Thursday, October 26, 2006

El coyote te va a comer

No se ingresa al mundo de los adultos al día siguiente de cumplir los 26; ni la primera mañana que descubrís que vivís sola; ni siquiera al minuto de firmar tu primer contrato.
No.
Se ingresa al mundo de los adultos de forma sigilosa. En puntas de pie. Con actos simples y cotidianos. Y cuando te querés dar cuenta ya estás adentro: pagando cuentas, asumiendo compromisos, firmando contratos, compensando entre el deber, el querer y el poder y pensando en las posibles consecuencias de los actos.
Se está en los albores del mundo de los adultos cuando se empieza a preferir al jamón crudo por el cocido, cuando se cae en la cuenta de que el Coyote nunca va a atrapar al correcaminos por más ingeniosos artefactos que invente, y con toda la resignación del mundo se acepta que en definitiva de eso va la historia y lo divertido del caso es relajarse, disfrutar y asombrarse con las nuevas estrategias de un Coyote que se supera para alcanzar eso que siempre parece tan cerca, pero nunca alcanza.
Se está a medio pasito del mundo de los adultos cuando se reconoce que la cerveza es rica aunque deje un sabor amargo en la boca, cuándo en las vacaciones se toman los recaudos necesarios frente al sol y el mar, cuando se está sacando boletos para tomar el tren para ir a Capital sin compañía.
Al mundo de los adultos se llega de a pasitos.
Cuando te demuestran que hasta en el placer hay dolor, y que si se traspasa el dolor, se llega al placer.
Cuando se reconoce que algunos ideales se transforman en utopías, pero como el coyote va trás el correcaminos y elige no morirse de hambre en el desierto; la lucha nunca se abandona.
Cuando se aprende que una forma de encontrarse es atravesando la nebulosa.
Cuando se experimenta que el mejor remedio contra la infidelidad es el respeto y la admiración, y el amor es más poderoso que la culpa.
Cuando se acepta la verdad por mas dura que sea, se toman las riendas y se afrontan las consecuencias.
Cuando tranquiliza el hecho de saber que si se desea algo desde fondo del espíritu se obtienen los recursos para alcanzarlo.
Cuando se reconoce que otros también andan en busca de la verdad; persiguen sus propios correcaminos y se esfuerzan todos los días con nuevas estrategias para atraparlo.

Pero confieso que entrar en la adultez también supone cargar con fantasmas. De esos que aparecen cuando se cierran los ojos para dormir. Y al abrirlos, en la oscuridad del cuarto, acechan los monstruos que forman las sombras de la ropa, los libros, las sábanas y los ojos brillantes del gato. Pero la ventaja está en que se es capaz de aceptar los fantasmas y saber que los monstruos son inofensivos. Entonces, se cierran los ojos, y uno se queda dormido pensando en las nuevas estrategias con las que va a salir a cazar al correcaminos el día siguiente.
Aunque nunca se lo llegue a atrapar, la gracia está en el descubrir los trucos que se pueden inventar para seguir en el juego. Y cuando sale el sol, uno sale a atraparlo.
Con la esperanza de cazarlo y la certeza de que al alcanzarlo, se termina la historia.

Monday, October 23, 2006

Sin razón

Y una sale a cenar con Chef un domingo cualquiera. Y no es de extrañar, que de entre los temas a conversar surja el de los incidentes en San Vicente.

Ahora… ¿qué cuando lleguemos al departamento y nos metamos en la cama, una comience a leerle enfervorizada “La Razón de mi Vida” cual si fuera Eva frente a una multitud que la aclama enardecida frente al Ministerio de Obras Públicas?...
Eso, es raro.

Que tras el inexplicable incidente Chef se quede dormido y cuando Loca se despierta a la mañana siguiente siga al lado.. eso…
Es más raro….

Y que al otro día por la noche, Chef le mande un mensaje que diga “¿cuándo me vas a seguir leyendo la vida de Evita?”…
Eso.. Eso…

Eso... es totalmente inexplicable.

Sunday, October 15, 2006

Método de levante Nº 54568 (categoría sub 20)

Sábado por la madrugada.

Locación: fiesta en Facultad de Filosofía y Letras.

Personaje veinteañero carita linda, ojitos claros, se acerca a Loca y dice:
¿Te puedo hacer una pregunta?

Loca, quién se encontraba sentada en un rincón con un vaso de cerveza en su mano, responde:
Si, claro.

Pvcloc, pregunta muy desenvuelto: ¿Te puedo tirar la boca?.Porque ya me voy.

Ajá.

¿Dónde quedó el: "Quélindaquesos, ¿te puedo dar un beso??... eh.. ¿dónde?...

Sabé mocoso, que en la vida no es todo carita linda y ojitos claros.

Sabélo.

Friday, October 06, 2006

Paseador en ascensor

Y ahí estaba yo. En el palier del edificio esperando el ascensor. Al lado del paseador de perros y del perro de los vecinos, ese labrador enorme que tiene el mismo nombre que El y que cada vez que me ve se me tira encima, y los que están alrededor no hacen mas que gritar Su nombre para sacármelo de encima, claro. Bueno. El perro ya había hecho su gracia. Yo ya lo había acariciado, y ahora estábamos en paz. Llega el ascensor y nos subimos los tres. Cierro la puerta y el paseador inexplicablemente se pone a cantar: “Croki, Croki, Croki”, mientras me dice: “mirá como hace, nunca ví a un perro ponerse así con una canción”. Y el can comenzó a girar sobre si mismo y con toda esa mole de huesos, pelos y carne convirtió al ascensor en una especie de Samba de la que creí saldría en camilla.

