Skip to main content

Posts

Las redes sociales y el infierno de tener a mano tus últimos pasos para intentar recabar cualquier información sobre dónde, con quién o haciendo qué estuviste mientras mi ingenio proyecta posibles escenarios que se clavan como agujas en mi cabeza.  El intento de concentrarme en cualquier otra cosa con el magro resultado de seguir pensando con más intensidad. Y en el trayecto me como los dedos, me perforo las uñas. Y pienso en esta ridícula obsesión y en lo aún más ridículo que sería contarte, de alguna manera, esto que me pasa. Porque convengamos que siempre existió en mí este querer controlarlo todo, hasta lo imposible, hasta el sinsentido, hasta ahogar al otro y, en ese pantano, ahogarme a mí misma.  Porque convengamos que, en el fondo, lo que más lastima es verte conectado y sentir que nos alejamos cada vez más de ese momento en el que sentía que coincidíamos, que estábamos -justamente - conectados.   

¿Qué pienso?

Que estamos todos muy rotos y no queremos rompernos más, entonces nos agarramos de teorías sobre el amor, el desamor, el poliamor, el sexo, el no sexo, la imposibilidad de comprometernos, las relaciones sexoafectivas de las que nadie entiende lo mismo. Todo para justificarnos, escondernos y no aceptar lo obvio. Que somos vulnerables. Que no queremos decepcionarnos. Porque ya pasamos por mil decepciones porque el otro es el otro y uno, obvio es uno.  Pero en el fondo yo creo que queremos desesperadamente enamorarnos y sentir, aunque sea por quince milésimas de segundos, que podemos ser los seres más maravillosos para alguien. Y que nos acompañen y acompañarlos. Y construir. Aunque, o a pesar de, que la realidad nos pase por encima. Porque el otro siempre va a ser el otro, y uno siempre va a ser uno, pero es una milagrosa maravilla cuando nos encontramos. Eso pienso.  O, al menos, eso quiero yo. 

Primera y última

Ella fue la primera mujer de mi familia que me vio a las pocas horas de llegar al mundo. En realidad, la segunda, la primera debe de haber sido mi madre. Siempre contaba que cuando le avisaron que estaba por nacer agarró a mi hermano, le puso los zapatos y se fueron al hospital. Y que llegó, tomó el ascensor y vio que iba una bebe hermosa, chiquita y ella ahí lo supo, lo supo con absoluta certeza, con esa intuición que la caracterizó, y nos caracteriza a algunas de las mujeres de mi familia. Ella dice que ahí lo supo, y yo le creo. Ella supo que esa beba que iba en el ascensor era yo. Y lo era. Y esa fue la primera vez que nos vimos. Y yo, en estos últimos tiempos la vi mientras se iba apagando, aunque nunca perdió su brillo, ni su lucidez, ni su intuición. Hasta que la internaron y yo lo supe, yo supe que ya no volvía. Pero no me animé a verla mientras se consumía cada vez más rápidamente. No tuve tiempo, no tuve fuerzas. Ella se fue ayer y yo no la vi antes de que se fuera. Cre...

Me entregué a la propuesta de los algoritmos

Era la tarde de un domingo, yo venía bastante apedreada, no por el último barbudo que me había dejado expuesto el corazón, sino porque el desenlace de aquella fugaz y precaria relación había traído todas las decepciones de este último año y medio. Entonces ahí estaba yo, en el escenario ideal: un domingo a la tarde, llorando como una desquiciada por una película francesa que no merecía ni la más mínima consideración, cuando una idea pasó por mi cabeza. Bajé esa aplicación de la que me venían hablando hacía meses. Puse mis mejores fotos, un rango de edad, género, intereses y cercanía. Apreté aceptar y dejé que los algoritmos, el big data y el destino hagan su trabajo.

Un año

Frío. Mucho frío y una casa inmensa. Llevar a un pendiente a un telo ante la imposibilidad de volver a usar la cama. Tratar de salir. Conocer gente. Estar con alguien que te rompe (otra vez, si eso es posible) el ego y el corazón. Volver a acostarte con gente con la que estuviste hace diez años y sentir como todo evolucionó a otra cosa imposible de definir. Armar la mochila e irse de viaje a la nada. Conocer gente. Cruzarse con el chico más lindo del mundo. Viajar una semana con él. Despedirse. Ir sola al mar. Volver a la casa inmensa. Salir con alguien y sentir que te hiciste de amianto. Frío. Mucho frío otra vez.

