mucho calor y tomando cerveza, claro....

13 de febrero

Cachetearme, zarandearme, sacudirme, gritarme. Gritarme fuerte. Cuando se anudan los sentimientos, se arremolinan, se escapan de las manos. Empieza la intensidad que le precede al miedo y después la tristeza, la angustia, el sentir que es para el resto pero no para mí, pensar en lo que puede pasar si se termina, creer que ya no voy a resistir salir lastimada de otra (aunque siempre piense lo mismo y lo vuelva a intentar). Y que los también no son lo mismo, nene, ya lo se. Pero a vos te salen como si fuera la primera vez que los decís y en mi caso pareciese que fueran los últimos y que los estoy cuidando vaya a saber para qué. Cachetearme, zarandearme, gritarme desagradecida. Porque tengo todo ahí. Al alcance de la mano. Incluso más de lo que pudiese haber imaginado. Un chico que me dice que me ama; El, que siempre va a estar con su sol y gracias a quien confirmo todos los días que ser auténtico es lo único que nos hace brillar; ellos, los ángeles que me sacuden cuando me mando una caga...

una madre siempre sabe

En el día de mi cumpleaños, me encuentro con mi madre, y tras el saludo pertinente a la fecha, ella exclama: -Hija, que tetona!!. ¿Te hiciste las lolas?... (Esa frase fue el mejor, pero el mejor regalo que me podría haber hecho)

Impulsos

Cuando en mi última noche en Humahuaca me puse a llorar en el medio de la cena enfrente de Lula y un chico que habíamos conocido hace dos días, al leer el mensaje de texto que decía: “salgo para la costa esta noche. Me quiero matar”, entendí que lo que me pasaba con el chico de 18 (ahora 19 años) se me estaba saliendo un poco de las manos. El caso es que el chico salía para sus vacaciones en Gesell el 15 de enero y habíamos arreglado mi regreso para el 13, así nos encerrábamos por dos días antes de su partida. Pero la cosa era que por alguna razón se le había adelantado el viaje, iba a ser imposible cruzarnos, y ahí estaba yo, mirando la pantalla de mi celular, sin poder controlar las lágrimas que brotaban a raudales. Mientras Lula me preguntaba ¿qué pasó?!! y el chico que habíamos conocido hacia dos días miraba la escena con un gran signo de interrogación. Cuando a la semana de mi regreso le conté al El acerca del chico y de mi llanto en el medio de la noche humahuaquense, y El me...

Así las cosas

Tengo un chico con visera con quién logré una conexión sexual como no había experimentado en años. El sexo con él se compara al sabor de las frutillas con chocolate amargo. No tenemos límites de horarios ni lugares. Siempre hay tiempo, siempre encontramos el lugar. Tengo un hondo enamoramiento con un chico de 18 años. Me tiene encantada. No puedo dejar de mirarlo cuando me mira y nos miramos reflejándonos en la mirada del otro. Nos quedamos escuchando música, mirándonos, besándonos y tomando vino tinto hasta eternas madrugadas. Nuestra intimidad sexual no tiene urgencias, ni presiones. Transcurre lenta y cuidadosamente. Chico de 18 años es fundamentalmente libre. Con toda la libertad de sus 18 años; esa libertad que hace brotar de su espíritu todas las frases con que me despierta a la mañana. Tengo a chico con tatuaje de sol que a veces se queda a dormir. Y me asusto si me despierto repentinamente y lo siento abrazándome. No sabe aún de la existencia de chico con visera, ni chico de 1...

