Cachetearme, zarandearme, sacudirme, gritarme. Gritarme fuerte. Cuando se anudan los sentimientos, se arremolinan, se escapan de las manos. Empieza la intensidad que le precede al miedo y después la tristeza, la angustia, el sentir que es para el resto pero no para mí, pensar en lo que puede pasar si se termina, creer que ya no voy a resistir salir lastimada de otra (aunque siempre piense lo mismo y lo vuelva a intentar). Y que los también no son lo mismo, nene, ya lo se. Pero a vos te salen como si fuera la primera vez que los decís y en mi caso pareciese que fueran los últimos y que los estoy cuidando vaya a saber para qué. Cachetearme, zarandearme, gritarme desagradecida. Porque tengo todo ahí. Al alcance de la mano. Incluso más de lo que pudiese haber imaginado. Un chico que me dice que me ama; El, que siempre va a estar con su sol y gracias a quien confirmo todos los días que ser auténtico es lo único que nos hace brillar; ellos, los ángeles que me sacuden cuando me mando una caga...