Lado A | Rojo

Si pienso en la noche en que lo conocí, la primera imagen que se me viene a la cabeza es que estaba sentado enfrente mío, en una mesa de amigos de un amigo, algunos de los cuales terminaron siendo mis amigos y me ayudaron a asomar la cabeza del pozo en el que estaba metida. Pero esa es otra historia. La cuestión es que no se porqué se me dio por apretar el botón de retroceder y volver a aquella noche en que lo vi por primera vez. Estaba todo medio oscuro (en el bar y en mi cabeza). Creo que él tenía puesto algo rojo y no paraba de hablarme. Me acuerdo de sus ojos encendidos, hablándome. No me acuerdo mucho de lo que me decía, pero (y acá una de las cuestiones fundamentales) me hacía reír. Me acuerdo de él hablando y de mi risa, hacía meses que no la escuchaba. En un momento apareció (no se porqué) una de sus ex parejas a saludarlo, algo que me pareció rarísimo, pero en ese momento todo parecía raro. Pasó algo más esa noche, algo totalmente fuera de lo normal, pero lo guardo para e...

Conurbano

Hace más de 10 años me hice un test de embarazo en el baño de un bar de Ciudad Jardín que fue locación de un video de Los Caballeros de la Quema. Me dio negativo. Dejé la tirita con el resultado en la tapa del interruptor de luz. Y salí a festejar

Nunca creí en la ley de atracción

Pero me acuerdo del día en que te deseé. Desde lo más profundo. El deseo me vino de golpe, mientras caminaba por la calle Corrientes. De repente pensé: “quiero estar con alguien lindo”. Tan superficial como eso. Me salió así, de la nada. “Alguien que me guste mucho”, pensé y no le di más instrucciones al universo. Eso habrá sido en diciembre. Trato de hacer memoria y solo recuerdo que era domingo y hacía calor. Pensé en eso y después me olvidé del asunto. Me acordé hoy, varios meses después, mientras miraba el video que me habías mandando. Claro, yo te deseé y ahí saliste, del medio del desierto. Venía siendo mi primer viaje sola después de muchos años. Volver a viajar sola después de una separación y con diez años más es bastante complejo y en principio melancólico, pero esa es otra cuestión. Volviendo al tema, una tarde de mediados de enero, mi deseo se me cruzó de frente. Me acuerdo perfectamente de la primera vez que te vi. Me pareciste lindísimo. Inalcanzable. Yo llegaba...

Rueditas

Por esa época íbamos todos los sábados a la tarde al descampado de los eucaliptus a practicar andar en bici sin rueditas. Mi viejo aflojaba las tuercas, levantaba las rueditas y ahí empezaba la práctica. Yo pedaleaba, él ponía una mano en el manubrio y otra en el asiento de atrás, de a poco me iba soltando, pero no era fácil lograr el equilibrio, entonces sus manos, esas manos grandes, fuertes y cálidas volvían para sostenerme. No recuerdo cuántos sábados habremos ido a practicar a los eucaliptos, pero sí me acuerdo de aquel sábado. Ya estaba bajando el sol, yo pedaleaba mientras mi papá intentaba la técnica tantas veces repetida. En un momento dejó de sostener el manubrio y casi sin que me diera cuenta soltó el asiento. Me acuerdo de que miré al costado y vi en la tierra del descampado la sombra de su figura alejándose mientras yo seguía pedaleando. Lo recuerdo casi como una instantánea: la silueta, los rulos, los brazos atentos al costado del cuerpo listos para salir ante cualquier ...

Cicatrices

El día antes de que ElChico me dejara y abandonara la vida conyugal que habíamos llevado por más de seis años, me corté el dedo con un vidrio. Sangró mucho y me asusté bastante. La relación estaba atravesando por un mal momento, pero yo nunca creí que estuviera en una fase terminal. Cuestión es que ese día, limpiando un espejo del baño, me hice un corte bastante profundo que ElChico intentó curar con alcohol, soplidos y una gasa. Esa fue la última noche que dormimos juntos. Al día siguiente, nos despertamos, salimos a almorzar, casi ni hablamos, y a la tarde, agarró algunas de sus cosas y solo volvió a casa unas semanas después para buscar el resto. Los primeros meses la cosa fue desastrosa. Fue muy difícil acostumbrarme a volver a dormir sola y la casa se me hizo más inmensa que nunca. Cambié los muebles de lugar, tiré muchas cosas, arreglé la bacha del baño (y ya que estaba me compré un espejo enorme), taché dos hombres que tenía pendientes en una lista imaginaria, lloré mucho, mu...