extraño

Fin de semana. Fiesta extraña en quinta extraña en parajes extraños. En el medio de una muchedumbre de personas extrañas saltando al compás de la música de algún DJ Cadorna, encuentro a un chico: gorro con visera y capucha, barba, quién se acerca y me habla. Entablamos una conversación sobre lo extraño de la fiesta extraña, sobre la música electrónica y su poca utilidad para entablar contacto con el otro, el frío que estaba empezando a caer y mi poca ropa. Nos refugiamos en una casa extraña con gente aún más extraña y entre el blablaba y el jajajaja chico con capucha me estampa un beso. Pasamos la tarde del domingo noviando entre el sol, la pileta, Jebus, la guitarra; hasta que se me ocurrió vaya a saber porqué extraño impulso preguntarle la edad... ... 18 años me dijo... Al día siguiente, en diferentes conversaciones con amigos. Flavia: ¿y? ¿Cómo te fue en la quinta? Loca: bien, conocí un pibe que es lo más copado del planeta tierra. Flavia: ¿Y!??.. Loca: tiene 18 años, pero parece de...
“Cuando uno usa gorro con visera siente una especie de techo arriba de los ojos” me explicaba el chico tras haber discutido sobre publicidad, cine, Gran Hermano, socialismo, Chayanne, los viajes de Marley por el mundo, Coco Silly. Ahora estábamos en casa. Habíamos ido a tomar unas cervezas a un bar y lo invité a subir con la excusa de un fernet. Pero seguíamos hablando. De Ipod, de investigaciones de mercado, de directores de cine. Y eran las cuatro de la mañana y seguíamos hablando y tomando. Y mis ganas de irme a dormir le ganaban a las ganas de besarlo o de ir a dormir con é. Porque, estaba todo bien, pero ya se nos había pasado la hora. Entonces, otra vez le mentí diciendo que al otro día me tenía que levantar temprano y le bajé a abrir la puerta de salida. Increíblemente en el palier seguíamos hablando. Le recomendé que bajásemos la voz porque íbamos a despertar a los vecinos y fue cuando el chico dijo: -¿Y si en vez de hablar nos besamos? “Cuando uno besa a alguien que usa gorro...
Me puse a hacer las cuentas y concluí en que lo conocí hará un año atrás. Es increíble como algunos acontecimientos se nos quedan archivados en la mente con el día, hora, minuto y temperatura del lugar en el segundo justo en que sucedieron y otros simplemente quedan cristalizados en nuestra memoria como si fuese una foto archivada en un libro que descansa en una repisa. Si, fue hace un año. Fue en una fiesta en aquel lugar donde íbamos con Jebuz, Lula y Edu que de día funcionaba como un centro de jubilados y los fines de semana se hacían fiestas medias clandestinas. Si, lo conocí ahí. Me acuerdo que me había parecido lindo, era un poco más alto que yo, pelo castaño, ojos marrones, gorra con visera, que estudiaba cine y era del oeste. Que le pasé mi teléfono y a la semana me llamó para ir al cine. Que vimos Gracias por Fumar en una sala de los cines de Recoleta en la que había solamente dos personas. Que en el preciso momento en que nos sentamos en las butacas intuí que tenía menos edad...

!!!¿?!!!

La semana pasada. Dos lugares diferentes. Dos hombres distintos. La misma pregunta: -¿Estás tomando fernet?. Tras la respuesta afirmativa, la misma exclamación: -Qué raro que una mujer tome Fernet.

Y otro día...

Ante su respuesta inconsistente de quererte toda la vida, amarte y perderte y ¿lo qué?.. entendí que justo en el lugar desde el que no hay retorno, nace un punto de partida. (A empezar otra vez y la reput..madre).

Un dia....

Llegó el día en el que opté por no culpar al síndrome pre menstrual, a la alineación planetaria ni al destino. Acepté que mis estallidos repentinos por nimiedades llevaban un sentimiento oculto, que recordar su sonrisa para paliar en dolor de las agujas no era sólo un tema para escribir, que ir a tomar una cerveza con El no era como salir de bares con cualquier otro amigo, que dormir juntos era lo mejor que me había pasado en mucho tiempo y que tenía que dejar de escudarme en las “cursilerías”. Entonces, llegó el día en que junté todos esos momentos y sensaciones en un ramillete, me pinté los labios y cuando, ante el estallido de enojo nº 34, me preguntó qué me pasaba le dije: -Me pasa que estoy enamorada de vos. Y entonces fue cuando llegó el día en que entendí que para ciertas frases no hay punto de retorno.

