Tuesday, January 19, 2010

Sin final feliz

- "Entre las personas solteras surge lo que se denomina ‘tribus urbanas’: una red social de amigos y conocidos que se crea en las ciudades, capaz de reemplazar a la familia extendida o a la familia que se tarda en construir. Estos grupos tienen ritos de iniciación, como el ingreso a ellos por presentación a través de otro conocido, y hábitos que mantienen el vínculo (frecuentemente asociados con la comida y el tiempo libre: salir a cenar determinado día de la semana, compartir un deporte –‘los jueves jugamos al fútbol’-, el gimnasio o un consumo cultural determinado, como ir al teatro, al cine o a recitales). El típico ejemplo de la tribu urbana puede verse en las series televisivas ‘Friends’ o ‘Sex and the City’".- Extraído de Publicaciones Universo Económico- Consejo Profesional Ciencias Económicas.

Lo nuestro empezó porque éramos los sobrantes de toda reunión. Los solos. Los sin pareja. Los que después de la cena-previa no tenían nada que hacer. Los que nos habíamos quedado solos después de una relación larga y ya tenían más de 27. Reconozco que al poco tiempo se transformó en una relación simbiótica y extraña. Éramos los cuatro (Lula, Edu, Jebús y quien escribe) para todos lados todos los fines de semana (aunque jueves y viernes). Dos hombres y dos mujeres, hermanados como si fuésemos uno solo. Juntos éramos invencibles y hasta teníamos un nombre que nos representaba. Nos imaginábamos nuestra vida “de grandes”, con hijos, siguiendo juntos.
No estábamos nunca solos, porque estábamos juntos y tal vez, por eso haya sido que en ese tiempo no lográsemos conservar relaciones. Nos arriesgábamos a fiestas en La Plata y fines de semanas en quintas con veinteañeros. Nunca hubo un roce ni mucho menos un histériqueo entre nosotros. No me acuerdo cuánto duró el idilio, dos o tres años tal vez, un pedacito mínimo en la vida de cualquiera, pero representativos para todos nosotros.
La felicidad no duró hasta un “que la muerte nos separe“.
Como en muchas parejas, el germen del engaño ingresó al grupo y una mentira piedosa, que luego se fue acrecentando cual bola de nieve, nos separó de a uno de uno de los integrantes del grupo: Jebús, quien era justamente quién nos aglutinaba. Y así, Jebús primero mintió a uno, y luego a otro y al final a todos. Y nos desintegramos.
Y como en muchas ex parejas, es muy triste volver a encontrarse después de un tiempo y parecer extraños.

Edu: El sábado fui a (nombre del bar) y lo ví a Jebús.
Loca: Y!?
Edu: Nada, me miró de lejos y se perdió con su vaso de cerveza entre la gente.