Tuesday, June 30, 2015

De hecho

No es ninguna novedad ni será aquí el primer lugar donde lean esto: la convivencia, señores míos, es una cuestión complicada. En mi caso,  hizo que me encontrase con una faceta desconocida, inesperada, insospechada. Ante semejante sorpresa, consulté con varios pares que estuvieron atravesando o atravesaron por esta cuestión y llegué a una conclusión tal vez injusta: bajo ciertas condiciones, como la del concubinato, las personas, queridos míos, nos transformamos en seres desconocidos hasta para nosotros mismos. Existen, en este periplo, también risas y alegrías, claro está. Pero vamos a detenernos en los infortunios, que es lo más divertido de esta cuestión. En mi caso, yo ingresé a la convivencia de golpe y porrazo, luego de muchos años disfrutando de una vida solitaria con mascota. Al comienzo, las peleas eran por no encontrar algo en la alacena después de estar todo el día deseando el momento de llegar a casa para abrir ese… chocolate, ponele. También las hubo en relación a los horarios de llegada, usos del baño, despertadores, orden y desorden. Al comienzo, debo admitirlo, la convivencia me cayó mal, sacó lo peor de mí, me convirtió en un ser amargo, que se aferraba a unos hábitos, que, curiosamente nunca había tenido. Me estresaba por cualquier cuestión. Desde la rotura del lavarropas hasta quedarme sin pasta de dientes, todo era una catástrofe. En el ciclo del concubinato existen peleas por cuestiones referidas a bombachas colgadas en canillas del baño, el volumen de la televisión, descolgar la ropa si se cocina, la temperatura del aire acondicionado en verano y el acolchado y las frazadas en invierno, ect. Pero hay experiencias extremas, como la no utilización de bolsas del chino para los residuos,hacer los mandados con  ecobolsa y no hacer planes para los días miércoles porque es el día del lavado de sábanas.

Friday, March 27, 2015

Te cuento una boludez

Cuando era chica, muy chica, “así de chiquita” diría mi madre señalando el piso,  mi color favorito era el verde. Según cuentan las crónicas de aquella época, quería que todo objeto que me rodeara fuera verde: ropa, vasos, cubiertos. Incluso dicen que decía que era hincha de Ferro, cuando a ningún miembro de mi familia ni siquiera le gustaba el fútbol.
La afición por ese color me fue acompañando a lo largo de mi vida y las anécdotas y recuerdos -no sé si propios  o construidos-, también.
La semana pasada, en una de mis últimas incursiones en eventos marketineros, fui a una conferencia de una marca de desodorantes.  Durante el “brunch” –ahora le dicen así- una diseñadora hablaba sobre la importancia del color y otras cuestiones sumamente intrascendentes. La mujer afirmaba que todos nacemos con un color, que tiene que ver con nuestras vibraciones y que permanece a lo largo de toda nuestra vida. Que es el color que mejor nos representa, el que nos “viste” mejor y nuevas trivialidades sobre colores y moda.
La cuestión es que, esta señora, dijo que al final de la charla nos iba a hacer un test para decirnos el color “de cada una”. En ese momento, me levanté de mi silla y huí despavorida del salón. Cuando estaba llegando a la puerta, me dijeron que si ya me iba, completase  unas simples preguntas para saber cuál era mi color. Era una especie de test de revista Cosmopolitan. Lo completé por simple curiosidad y…

¿Adivinen qué color salió? 

Tuesday, February 10, 2015

Apuntes sobre el duelo


La muerte es, tal vez, lo único certero en la vida. La muerte, como la vida, es, sucede, acontece inexorablemente. Un día, lo más terrible, con lo que fantaseas con temor desde chico, pasa. 
Y tal vez lo peor de la muerte no sean los trámites posteriores, el cajón, ni siquiera la ropa que se amontona en el placard. 
Lo peor de la muerte, es que con ella, viene la ausencia. Una ausencia total, final, absoluta. Ya no va a haber más hasta luego, ni el próximo fin de semana. La muerte llega para darte la plena y absoluta certeza de que mientras vivas nunca, pero nunca más, vas a ver a esa persona, o escuchar su voz. Y te acordás que una vez le escuchaste decir a alguien que la voz es lo primero que se olvida, porque para las imágenes, tenés las fotos y los recuerdos.. pero la voz se va esfumando de a poco en la memoria. Entonces tratás de conservar como un tesoro esa voz espesa, un poco ronca y única que nunca vas a volver a escuchar. Y casi obsesivamente tratás de recordarla todos los días, porque creés que con el ejercicio, se va a ir grabando en la memoria.