Amigos

Conversación en el cine con Jebuz minutos antes de comenzar la película L: ¿Hiciste algo el sábado? J: Si, fui a esa fiesta clandestinísima. L: Y.. ¿qué onda? J: Conocí a un pibe para vos. Le saqué el teléfono. L: Pero nene, se supone que tenés que hablar con minas, no con tipos. J: Bueno, es que estaba hablando con la mina que me gustaba a mí. L: ah....¿y cómo es? J: Tiene un nombre raro, así que seguro que te va a gustar y es músico. Ahh.. pero ahora que pienso bien, no se. L: ¿Por qué? J: Porque no es tan sucio como los que te gustan a vos...

Hay una sola

El viernes el motoquero de la empresa donde trabajo me preguntó si ya tenía que felicitarme por el Día de la Madre y le respondí que todavía no (¿?). El sábado, mientras le compraba el regalo a mi madre, la vendedora me preguntó si yo también iba a recibir regalos. Durante la mañana del domingo me llegó un mensaje felicitándome por a la maternidad de mi gato(¿?). Sino fuese porque a la tardecita del domingo escuché un: Feliz día, mamita... volvía a terapia.

Sangre

Me desperté en medio del charco que mi propia saliva había establecido en tu brazo. El sol del tatuaje me miraba con los ojos húmedos que yo intentaba secar entredormida, sin éxito y balbuceando algo parecido a un “perdonáme”. Abriste los ojos, me miraste y sonreíste. Con una de esas sonrisas a las que me cuesta acostumbrarme. Una sonrisa dulce, transparente, limpia, sin rasgos de tormenta. Nos volvimos a abrazar y dormimos. Algunas horas después me estabas acompañando al laboratorio a sacarme sangre. Siempre le tuve pavor a la agujas, pero tu compañía endulzaba el momento del pinchazo. Ya sola en el consultorio, la enfermera me ponía la banda elástica en el antebrazo mientras me hacía cerrar el puño. Dí vuelta la cara. “Respirá hondo y abrí el puño”, me dijo. Mientras seguía sus intrucciones, cerré los ojos e intenté evocar pensamientos placenteros. “Pensá en otra cosa” me decía el dentista cuando era chica y me estaba sacando una muela. Tenía que pensar rápido en alguna imagen que me...

