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Loca+Norte XVIII. Loca+Javi = La despedida

No hubo un solo minuto a lo largo de los dos días restantes que quedaban de vacaciones que haya defraudado o superado a los 13 días que le antecedieron. Cada uno de los 15 días tuvo su historia, su particularidad, su sorpresa; y sirvieron para entender que todos los días pueden traer algo bueno, distinto, particular si nos dejamos llevar a sabiendas del rumbo, sin sentir nostalgia por lo dejamos atrás, o nos gane la ansiedad por anticiparnos a la próxima parada. De todas formas, y para ser absolutamente honesta, en las horas previas a la inminente llegada de Javi, un ejercito de polillas se alojó en mi estómago y no pude hacer otra cosa que pasar la espera tomando mate en un banco de la plaza principal, mientras la pregunta: ¿y ahora qué onda?, repicaba en mis neuronas a cada segundo. Javi llegó, nos abrazamos, nos besamos, nos sacamos fotos, nos reímos mucho y nos internamos en una habitación doble con baño privado de donde solamente salimos a cenar (al restaurant que estaba al lado d...

Loca+Norte XVII: Loca+Javi: El reencuentro

Durante los 15 minutos que tardé en secarme y vestirme no dejé de mirar fijamente el celular que ahora reposaba inanimado a unos pocos centímetros de mí. Lo miré enojada y de reojo por última vez y crucé el pasillo que separaba la habitación del baño. En el preciso momento en que había terminado de secar el piso y estaba corriendo la cortina volvió a sonar. Del salto que pegué, tiré la cortina al piso, y fui corriendo a atender. Miré la pantallita iluminada, era Javi otra vez. De los nervios apreté el botón equivocado y en vez de atenderlo, le corté. A los minutos volvió a sonar otra vez, pero para indicarme que tenía un mensaje de voz. Me odié por no tener crédito en el celular. Fui al baño, volví a poner la cortina, y salí corriendo hasta el quiosco más cercano a comprar una tarjeta. La ansiedad me llevó a llamarlo sin escuchar siquiera el mensaje. Me atendió al toque, me preguntó dónde estaba y me contó que había llegado a Salta, que si no quería ir para allá. Le dije que estaba en ...

Loca+Norte XVI: suena el teléfono y voy como loca a su encuentro

Cafayate me recibió tan bien, que al segundo día de estar ahí ya me sentía como en mi casa. La habitación del hostel en la que dormía se pobló la primer noche con tres chicos oriundos de Lanús y una estudiante de cine que viajaba sola, tenía mi edad y con quién teníamos muchas cosas en común. Con ellos me encontraba una tarde tomando cerveza cuando decidimos ir esa noche a comer empanadas a un bar enfrente de la plaza principal. Convenimos en ir a bañarnos de a uno y quiso el destino (y mis pocas ganas de levantarme y dejar de tomar cerveza) que quedase en último lugar. Fue así que, mientras ellos estaban todos bañaditos y perfumados yo todavía andaba con la pollera de bambula. Viendo la escena, les sugerí que fuesen hasta el lugar de las empanadas que los alcanzaba. Me bañé y aprovechando que tenía toda la habitación para mí, salí del baño enroscada en la toalla. Estaba por empezar a vestirme cuando escucho que suena mi celular, que estaba dentro de mi mochila, dentro del armario, en ...

Loca+Norte XV: Cafayate. Ultima parada

Llegué a Cafayate con fiebre y ninguna intención de volver a un hostel de habitaciones y baños compartidos, guitarreadas, medias lenguas y cervezas. Me metí en un hotel con habitaciones con baño privado, pedí una aspirina y dormí hasta el otro día. A la mañana siguiente no quedaban rastros de la fiebre. Fui a desayunar al comedor del hotel y me encontré con mesas llenas de familias, niños gritando, corriendo y llorando. Entendí que era hora de volver a agarrar la mochila y buscar otro lugar con habitaciones y baños compartidos, guitarreadas, medias lenguas y cervezas. No me costó demasiado encontrar un hostel que se correspondiese con ese perfil, solamente cruzar la plaza principal. Dejé mis cosas en un cuarto lleno de camas vacías y me fui a recorrer el lugar. Caminé hasta un mirador desde donde se veía la ciudad. Una vez que llegué me quedé sentada un tiempo mirando a lo lejos y mientras el sol me envolvía escuché que alguien tocaba el charango detrás de donde estaba. Me dí vuelta y ...