Decí que abordamos el ascensor en un cuarto piso y no estábamos tan lejos de la planta baja.

Decí que el paseador era lindo, que si no.... que si no.... que si no.... no acompaño el Croki, Croki con las palmas.

Wednesday, October 04, 2006

Juego de Roles

El plan era sencillo y divertido. Era viernes, tocaba una banda conocida de los barrios conurbanos cerca de mi nueva casa urbana. Iba mi hermano, unos amigos. Así que le dije a Lula y allá fuimos. Llegamos y comenzó el juego de roles. Esta vez, cumpliendoelpapeldelaflaquitamediaextrañaybizarrahermanitadeElPerro.
Lindo tugurio en el que tocaba la banda, subterráneo y oscuro. Nos sentamos en una mesa, vimos la banda, las cervezas empezaron a correr. A mi derecha lo tenía a El Perro, a la izquierda estaba Lula, y enfrente Pablo, un amigo de mi hermano que conozco desde que tengo 9 años. No lo veía desde hacía 10. Y ahora ronda los 30.
Y así, como de repente, como ocurren las cosas bizarras, Pablo comienza un breve interrogatorio:
P: Ajá, y ¿cómo andás?. ¿El hijo del pastor?
L: ¿Eh?, ¿Qué pastor?,le digo, pensando que había empezado la hora del bardo alahermanitaflaquitabizarradelperro.
P: ¿Vos no salías con el hijo de un pastor?
L: No, estás confundido.
P:Ah. Y Jimy ¿cómo anda?
L: ¿Quién? le pregunto pensando que tal vez se confundió de hermanita.
P: Jimmy, tu viejo, a tu viejo le decimos así por Hendrix...
L: Ah..¿por los rulos y los bigotes?. Bien, anda bien.
P: Ajá, ¿y el cabezón?
L: ¿Quién es el cabezón?, le contesto pensando en que no podría haber existido en la semana charla más incoherente
P: Tu novio.. me dice
L: Ah.. Daniel no era cabezón, y no estoy mas con el, desde hace un año casi.
P: Ajá. ¿Me dás tu teléfono?, me dice de un saque.

Y ahí es dónde hace su primera intervención en El Perro -quién hasta ese momento estaba en el medio de otra conversación en la mesa de al lado- con un ¿qué estás haciendo, chabón? entre mi cara mezcla de risa y espanto y la carcajada de Lula.

Hago una breve escapada al baño para salir de la situación. Paso por la barra y me encuentro con uno de los chicos de la banda. Lo saludo, me agradece haber ido, y me dice:
CdB: Che, ¿Pablo te está tirando los galgos!!!?
L: Si, viste. Increíble.
CdB: Pero pensálo, me dice, es abogado, es buen tipo.

Y ahí mientras tomaba del vaso con fernet que me convidaba el chico de la banda pensaba como en un segundo una pasa de ser lahermanitaextrañabizarra a flacaagarraviajequelosañospasanyeshoradesentarcabeza.

Sunday, October 01, 2006

Ese amigo de las soledades

Tengo un amigo que se llama Miguel. Nos conocimos mediante una amiga en común con quien comparte departamento. Durante algunos meses, salíamos los tres, hasta que nuestra amiga en común se evaporó tras un chico que vive en Mar del Plata y a partir de ese día poco sabemos de ella y su paradero. Miguel y yo nos seguimos viendo y compartiendo soledades. Perdida nuestra amiga en los brazos del ancho mar, y ausente del departamento, desde hace un tiempo, se repite la siguiente rutina casi todas las semanas o fin de semana de por medio: alguno de los dos le manda un mensaje de texto al otro en noches de viernes o sábados en las que se queda en banda y el otro responde si está disponible. Entonces, uno de los dos va a la casa del otro provisto de cerveza. La mayoría de las veces voy yo. Entonces, llego, dejo la cerveza en la cocina, me saco la campera, me acomodo en el sofá, me pongo a ver la tele. Miguel va en busca de los vasos, sirve la bebida espirituosa, charlamos de nuestra semana, el me habla de sus mujeres y yo de mis pocos hombres, seguimos mirando la tele o a veces vemos una película y cuando vamos por la segunda cerveza, me voy quedando dormida, hasta que Miguel me despierta para decirme si me quiero pasar a su cama, que el se queda durmiendo en el sofá. Eso es todo. Ni abrazos, ni besos, ni histeriqueos, ni tocaditas, ni nada. A veces pasa también, que antes de la segunda cerveza salimos a caminar por ahí para despejarnos y que nuestras noches de sábado no se reduzcan a ese acontecimiento.

Lo que más me gusta de mi relación con Miguel es la nula tensión sexual e histeriqueo que ronda en el aire cuando estamos juntos, siendo que ambos somos heterosexuales y Miguel es un tipo bastante lindo (la primera vez que Lula lo vio me dijo: ¿qué esperás para agarrártelo?). También me gusta poder tener una mirada masculina, sin celos, ni segundas intenciones cuando le hablo de tipos que me gustan.

Y cómo para mí dormir en lo de Miguel es una de las cosas mas naturales del mundo, a veces, me olvido de las convenciones de mi madre, quién hoy me llamó y ante la respuesta: “anoche me fui a lo de Miguel, salimos a caminar a la costanera, nos comimos un sándwich de vacío y me quedé a dormir en su departamento”, hizo un silencio de cinco minutos y me preguntó:

-¿Y cuando vas a traer a este chico Miguel a casa así lo conocemos?