Los padres, quienes te enseñan a hablar, caminar, andar en bicicleta y muchas otras cosas más, también te enseñan, a fuerza de experiencia, las certezas de la muerte.

Friday, June 08, 2012


Veo la bandeja de entrada abierta y me debato entre el… ¿ le chusmeo los mails
O
Cierro todo y duermo tranquila?
Costado izquierdo de la pantalla, click en cerrar sesión
 y  todos sanos y felices.

Tuesday, May 08, 2012

Estado Social




N: Pepe se separó
L: ¿Si?. Uy que mal, pero capaz es temporal
N: No, es definitivo
L: ¿Por qué? ¿cómo sabés?
N: Ya se cambió el estado en el  Facebook

Wednesday, April 18, 2012

¿Hola?

¿Sigue habiendo alguien ahí?

Thursday, March 18, 2010

Loca y las cosas que trajo el no-transporte (I)

Nos habíamos despertado a las 6 de la mañana para hacer la excursión Talampaya- Valle de la Luna. Todo muy lindo, pero a la quinta vez que la combi paró en la undécima piedra con forma de hongo yo ya no quería saber nada. Tenía sueño, hambre, sed y estaba un poco harta de hablar en inglés y ser la traductora del sueco que había conocido cuando subí al micro que unía San Juan- San Agustín del Valle Fértil. Encima en Talampaya el guía se despachó contándome que viajaba a través de otras dimensiones y que ahí mismo había un disco de sol y no se qué.. Y usando el típico “por qué creés que yo te elegí a vos para contarte esto” me anotó su mail y un libro que tenía que leer en mi agenda.
La cuestión es que cuando terminamos ambas excursiones, yo me quería ir a Villa Unión y el sueco a La Rioja. Entonces, le pregunto al chofer de la combi la mejor forma de llegar hasta ambos destinos. El chofer nos dice muy convencido que nos iba a dejar en un lugar dónde pasaban micros “todo el tiempo”. Uno para la Rioja y otro en la dirección contraria, Villa Unión.
Perfecto.
Perfect.
La combi para en una ruta en el medio de la nada. El chofer abre la puerta y nos dice… “acá chicos”.
Sure? Siii!! Pasan micros todo el tiempo.. Ustedes tranquilos…
Ok.
Eran las 5 de la tarde cuando nos dejó. Se hicieron las 6... Y nada. Casi si pasaban autos. Las 7.. Y el sueco caminaba por la ruta y yo sacaba fotos… Las 8 y empezó a oscurecer… Las 8 y 15 y yo le empecé a llenar la cabeza al sueco para que hagamos dedo. El decía que era inseguro, que en su “guía del mochilero” lo decía, pero que en Chile era más común y seguro… Las 8 y media y yo ya no tenía más ropa de abrigo que ponerme encima y me estaba muriendo de frío. Las 9 y empecé a decirle al sueco que a lo lejos se veían unas luces, que fuésemos hasta ahí porque en la ruta, sin luces y en el medio de la nada nos iba a llevar por delante un camión con acoplado.
El sueco seguía diciendo que el micro iba a pasar, convencidísimo. Y yo le decía que estábamos en Argentina y a veces los servicios simplemente no funcionaban. Las 9 y cuarto y yo empecé a caminar hacia las luces. El sueco no estaba de acuerdo pero me siguió.
Era una ruta menos iluminada y con menos movimiento que la anterior. Yo iluminaba el camino con una linternita que tenía en el llavero y el sueco caminaba por el medio de la línea amarilla. Las luces cada vez se hacían las grandes. Habremos caminado tres kilómetros y las luces de lo lejos se transformaron en un pueblito.
Lo primero que veo es un almacén- comedor- ramos generales. La dueña muy atenta escucha mis quejas hacia el colectivo que nunca llegó y cuando termino me dice…
“Pero chicos, si el colectivo pasa a las 10”…
Miro el reloj..
Eran las 9.50.


Shit.