Loca + Norte XIV

La capital de Salta es linda, muy linda, pero es una capital, y se me venía dando por huir de las capitales. Me bajé en la Terminal y me fui directamente a un hostel que me había recomendado Edu. Era una casa vieja, reciclada y políglota. Esa misma noche comimos un asado en una mesa larga en la que se hablaban muchos idiomas a media lengua. Después del asado, guitarreada y a llenar las mochilas de cerveza para seguir guitarreando desde lo alto de un cerro desde donde se veía la linda Salta iluminada. Debo de haber usado la cama de ese hostel como mucho dos horas. Habremos vuelto de la guitarreada en el cerro a las 5 y a las 8 de la mañana partía mi micro con destino a Cachi. Vuelta a la Terminal de Salta. Vuelta a subir a un micro. Dormí todo el recorrido y cuando me bajé en Cachi reconocí a dos australianas que estaban parando en el hostel de Salta. Las saludé y nos fuimos juntas a buscar un lugar donde pasar la noche. Cachi es un pueblito cálido con gente que saluda con una sonrisa e...

Loca y Norte XIII: el entierro del diablo

Solamente en ciertas ocasiones, ciertos hábitos molestos de los amigos, se transforman en favores que les agradeceremos hasta la eternidad. Así fue que el llamado de rutina de Jebus al celular de los domingos a la mañana cuando sale borracho del bar, se transformó en el despertador que nos salvó a Javi y a mí de pasar por Humahuaca sin sexo y de disfrutar a la vez del desayuno del hotel. Jebus llamó a las 9.30 como todos los domingos, me despertó, cuando fui a agarrar el celular de la mochila ya era tarde para poder entablar uno de nuestros diálogos borracho-media dormida, pero no era del todo tarde para despertar a Javi y decirle que teníamos poco menos de treinta minutos para tener sexo y desayunar. Así fue que nuestra primera vez la inauguramos con un rapidito con gusto a revancha. Desayunamos, fuimos a caminar y en el camino atendí el nuevo llamado de Jebús, quién aunque borracho entendió todo en mis gracias y te quieros y aún más sabiamente respondió: ah... ¡ya garchaste!.. bueno,...

Loca y Norte XII: Loca+Javi:......

Las cinco horas que tuvimos que esperar para que saliese el micro a Humahuaca fueron interminables. Creo que no quedó rincón de La Quiaca sin conocer nuestros besos o abrazos, vereda en la que no nos hayamos sentado o recostado, calle que no hayamos caminado pensando en las ganas que teníamos de llegar a alguna cama en algún lugar de Humahuaca. No hubo cyber, ni caminatas, ni mates que acortasen la espera. Las horas pasaban a una velocidad inusual y nos mantenían como rehenes a la siesta de una ciudad fronteriza donde todos y todo parecían de paso. Hasta que finalmente llegó el micro que nos libraría de la espera interminable. Humahuaca nos esperaba cuando ya estaba cayendo la noche. Me quedé en la terminal con los bolsos mientras Javi fue a buscar un lugar para pasar la noche. “Listo, ya encontré. Vos no te preocupes que yo invito”, fue lo que me dijo Javi cuando me pasó a buscar para ir al hotel. El sommier, las sábanas con aroma a suavizante de ropa, las almohadas mullidas y l...

Loca y Norte XI: y el destino se definió en la terminal

La Quiaca fue llegar, pasar la frontera a Bolivia para comprarle un pullover a Almendra y otro multicolores para mí y volver a la terminal con Javi para sacar nuestros respectivos pasajes con diferentes destinos. Javi se volvía a Humahuaca para ver la finalización de los carnavales, y yo partía rauda a Salta para seguir con la segunda parte de mi viaje. Primero fuimos a la ventanilla donde se compraban los boletos con destino a Salta, yo no me podía decidir por el horario más conveniente para viajar, mirábamos los horarios mientras la gente con bolsos, bolsas, mochilas y niños nos pasaban por delante, por el costado, por arriba y por encima. Entre el calor, la indecisión y el apretujamiento, Javi me agarró del brazo, me sacó a un costado de la terminal y me dijo: “¿y si te venís conmigo a Humahuaca?”. Y ahí mismo se me arremolinaron todos los pensamientos, los sentimientos, las impresiones, las sensaciones, y no pude más que quedarme callada por quince minutos mientras una parte mía se...