Justificaciones

Se trata de encontrar las respuestas. De descifrar códigos. De encontrar las piezas para armar el rompecabezas. Algunos creen encontrarlas en las ciencias; la física cuántica; la combinación de moléculas y átomos, las células que explican la creación y el ordenamiento de los hombres y el universo. Otros se dedican a la filosofía, otros tantos a las religiones; a desentrañar y formular teorías místicas. Pero lo cierto es que prefiero que no existan explicaciones al alcance para descifrar las partículas imperceptibles que revolotean en el aire y traspasan los poros cada vez que se produce un encuentro de almas. El vacío y el sabor a derrota que dejan los desencuentros. El brillo que invade la mirada ante un hecho que llena de burbujas la sangre. Las chispas que flotan en el aire cuando dos cuerpos se sumergen y se hacen uno. La desolación y el dolor que dejan las despedidas que luchan por transformarse en hasta siempre. La chispa, el fuego, la luz que impulsa a buscar nuevos encuentros. ...
Y bueno, si. Nos encontramos. El día anterior propuse el lugar, el aceptó y preguntó si había que hacer reservas con anticipación. ¿Reservas?... creo que nunca en mi vida cené en un lugar en el que hubiese que hacer reservas. Así que le contesté con un: naaahhhh… ¿reservas?, no hace falta, y mientras me preguntaba si se sentiría cómodo en el lugar que había propuesto, el me decía: lo de las reservas sonó muy careta, ¿no?. Luego del acuerdo, y mientras esa tarde transcurría muy apaciblemente, una aparición inesperada sucumbió mi ser. El, el de los tatuajes había aparecido en el Messenger y me estaba ofreciendo ir a tomarnos unas cervezas para festejar las vísperas de la primavera. Gracias a la erradicación de bombachas estiradas del cajón, la ropa interior ya no era un impedimento para mí. Así que, ni bien salí de la oficina partí rumbo a la esquina acordada por El y yo. Nos encontramos y terminamos charlando y tomando en un bar sin reservas, ni mozos, mucho rollinga y rock. Me ahorraré...
Los consejos de Edu se me habían grabado a fuego en el inconsciente. Sino, no se explica que al día siguiente, cuando volví a la oficina luego de comprarme ropa, lo ví al barbudo online, le conté que venía de comprarme un straples (¿?) y sin esperar por respuesta más que un “qué bueno” me dijo.. “Uy, buenísimo. Lo podés estrenar el viernes cuando salgamos, porque este viernes salimos a comer, ¿no?”. Le dije que sí. Y empecé a entender un poco de la dinámica de la que me habló Edu. Uno tira el centro y el otro cabecea. Mirá vos, parecía que a veces hasta me podía comportar como una señorita de esas que andan con strapples y salen con chicos que juegan al tenis. Parecía nomás.
“Vos no salís con chicos que juegan al tenis”, observó muy acertadamente Jebús cuando le contaba la situación a el y a Edu en una de nuestras charlas semanales de hombres y cerveza. Ambos coincidieron en que lo ocurrido se trató de un hecho un tanto inusual para la habitual conducta masculina y los tres llegamos a la conclusión de que tal vez había sido yo la culpable de semejante reacción. -Tal vez fuiste demasiado de frente, dijo Edu. A veces, a algunos hombres nos gusta ser quienes proponemos, y si viene una mina y nos dice directamente de salir, es como que nos tiramos para atrás. -Entonces, ¿qué tendría que hacer? le pregunté. -Y... tendrías que dejar algo como picando, por ejemplo, decir: “ay.. tengo ganas de ir a ver tal o cual película, pero nadie que me acompañe. -Pero si a mi me gusta ir al cine sola, le digo. -Si, ya se bolassss.. pero hacé de cuenta que no, ó pensá en otra cosa. Pero siempre tiene que ser así la dinámica. Como tirarle el centro para que haga el gol. ¿Entend...
Me perfumé, verifiqué el estado de mi ropa interior, y estaba online desde la oficina esperando que confirmarse la hora en que me pasaría a buscar. Y si, se conectó, pero para pedirme mil perdones, que si no lo podíamos dejar para más adelante porque se había olvidado que había quedado en ir a jugar al tenis con un amigo y no le podía fallar. Así que le dije que estaba todo bien, pero no tanto, porque claro que me molestaba haberme despertado antes esa mañana para irme a depilar y pensar hasta el ultimísiimo detalle mi guardarropas, y ni hablar de las ganas que tenía de encontrármelo para poder entablar el nivel de nuestras charlas online pero cara a cara. Pero bueno, no se podía. Había que dejarlo para más adelante. Por algo sería, ¿no?
Ay, si. Todo venía perfecto. Increíble. La cosa con el barbudo venían de mil maravillas. Que que lindo que sos, que que hermosa, que Lula la pegó, que que de coincidencias, que cómo me hacés reir, que me dejo la barba por vos, que qué lindo, que lindo, que le voy a dar otra oportunidad al fernet. Era todo un romance de película onda Meg Ryan y Tom Hanks. Esperaba cada día con una ansiedad inusitada a que su avatar apareciese online y entonces teníamos nuestras interminables charlas, y nos pasábamos emoticones, y fotos, y suspiros, y suspiros. Porque todo era virtual, claro. Entonces aconteció una tarde que ya no aguanté más esto de los jajaja virtuales y le dije de juntarnos a cenar. Pero claro, esa misma noche no, porque justo cuando estaba chateando desde la oficina recordé que andaba con la bombacha estirada y no hacía tiempo para pasar a cambiarme. Entonces lo dejamos para el día siguiente. Era lo mejor, ¿no?.