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Un año

Frío. Mucho frío y una casa inmensa. Llevar a un pendiente a un telo ante la imposibilidad de volver a usar la cama. Tratar de salir. Conocer gente. Estar con alguien que te rompe (otra vez, si eso es posible) el ego y el corazón. Volver a acostarte con gente con la que estuviste hace diez años y sentir como todo evolucionó a otra cosa imposible de definir. Armar la mochila e irse de viaje a la nada. Conocer gente. Cruzarse con el chico más lindo del mundo. Viajar una semana con él. Despedirse. Ir sola al mar. Volver a la casa inmensa. Salir con alguien y sentir que te hiciste de amianto. Frío. Mucho frío otra vez.
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Lado A | Rojo

Si pienso en la noche en que lo conocí, la primera imagen que se me viene a la cabeza es que estaba sentado enfrente mío, en una mesa de amigos de un amigo, algunos de los cuales terminaron siendo mis amigos y me ayudaron a asomar la cabeza del pozo en el que estaba metida. Pero esa es otra historia.
La cuestión es que no se porqué se me dio por apretar el botón de retroceder y volver a aquella noche en que lo vi por primera vez. Estaba todo medio oscuro (en el bar y en mi cabeza). Creo que él tenía puesto algo rojo y no paraba de hablarme. Me acuerdo de sus ojos encendidos, hablándome. No me acuerdo mucho de lo que me decía, pero (y acá una de las cuestiones fundamentales) me hacía reír. Me acuerdo de él hablando y de mi risa, hacía meses que no la escuchaba. En un momento apareció (no se porqué) una de sus ex parejas a saludarlo, algo que me pareció rarísimo, pero en ese momento todo parecía raro. Pasó algo más esa noche, algo totalmente fuera de lo normal, pero lo guardo para el …

Conurbano

Hace más de 10 años me hice un test de embarazo en el baño de un bar de Ciudad Jardín que fue locación de un video de Los Caballeros de la Quema.
Me dio negativo.
Dejé la tirita con el resultado en la tapa del interruptor de luz.

Y salí a festejar

Rueditas

Por esa época íbamos todos los sábados a la tarde al descampado de los eucaliptus a practicar andar en bici sin rueditas. Mi viejo aflojaba las tuercas, levantaba las rueditas y ahí empezaba la práctica. Yo pedaleaba, él ponía una mano en el manubrio y otra en el asiento de atrás, de a poco me iba soltando, pero no era fácil lograr el equilibrio, entonces sus manos, esas manos grandes, fuertes y cálidas volvían para sostenerme. No recuerdo cuántos sábados habremos ido a practicar a los eucaliptos, pero sí me acuerdo de aquel sábado. Ya estaba bajando el sol, yo pedaleaba mientras mi papá intentaba la técnica tantas veces repetida. En un momento dejó de sostener el manubrio y casi sin que me diera cuenta soltó el asiento. Me acuerdo de que miré al costado y vi en la tierra del descampado la sombra de su figura alejándose mientras yo seguía pedaleando. Lo recuerdo casi como una instantánea: la silueta, los rulos, los brazos atentos al costado del cuerpo listos para salir ante cualquier…

Cicatrices

El día antes de que ElChico me dejara y abandonara la vida conyugal que habíamos llevado por más de seis años, me corté el dedo con un vidrio. Sangró mucho y me asusté bastante. La relación estaba atravesando por un mal momento, pero yo nunca creí que estuviera en una fase terminal. Cuestión es que ese día, limpiando un espejo del baño, me hice un corte bastante profundo que ElChico intentó curar con alcohol, soplidos y una gasa. Esa fue la última noche que dormimos juntos. Al día siguiente, nos despertamos, salimos a almorzar, casi ni hablamos, y a la tarde, agarró algunas de sus cosas y solo volvió a casa unas semanas después para buscar el resto. Los primeros meses la cosa fue desastrosa. Fue muy difícil acostumbrarme a volver a dormir sola y la casa se me hizo más inmensa que nunca. Cambié los muebles de lugar, tiré muchas cosas, arreglé la bacha del baño (y ya que estaba me compré un espejo enorme), taché dos hombres que tenía pendientes en una lista imaginaria, lloré mucho, much…

De hecho

No es ninguna novedad ni será aquí el primer lugar donde lean esto: la convivencia, señores míos, es una cuestión complicada. En mi caso,  hizo que me encontrase con una faceta desconocida, inesperada, insospechada. Ante semejante sorpresa, consulté con varios pares que estuvieron atravesando o atravesaron por esta cuestión y llegué a una conclusión tal vez injusta: bajo ciertas condiciones, como la del concubinato, las personas, queridos míos, nos transformamos en seres desconocidos hasta para nosotros mismos. Existen, en este periplo, también risas y alegrías, claro está. Pero vamos a detenernos en los infortunios, que es lo más divertido de esta cuestión. En mi caso, yo ingresé a la convivencia de golpe y porrazo, luego de muchos años disfrutando de una vida solitaria con mascota. Al comienzo, las peleas eran por no encontrar algo en la alacena después de estar todo el día deseando el momento de llegar a casa para abrir ese… chocolate, ponele. También las hubo en relación a los ho…

Te cuento una boludez

Cuando era chica, muy chica, “así de chiquita” diría mi madre señalando el piso,  mi color favorito era el verde. Según cuentan las crónicas de aquella época, quería que todo objeto que me rodeara fuera verde: ropa, vasos, cubiertos. Incluso dicen que decía que era hincha de Ferro, cuando a ningún miembro de mi familia ni siquiera le gustaba el fútbol. La afición por ese color me fue acompañando a lo largo de mi vida y las anécdotas y recuerdos -no sé si propios  o construidos-, también. La semana pasada, en una de mis últimas incursiones en eventos marketineros, fui a una conferencia de una marca de desodorantes.  Durante el “brunch” –ahora le dicen así- una diseñadora hablaba sobre la importancia del color y otras cuestiones sumamente intrascendentes. La mujer afirmaba que todos nacemos con un color, que tiene que ver con nuestras vibraciones y que permanece a lo largo de toda nuestra vida. Que es el color que mejor nos representa, el que nos “viste” mejor y nuevas trivialidades sob…