Loca y Norte X: Loca+Javi III

Y resultó ser que Javi cumplía años al día siguiente, y a las doce lo festejamos juntos con cervezas y banda en vivo incluida. Y resultó ser que en esa noche, en que todas las estrellas se fueron hasta Yavi para saludarlo, me pidió que le regalase un beso; y así fue que, aunque el no lo supo, esa noche, la que se ligó un regalo sin haber cumplido años fui yo. Después de los besos, decidimos volver al hostel dónde nos esperaba una sucesión de eventos bizarros: la platense transando con el bajista de la banda en la puerta de la habitación, la habitación vacía y a mí que lo único que se me atravesó por la cabeza fue decir: “¿tomamos mate?”. Encontrar al cocinero masturbándose en la cocina cuando fui a buscar agua, mi corrida otra vez hasta la habitación para contarle a Javi del hallazgo, las risas, la certeza de que en el pueblo todos estaban en llamas y eso nos incluía, los mates que finalmente tomamos cuando el cocinero se recompuso, la primer noche que dormimos juntos sin acostarnos, ...

Loca y Norte IX: Loca+Yavi: Lejos, donde la luna sale, te vengo a encontrar

Entonces, a veces pasa, que las horas se relajan y marcan un compás muy diferente al vaivén de los 60 minutos a los que nos tienen acostumbrados. Y los eventos se suceden como un suspiro y al mismo tiempo se cristalizan en el aire para siempre. El día en que conocí a Javi las horas marcaron ese extraño compás. Todo lo que voy a contar, pasó en un día, y cuando cerré los ojos ese 24 de febrero, entendí que a veces pasa, que las horas nos regalan ese mágico vaivén. Lo mejor es recibirlas con una sonrisa y disfrutar todo lo que traen. Un, dos, tres.. y dice De acuerdo a mi versión de los hechos, entré en la cocina a buscar agua caliente para el mate, y me puse a charlar con una cordobesa que estaba lavando los platos. Cuando el agua estuvo lista, cargué el termo, me fui al cuarto a buscar los adminículos para tomar mates y me encuentro con el personaje con onda sentado en su cama, refregándose los ojos, quejándose porque la noche anterior no había dormido nada por estar de joda en Humahua...

Loca y Norte VIII: Loca + Yavi

Llegué a Yavi para conocer a Javi. Lo entiendo un mes después, mientras escribo este capítulo de las vacaciones. También llegué al Norte para conocerme un poco más a mí. Javi se cruzó por el camino del Norte para que me mire en un espejo y termine así de aprender un poco acerca de mi actuar en las relaciones. Y aunque lo haya aprendido un mes después, y aunque no todo haya sido de ensueños y terminado con un “vivieron felices y comieron perdices”, y aunque todavía me siga preguntando porqué necesito tropezarme y caerme con la misma piedra para aprender y cuándo crecer dejará de ser algo doloroso hasta la médula, y aunque pensar en la idea de no verlo más me llene el corazón de desazón y vacío; la historia con Javi fue una de las más movilizantes, inspiradoras, contradictorias y a la vez hermosas que viví hasta ahora. Y porque no es justo empezar una historia por el final, y porque la historia con Javi post Norte pertenece a otra historia cuyo final es, espero, aún incierto: Llegué a Y...

Loca y Norte VII: Loca y Hippie III - "El Asadito"

Nos encontramos con Hippie y Pulgas en la plaza frente a la terminal y fuimos al mercado a hacer las compras. Hippie caminaba las calles de Humahuaca saludando a los transeúntes, alzando niños, acariciando a los perros. Algo similar a un político en plena campaña proselitista. Una vez hechas las compras, me advirtió que la pensión en la que paraba, estaba un poco lejos de la ciudad. Ahí es donde nos dirigíamos minutos después, saltando piedras, pateando caminos de tierra, subiendo cerros, mientras yo me preguntaba y le preguntaba cómo volvería a la ciudad en mitad de la noche. Finalmente llegamos a la pensión, un lugar parecido a la vecindad del Chavo, con una pareja de vecinos jóvenes con hijos; hippies y rastas saliendo y entrando, y Doña Elia, la versión femenina del Sr. Barriga que justo en ese momento estaba reclamando el pago de las habitaciones. Hippie vivía en un cuarto sin ventanas, con una bolsa de box y un par de cueritos donde dormía con Pulgas. Nada más. Ni cama, ni mesa, ...

