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Primera y última

Ella fue la primera mujer de mi familia que me vio a las pocas horas de llegar al mundo. En realidad, la segunda, la primera debe de haber sido mi madre. Siempre contaba que cuando le avisaron que estaba por nacer agarró a mi hermano, le puso los zapatos y se fueron al hospital. Y que llegó, tomó el ascensor y vio que iba una bebe hermosa, chiquita y ella ahí lo supo, lo supo con absoluta certeza, con esa intuición que la caracterizó, y nos caracteriza a algunas de las mujeres de mi familia. Ella dice que ahí lo supo, y yo le creo. Ella supo que esa beba que iba en el ascensor era yo. Y lo era. Y esa fue la primera vez que nos vimos. Y yo, en estos últimos tiempos la vi mientras se iba apagando, aunque nunca perdió su brillo, ni su lucidez, ni su intuición. Hasta que la internaron y yo lo supe, yo supe que ya no volvía. Pero no me animé a verla mientras se consumía cada vez más rápidamente. No tuve tiempo, no tuve fuerzas. Ella se fue ayer y yo no la vi antes de que se fuera. Creo …
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Me entregué a la propuesta de los algoritmos

Era la tarde de un domingo, yo venía bastante apedreada, no por el último barbudo que me había dejado expuesto el corazón, sino porque el desenlace de aquella fugaz y precaria relación había traído todas las decepciones de este último año y medio. Entonces ahí estaba yo, en el escenario ideal: un domingo a la tarde, llorando como una desquiciada por una película francesa que no merecía ni la más mínima consideración, cuando una idea pasó por mi cabeza. Bajé esa aplicación de la que me venían hablando hacía meses. Puse mis mejores fotos, un rango de edad, género, intereses y cercanía. Apreté aceptar y dejé que los algoritmos, el big data y el destino hagan su trabajo.

Un año

Frío. Mucho frío y una casa inmensa. Llevar a un pendiente a un telo ante la imposibilidad de volver a usar la cama. Tratar de salir. Conocer gente. Estar con alguien que te rompe (otra vez, si eso es posible) el ego y el corazón. Volver a acostarte con gente con la que estuviste hace diez años y sentir como todo evolucionó a otra cosa imposible de definir. Armar la mochila e irse de viaje a la nada. Conocer gente. Cruzarse con el chico más lindo del mundo. Viajar una semana con él. Despedirse. Ir sola al mar. Volver a la casa inmensa. Salir con alguien y sentir que te hiciste de amianto. Frío. Mucho frío otra vez.

Lado A | Rojo

Si pienso en la noche en que lo conocí, la primera imagen que se me viene a la cabeza es que estaba sentado enfrente mío, en una mesa de amigos de un amigo, algunos de los cuales terminaron siendo mis amigos y me ayudaron a asomar la cabeza del pozo en el que estaba metida. Pero esa es otra historia.
La cuestión es que no se porqué se me dio por apretar el botón de retroceder y volver a aquella noche en que lo vi por primera vez. Estaba todo medio oscuro (en el bar y en mi cabeza). Creo que él tenía puesto algo rojo y no paraba de hablarme. Me acuerdo de sus ojos encendidos, hablándome. No me acuerdo mucho de lo que me decía, pero (y acá una de las cuestiones fundamentales) me hacía reír. Me acuerdo de él hablando y de mi risa, hacía meses que no la escuchaba. En un momento apareció (no se porqué) una de sus ex parejas a saludarlo, algo que me pareció rarísimo, pero en ese momento todo parecía raro. Pasó algo más esa noche, algo totalmente fuera de lo normal, pero lo guardo para el …

Conurbano

Hace más de 10 años me hice un test de embarazo en el baño de un bar de Ciudad Jardín que fue locación de un video de Los Caballeros de la Quema.
Me dio negativo.
Dejé la tirita con el resultado en la tapa del interruptor de luz.

Y salí a festejar

Nunca creí en la ley de atracción

Pero me acuerdo del día en que te deseé. Desde lo más profundo. El deseo me vino de golpe, mientras caminaba por la calle Corrientes. De repente pensé: “quiero estar con alguien lindo”. Tan superficial como eso. Me salió así, de la nada. “Alguien que me guste mucho”, pensé y no le di más instrucciones al universo. Eso habrá sido en diciembre. Trato de hacer memoria y solo recuerdo que era domingo y hacía calor. Pensé en eso y después me olvidé del asunto. Me acordé hoy, varios meses después, mientras miraba el video que me habías mandando. Claro, yo te deseé y ahí saliste, del medio del desierto. Venía siendo mi primer viaje sola después de muchos años. Volver a viajar sola después de una separación y con diez años más es bastante complejo y en principio melancólico, pero esa es otra cuestión. Volviendo al tema, una tarde de mediados de enero, mi deseo se me cruzó de frente. Me acuerdo perfectamente de la primera vez que te vi. Me pareciste lindísimo. Inalcanzable. Yo llegaba al hos…

Rueditas

Por esa época íbamos todos los sábados a la tarde al descampado de los eucaliptus a practicar andar en bici sin rueditas. Mi viejo aflojaba las tuercas, levantaba las rueditas y ahí empezaba la práctica. Yo pedaleaba, él ponía una mano en el manubrio y otra en el asiento de atrás, de a poco me iba soltando, pero no era fácil lograr el equilibrio, entonces sus manos, esas manos grandes, fuertes y cálidas volvían para sostenerme. No recuerdo cuántos sábados habremos ido a practicar a los eucaliptos, pero sí me acuerdo de aquel sábado. Ya estaba bajando el sol, yo pedaleaba mientras mi papá intentaba la técnica tantas veces repetida. En un momento dejó de sostener el manubrio y casi sin que me diera cuenta soltó el asiento. Me acuerdo de que miré al costado y vi en la tierra del descampado la sombra de su figura alejándose mientras yo seguía pedaleando. Lo recuerdo casi como una instantánea: la silueta, los rulos, los brazos atentos al costado del cuerpo listos para salir ante cualquier…