Tuesday, November 28, 2006

Para mí no son mariposas en el estómago, ni caminar como en una nube, ni escribir su nombre en el viento mientras tarareo una canción de Sergio Dennis. Para mi no son grandes declaraciones de amor.
Para mí, las mariposas son polillas que se inmolan en mi estómago, camino por calles de tierra llenas de piedras y de la ansiedad y el dolor de panza me ando cayendo por todas partes. El viento se transforma en temporal que sacude todo alrededor y cada vez que pienso en decirle un te quiero o lo escucho decirlo, se me nubla todo, me agarra vértigo, mareo y cara de enfermedad.
Para mi no son ni rosas, ni ositos, ni grandes cenas.
Para mí son visitas inesperadas, invitaciones a dormir la siesta en domingos nublados. Para mí no es la intimidad del sexo, sino la de compartir la cama.
Para mi no son bombones; para mí son Ricarditos y caramelos violetas mientras compartimos grandes y pequeñas charlas.
Para mi no es que finja escucharme cuando cuento algo y se de vuelta para mirar a alguien que pasa.
Para mí es que desvíe su atención mientras mira televisión y me escuche como quién dijese la gran verdad de todos los tiempos.
Para mi no son abrazos de compromiso después del sexo; para mí son cenas en la cama y risas hasta quedarme dormida mientras me abraza sin asfixiarme.
Para mí es hablar, reírme y dormir como si estuviese con mi mejor amigo.

Pero para mí también es la incertidumbre de no saber si quedarme o salir corriendo. La confusión mental que no se aclara sin que sienta un terrible peso en la cabeza.
Para mí es todo eso y cada una de esas cosas.
No saber cómo ni qué proponerle porque no sé si nos espera una pared o un colchón de plumas.

Y entonces ando con un nudo en la garganta, polillas inmolándose en el estómago, movimientos torpes que me hacen tirar todo y caerme por la calle, y la ansiedad que solamente se calma en su abrazo.
Porque no se si alguna vez voy a poder resolver de qué está hecho el hilo invisible que nos une.

Porque para mí que, para algunas cosas, aunque tengo 27 años, sigo pareciendo de 17.

Tuesday, November 21, 2006

y la certeza de que cuando lo tengas, se termina la historia.





Ajá...

Claro....


(se le agradece a Sergio, lector atento y facilitador de este gran hallazgo; y a Mandinga, fiel colaborador quién me ayuda en mi lucha diaria contra la tecnología (entre otras cosas).

Tuesday, November 07, 2006

Verdades sabidas por todas pero nunca antes dichas (por lo menos en este blog)

Durante la primera o primeras citas de una pareja heterosexual, si una mujer se niega a intimar con el susodicho tras una hora de besos y caricias intensas, sepan que...

Posiblemente no se trate de que no tenga ganas.
Ni que su ropa interior no haga juego.
Ni siquiera de que esté indispuesta.

Sepan que, si una mujer se niega a intimar en tales circunstancias, en el 99,9 % de los casos ocurre que en realidad ella..

No está depilada.

Thursday, November 02, 2006

Si. A Vos.
A Vos le digo que tal vez esté leyendo esto.

A Vos le agradezco por ayudarme a robarle una carcajada al Señor Groso que estaba entrevistando, quién, tras apagarse el grabador, cambia la inflexión de su voz y me pregunta:

SG: Discúlpeme señorita, ¿pero le puedo hacer ahora yo una pregunta?
L: Si, claro.
SG: ¿Qué es eso que tiene en el antebrazo?

....

A Vos le digo, que cómo me conoce y sabe que me despierto dormida y así ando hasta casi las 3 de la tarde, sin recordar siquiera el color de zapatos que me puse antes de salir de casa; a Vos le pido a modo de colaboración, que la próxima me recuerde, aunque sea mediante un mensaje de texto mañanero, que tengo alojado en mi antebrazo al señor Burns en piyama sosteniendo un osito de peluche; producto del tatuaje que me plantó en un descuido mientras comíamos el chocolate Jack que trajo anoche de postre.

Wednesday, November 01, 2006

Una

Y así es como una regresa de la casa de sus viejos un sábado a la tarde, con media tristeza a cuestas, una bolsa de comida casera dentro de su mochila, y toda la reflexión que le ofreció el vaivén del tren que la devolvió a Capital.
Y así es como una, ni bien llega a su departamento recibe el llamado telefónico de Lula, quién la invita a una Fiesta Verde que se hace esa misma noche en algún lugar del Abasto. Y una le aclara que anda con media tristeza a cuestas, pero Lula insiste e incluso le dice que vaya a comer a su casa y se alquile una película.
Y una con media tristeza a cuestas accede, y como su tristeza no resiste historias de amor con finales felices, ni siquiera escenas de sexo de alguna película de acción; frente al exhibidor del video club, se decide por un documental.
Y una llega entonces a lo de Lula, con media tristeza a cuestas, una bolsa de golosinas y La Marcha de los Pingüinos, (que al final tenía escenas de sexo y de amor, pero bueno, son animales, así que no cuenta).
Y una comienzan a ver la película mientras Lula se queda dormida, pero una, con la media tristeza ya convertida en un cuarto, le presta tal atención a la película que ahora es casi una experta en materia de pingüinos Emperadores.
Así es, como a la hora señalada llega el amigo Edu para ir a la fiesta y deben despegar a una del televisor porque quería ver todos y cada uno de los bonus del DVD.
Y finalmente una, Lula, Edu y un cuarto de tristeza se suben al taxi para ir a la Fiesta Verde. Allí supuestamente se encontrarían con el amigo Jebus.
Al bajar, en la puerta del lugar, un chico excesivamente amable les informa que hubo una equivocación, que ahí no hay ninguna fiesta, sino que se estaba llevando a cabo una convención de jugadores de Juego de Rol.
Una, Lula, Edu, y el cuarto de tristeza acuerdan que ante el cielo encapotado y las gotas que empezaban a inundar las veredas del Abasto, era mejor, entrar y esperar a Jebus allí mientras apreciaban la fauna del lugar.
Ya adentro, el chico excesivamente amable les ofrece una cerveza, sillas y una mesa, mientras a su alrededor se desplegaban mesas con personas disfrazadas que tiraban unos dados, hablaban cosas inentendibles y anotaban cosas en unos papeles.
Y así es que llega la cerveza, la mesa, las sillas y un mazo de cartas frente a la mirada atónita de Una, Lula y Edu. Chico excesivamente amable no paraba de hablar. Entonces Una, Lula y Edu improvisan una jugada de ChinChon y lo invitan a jugar.
Y así es como a la media hora, ingresa Jebus al recinto y con toda la cara de sorpresa del mundo, se acerca a la mesa y ante su exclamación: ahh.. bueno! ¿Qué hacen acá? ¿Qué es esto?, Una no puede mas que soltar la mejor carcajada de toda la noche al imaginarse esa escena vista desde afuera.

Y entonces, ahí, es cuando Una se dá cuenta que había dejado al cuarto de tristeza en la puerta del lugar.
Y Una espera no encontrarla al salir, sino que se haya diluido junto con los gotones que inundaban las calles del Abasto.