Loca y Norte: Loca y Hippie II

Empecé a desconfiar de la abstinencia de Hippie en el momento en que intercambiamos celulares en la mesa del Comedor. Me dijo que esa noche tocaba la banda de un amigo en un bar, y que estaba invitada a verlos. Le dije que a la tarde pasaba por el puesto y ultimábamos detalles, y me fui a recorrer los cerros. Bajando por los cerros, me interceptó un tucumano en bicicleta que me empezó a hacer unas preguntas sobre el camino y el paisaje que no supe contestar y entre mis respuestas huecas, filtró una invitación a tomar una gaseosa (aunque yo hubiese preferido una cerveza). Así que, ya cansada y con sed, accedí a tomar una Sprite en el escalón de una casa cualquiera de Humahuaca. El locuaz tucumano me contaba de sus días en Buenos Aires, de su ocupación actual, de sus vacaciones en bicicleta. En eso estábamos cuando me llega un mensaje de Hippie reclamando mi ausencia en su puesto e invitándome a comer un asado a su casa. Le respondí que cómo, dónde y cuándo, y me despedí del tucumano qu...

Loca y Norte V: Loca y Hippie I

Y así es como en tantas ocasiones, el mate resultó ser el señuelo ideal para el comienzo de una charla. Antes de que llegase el mediodía, ya me había enterado de que Hippie tenía 31 años, era oriundo de Necochea dónde había dejado dos hijas, que había viajado por diferentes lugares del país vendiendo artesanías, que vivía en Jujuy desde hacía dos años, que tenía un perro que se llamaba Pulgas y la absoluta certeza de que las piedras desprendían energía. El agua del termo se terminó y venía siendo la hora de emprender la retirada, porque además, me quedaban algunos lugares de la ciudad por recorrer y quería sacar algunas fotos. Me levanté del escalón en el que nos habíamos sentado a tomar mate, me despedí y cuando me estaba yendo, Hippie me dice: -Si querés, podemos almorzar. Accedí. Recorrí la ciudad, saqué unas fotos, y volví buscarlo para el tan mentado almuerzo. Me llevó al comedor de un conocido en el que hacían unas empanaditas de queso de cabra riquísimas, que acompañamos con un...

Loca y Norte IV: voy a despertar al indio que duerme bajo mi elegante sport

La primera vez que pisé Humahuaca era de noche. Más tarde descubriría que la ciudad tenía una especie de imán que me haría regresar una y otra vez. Se transformó en algo similar a un punto de partida y de llegada. Cuando dimos con el hostel dónde pasaríamos la noche, estaban celebrando el carnaval en el comedor y había locro y chicha para todo el mundo. Bailamos, celebramos, comimos, tomamos. Al día siguiente partimos a Iruya, un pueblito sostenido en el medio de los cerros, las quebradas y el tiempo. Volvimos a Humahuaca porque Edu salía a la mañana del otro día a Salta a reencontrarse con la mochilera francesa. Edu se fue muy temprano. Yo me desperté tarde con toda la tranquilidad a cuestas y sin ningún programa en mente. Me bañé, me puse la pollera roja de bambula y me fui a tomar mates a la plaza. Enfrente a la plaza hay un monumento inmenso y desmesuradamente grande para la ciudad. Para llegar a las estatuas de bronce que coronan la obra, hay que recorrer unas escalinatas más alt...