De hecho

No es ninguna novedad ni será aquí el primer lugar donde lean esto: la convivencia, señores míos, es una cuestión complicada. En mi caso,  hizo que me encontrase con una faceta desconocida, inesperada, insospechada. Ante semejante sorpresa, consulté con varios pares que estuvieron atravesando o atravesaron por esta cuestión y llegué a una conclusión tal vez injusta: bajo ciertas condiciones, como la del concubinato, las personas, queridos míos, nos transformamos en seres desconocidos hasta para nosotros mismos. Existen, en este periplo, también risas y alegrías, claro está. Pero vamos a detenernos en los infortunios, que es lo más divertido de esta cuestión. En mi caso, yo ingresé a la convivencia de golpe y porrazo, luego de muchos años disfrutando de una vida solitaria con mascota. Al comienzo, las peleas eran por no encontrar algo en la alacena después de estar todo el día deseando el momento de llegar a casa para abrir ese… chocolate, ponele. También las hubo en relación a los...

Te cuento una boludez

Cuando era chica, muy chica, “así de chiquita” diría mi madre señalando el piso,  mi color favorito era el verde. Según cuentan las crónicas de aquella época, quería que todo objeto que me rodeara fuera verde: ropa, vasos, cubiertos. Incluso dicen que decía que era hincha de Ferro, cuando a ningún miembro de mi familia ni siquiera le gustaba el fútbol. La afición por ese color me fue acompañando a lo largo de mi vida y las anécdotas y recuerdos -no sé si propios  o construidos-, también. La semana pasada, en una de mis últimas incursiones en eventos marketineros, fui a una conferencia de una marca de desodorantes.  Durante el “brunch” –ahora le dicen así- una diseñadora hablaba sobre la importancia del color y otras cuestiones sumamente intrascendentes. La mujer afirmaba que todos nacemos con un color, que tiene que ver con nuestras vibraciones y que permanece a lo largo de toda nuestra vida. Que es el color que mejor nos representa, el que nos “viste” mejo...

Apuntes sobre el duelo

La muerte es, tal vez, lo único certero en la vida. La muerte, como la vida, es, sucede, acontece inexorablemente. Un día, lo más terrible, con lo que fantaseas con temor desde chico, pasa.  Y tal vez lo peor de la muerte no sean los trámites posteriores, el cajón, ni siquiera la ropa que se amontona en el placard.  Lo peor de la muerte, es que con ella, viene la ausencia. Una ausencia total, final, absoluta. Ya no va a haber más hasta luego, ni el próximo fin de semana. La muerte llega para darte la plena y absoluta certeza de que mientras vivas nunca, pero nunca más, vas a ver a esa persona, o escuchar su voz. Y te acordás que una vez le escuchaste decir a alguien que la voz es lo primero que se olvida, porque para las imágenes, tenés las fotos y los recuerdos.. pero la voz se va esfumando de a poco en la memoria. Entonces tratás de conservar como un tesoro esa voz espesa, un poco ronca y única que nunca vas a volver a escuchar. Y casi obsesivamente tratás de recordar...
Veo la bandeja de entrada abierta y me debato entre el… ¿ le chusmeo los mails O Cierro todo y duermo tranquila? Costado izquierdo de la pantalla, click en cerrar sesión  y  todos sanos y felices.

Loca y las cosas que trajo el no-transporte (I)

Nos habíamos despertado a las 6 de la mañana para hacer la excursión Talampaya- Valle de la Luna. Todo muy lindo, pero a la quinta vez que la combi paró en la undécima piedra con forma de hongo yo ya no quería saber nada. Tenía sueño, hambre, sed y estaba un poco harta de hablar en inglés y ser la traductora del sueco que había conocido cuando subí al micro que unía San Juan- San Agustín del Valle Fértil. Encima en Talampaya el guía se despachó contándome que viajaba a través de otras dimensiones y que ahí mismo había un disco de sol y no se qué.. Y usando el típico “por qué creés que yo te elegí a vos para contarte esto” me anotó su mail y un libro que tenía que leer en mi agenda. La cuestión es que cuando terminamos ambas excursiones, yo me quería ir a Villa Unión y el sueco a La Rioja. Entonces, le pregunto al chofer de la combi la mejor forma de llegar hasta ambos destinos. El chofer nos dice muy convencido que nos iba a dejar en un lugar dónde pasaban micros “todo el tiempo”. Uno ...

Mapas

Loca necesitaba despejarse y desconectar de Buenos Aires y sus problemas. Un alud dejó sepultado el planeado viaje a Perú, y a pesar de no contar este año con compañeros de viaje; un buen día de febrero (justo el día anterior al de los enamorados) agarró la mochila, mate, termo, un par de mapas y encaró para San Juan.