Thursday, December 21, 2006

Le saltó la ficha


Y si.. desde que le pusieron los parquímetros en la vereda de enfrente, la señora del quiosco ya no es la misma.
Se hartó de que ingresen a su local para preguntarle:
Señora, ¿vende fichas?.. ah.. ¿y no sabe dónde...?

No.

No sabe.

Tuesday, December 19, 2006

El juego consiste en ordenar las piezas para que cada una de las caras del cubo exhiba el mismo color

Cuando era chica, El Perro (mi hermano) tenía un cubo mágico, no era de colores, sino con frutas. Entonces, había que llenar caras de frutillas, uvas, bananas y ananás. El perro sabía armarlo todo. Yo le pedía que me enseñase, entonces él, con toda la paciencia del mundo, se sentaba al lado mío, y en una docena de movimientos precisos lograba unir las frutillas con las frutillas, las uvas con las uvas, las bananas con las bananas y los ananás con los ananás. Parecía magia, pero solo se trataba de estrategia. Después, lo volvía a desarmar, para que yo pudiese seguir su ejemplo. Pero era inútil. En mis manos, los movimientos con el cubo se volvían imprecisos, mi desesperación aumentaba, y al no poder llevar a cabo la empresa, esperaba alguna distracción de El Perro para hacer trampa. Entonces, cuando se iba, aprovechaba para despegar las frutas (que eran stickers pegados al cubo)y agruparlas con sus pares. El Perro volvía antes de que pudiese terminar con mi plan, me sacaba el cubo de un manotazo, devolvía las frutas al lugar al que correspondían y se ponía a armar el cubo nuevamente.

Unos años mas tarde, por algún acontecimiento que no puedo recordar (pudo haberse tratado de un regalo, un premio en una kermese, o producto de una tarde de aburrimiento dentro de un Todo por 2 pesos), otro cubo mágico llegó a mis manos. Este no tenía frutas, sino colores.

Un día cualquiera me senté con el cubo entre mis manos, y como si todas las veces que había observado a El Perro se hubiesen acumulado en mi cabecita para materializarse un día cualquiera después de tantos años, mis manos mágicamente se guiaron por la estrategia que les dictaba mis neuronas; y de a poco, se fueron armando caras de azules y de rojos, de verdes y blancos.. pero me era imposible poder armar todas las caras juntas. Llegaba a dos y en ese estadio, algunas de las caras ordenadas tenían que ser sacrificada para llegar a otro color pleno.
El perro ya no estaba mirando, y si cambiaba de lugar las figuritas no iba a venir a sacarme de un manotazo el cubo; pero aún así, elegí seguir intentando; y empezaba otra vez: rojos, azules... verdes, blancos... pero nada, seguía en dos nomás.
Con el tiempo desistí y el cubo quedó tirado por algún lugar de mi habitación en la casa de mis viejos. Cuando me mudé lo llevé conmigo.

Ahora, a veces lo miro ahí solitario y olvidado en la repisa del cuarto del departamento y vuelvo a intentar armarlo integro. Pero nada... solo llego a dos caras, y vuelta a sacrificar alguna para intentar con otro color.
Otras veces, el cubo me mira solitario desde la repisa, para recordarme que a veces, tenés que sacrificar algo perfectamente armado para intentar jugarte a otro color pleno. Y que no vale hacer trampa y cambiar las figuritas para querer impresionar, porque lo único que harías sería arruinar todo el juego y engañarte.
Y otras tantas veces, el cubo también me viene a confirmar que si bien la magia existe, la estrategia es importante, y que mientras siga intentando y trazando coordenadas y combinaciones, es muy probable que un día, logre armar todas las caras sin necesidad de sacrificar ninguna.

Entonces, es cuando agarro otra vez el cubo de la repisa...

Y lo vuelvo a intentar...

Thursday, December 14, 2006

Quiero saber hasta cuándo duran los siempres. Cuándo llega el final de los nunca. Quiero saber si alguien sabe si alguna vez se cansa de esperar el que siempre espera, y si el que busca, encuentra.
Quiero saber la incertidumbre que esconde la certeza y la verdad que hay detrás de tu mirada. Quiero saber si alguien sabe en qué lugar escondemos el imán que hace que nuestras manos se encuentren mientras dormimos, y de dónde proviene la fuerza que nos aleja en la vigilia.

Quiero saber si alguien sabe.

Y si alguien sabe.

Que nunca me lo diga.

Wednesday, December 06, 2006

Por empezar

En el día de hoy, escuché en el andén del subte, la siguiente conversación entre una niña de aproximadamente 7 años y quién parecía ser su abuela:

Qpsa: Bueno, pero si a Papá Noel le pedís el jueguito no podés pedirle además una computadora.
Na7a: ¿Por qué no, si todos los chicos le piden lo que quieren y se los lleva?
Qpsa: ¿Vos te pensás que Papá Noel tiene plata para todo?... no. Tenés que pedir cosas baratas...
Na7a: Pero si Papá Noel no se maneja con plata. Papá Noel fabrica los juguetes.
Qpsa: Pero ¿vos te pensás que siempre lleva cosas tan caras a los chicos?. Andá a una villa a ver si a esos nenes les lleva lo que le piden. A ellos les lleva cosas baratas...
Na7a: Ahh.. pero eso porque no le piden cosas caras.. si Papa Noel no tiene problemas con la plata.. ¡si fabrica los juguetes!...

Digo yo, ¿no sería más fácil empezar por decirle a esa nena que Papá Noel no existe?..

Digo yo nomás...