Loca y Norte III: estábamos antes que tus franquicias arruinen todo este lugar

Con Edu la pasábamos muy bien. Nos reíamos de todo. Parábamos en hostels (una experiencia cercana a la convivencia en Gran Hermano pero sin cámaras ni micrófonos, ni nominados y expulsados, y con gente que hablaba en diferentes idiomas). Teníamos que estar explicando casi todo el tiempo que no éramos pareja, e incluso hasta llegamos a pensar en mandar a estamparnos una remeras con la leyenda “estoy sola”, o “no somos novios”. Cada vez que veía algún chico lindo por la calle, Edu decía: “te estoy escupiendo el asado, che”. Sin embargo, por más chico lindo que se cruzase, yo lo seguía extrañando a El y hubiese querido que compartiera conmigo siquiera un tercio de todo lo que estaba viviendo. Tilcara tiene una mística muy diferente a Purmamarca. Es un pueblo más grande, con callecitas empedradas y tiene mucha, pero mucha onda. Comer salchipapas con una Norte bien fría en la plaza era lo más de lo más. En un puestito de artesanías enfrente de las ruinas de Tilcara conocimos a Esther, una s...

Loca y Norte II: fui con mi tristeza, fui para pelear

La tucumana se bajó del micro en Tucumán, y en unas horas más, llegaba a Jujuy. El plan inicial era recorrer la ciudad, hacer noche y al día siguiente viajar hasta Tilcara. El plan se desmoronó cuando bajé del micro y lo ví a Edu esperándome. Era el mediodía. Fuimos a comer, y en el medio de un plato de fideos con salsa me fue contando todas las novedades de su viaje: los lugares que había visitado, la gente que había conocido, la quiaqueña con la que había estado, la mochilera francesa de la que se había enamorado y con quien posiblemente se reencontraría en Salta en un par de días. San Salvador de Jujuy es lo más parecido a José C. Paz con montañas que podría describir en mi vida. Así que, en vistas de las circunstancias, huimos de esa ciudad con rumbo a Purmamarca. En el micro, entre mate y mate, Edu me preguntó cómo habían quedado las cosas con El. Yo le conté que antes de sacar el pasaje le había declarado mi amor y mis ganas de estar juntos, y que El había declarado que aunque se...

Loca y Norte I : Ajustáte el cinturón

No tengo ninguna pista sobre la causa que me impulsó a elegir el destino. Lo único que se, es que algún día del mes de agosto empecé a decir que me iba a ir de vacaciones al norte. No se porqué. No me inspiraron fotos de alguno de los paisajes, ni un testimonio de alguien que haya estado ahí. No se de dónde saqué la idea. Lo que cierto es que, un 15 de febrero estaba sacando pasaje para viajar el 17 a Jujuy. De casualidad, por esos días andaba dando vueltas por el norte mi amigo Edu. En Buenos Aires habíamos acordado encontrarnos en alguna parte del camino para recorrer un tramo del trayecto juntos. Ni bien tuve el pasaje en la mano, le mandé un mail confirmando que el 18 estaría llegando a Jujuy. Al día siguiente, recibí como respuesta que no estaba seguro si podría pasar a buscarme. Así las cosas, armé la valija, le dejé a Almendra algunas recomendaciones para que pase de vez en cuando por el departamento a ver al gato, cerré la puerta y me fui. Durante las 20 horas que duró el viaje...

Mientras me abrazaba el sol

Mirando lejos, a la nada y al todo Escuchando las palabras que te susurra el viento en el medio del silencio Dejando entrar por los poros a los millones de partículas microscópicas que contienen una pista del misterio de la existencia. Mirando lejos. Estando lejos, pero acercándose a lo profundo Escuchando lo que te dicta la sangre, porque en definitiva, ahí están las respuestas.

El norte te come el alma

Contarles que por estas altitudes todo es demasiado bello e impactante como para poder decirlo en letras. Uno anda con la cámara a cuestas y con muchas ganas de sacarle fotos a todo lo que ve, pero ni siquiera con las fotos se puede llevar el aire, la gente, la música, la mística y la atmósfera. Contarles que el primer día que estuve por acá, me crucé con el diablo por una calle desértica de Purmamarca y me pegué un cagazo bárbaro, pero al otro día nos hicimos amigos y bailamos por una callecita de Tilcara. Contarles que la gente local es de lo mejor. Que las comparsas te sorprenden por la calle cual si fueran piquetes, y uno ahí va, cantando y con talco en la cabeza, un nene que le agarra a una la mano como si nada, y algún borracho que se le para al lado (por suerte pude zafar y encontré a la madre del niño rápidamente). Contarles que acá se encuentran alemanas que con 23 años salen a recorrer el norte; francesas que con haber trabajado 4 meses se pueden pagar el viaje por latinoamér...