Friday, July 18, 2008

Caí en la cuenta de que cuando se trata de ElChico, las lágrimas no pueden dejarse para después, disimularse en una rápida visita al baño, reservarse para cuando llegue a casa, esperar para cuando esté hablando con algún amigo, disfrazarse en un resfrío.
ElChico dejó entrever con sus actos y ante mi pregunta fue preciso y claro. Y claro que se entiende. Que se sabe. Que es más que obvio. Que los diez años ahora son como una pared enorme con la que yo no puedo lidiar, ni terminar de entender, o aceptar. Y que parecía un tema “resuelto” hace unos meses. Pero ante su ambigüedad que encubría la negativa, el resto de mí que quedaba esperándolo (sin siquiera yo aceptarlo) se fue diluyendo en lágrimas, que se deslizaban por las mejillas sin que pudiese frenarlas, entenderlas, analizarlas. Y después, el llanto ahogado, en el subte. En la calle.
Y ahora, frente al monitor
mientras escribo.