Friday, June 30, 2006

Cada cuatro años

Cada cuatro años se puede caminar un viernes cualquiera al mediodía por pleno microcentro y cruzarse con menos gente que durante un domingo. Cada cuatro años un televisor reúne a desconocidos en un bar, una estación de subte, una casa de electrodomésticos, una peluquería.
Cada cuatro años esos desconocidos se abrazan, lloran, carajean, gritan y comparten un sentimiento. Sienten que esos once jugadores son parte de su familia y les dan indicaciones a un director técnico al costado de una cancha a mil kilómetros de distancia.
Y también cada cuatro años, a la hora de los partidos, uno puede tomar la ciudad como si fuera propia, caminar por las calles desiertas y mirar por las ventanas a esos que están reunidos frente a un televisor. Cruzarse con otros pocos y preguntarse porqué no están mirando el partido. Cruzarse con otros tantos que derrotados por la ansiedad eligieron salir a la calle.
Y también pasa cada cuatro años que Loca puede irse a depilar y no tener que esperar, pero bancarse a la depiladora gritarle un gol en la cara mientras le saca de un tirón la cera de la pierna. Ir al supermercado y caminar por las góndolas como si estuviera en el living de su casa. Leer blogs en la oficina mientras el resto mira la televisión en la sala de reuniones.
Pero todo lo bueno se termina pronto, dicen por ahí, y esta no fue la excepción.
Por eso hoy, la Loca antimundialista se pregunta:
¿Falta mucho que pasen cuatro años mas?

Friday, June 09, 2006

Cuando yo pensaba que mi madre había superado todos, pero todos los límites, en todos los rubros imaginados e inimaginados; me pregunta, así, como al pasar, en la entrada del edificio donde trabajo.

Hija, ¿estás teniendo relaciones sexuales?.

Lo peor de todo, peor aún que haya estado el portero presenciando la conversación, fue que no me hizo falta mentirle.

Igual. Volviendo al tema de mi madre y sus límites.

Si pudo superar ese límite.

Solo me resta temer y esperar.