Friday, February 22, 2008

“Bueno, se supone que si estás de novia no podés hacer esto. Osea, si le pregunto a mi novia qué hizo el sábado a la tarde y me dice que estuvo tomando cerveza en el cuarto de la casa de un amigo, no me va a caer muy simpático” decía Juan, mientras yo miraba a mí alrededor y caía en la cuenta: estábamos los dos sentados en su cama, hablando de la vida, tocando la guitarra, escuchando música y mirando fotos.

(El día de mi cumpleaños, Elchico me dijo si quería ser la novia. Creo que es la primera vez en mi vida que alguien me pide formalmente “ser la novia”. Yo me reí de ternura y le dije que sí; ¿qué podría haberle dicho?. No iba a salir con un planteo de personadecasitreintaconunamochiladefantasmas cuya respuesta hubiera sido “yo tengo muchos problemas y no creo en las relaciones monogámicas” (¿?)).

Y la cosa es que después de algunas semanas de la declaración de Elchico, ahí estaba: conociendo el departamento nuevo de Juan un sábado a la tarde de mucho calor y tomando cerveza, claro.

“Pero si entre nosotros dos no pasa nada”, le dije.

La conversación derivó en alguna otra cosa que ya no me acuerdo. Pero esa frase me quedó rebotando en la cabeza toda la semana.

(Yo vengo de una relación larga que corté hace unos años. En este tiempo me hice dueña de una libertad desconocida. Empecé a moverme sola, a no dar explicaciones, a confiar en mí y a creer en al amistad entre el hombre y la mujer (de hecho me hice cantidad de amigos varones). Y la verdad es que disfruto mucho de encontrarme con amigos, sea en el contexto que fuese. Entonces, ¿por qué se “supone” que no me puedo sentar a tomar cerveza un sábado a la tarde con un amigo en un departamento en el que estamos los dos solos?).

Me pregunto. Me re pregunto. Y me sigo preguntando.
Y la única respuesta que se me viene a la cabeza es que sé que hay cosas a las que, hoy por hoy, no me haría feliz renunciar.

Wednesday, February 13, 2008

13 de febrero

Cachetearme, zarandearme, sacudirme, gritarme. Gritarme fuerte. Cuando se anudan los sentimientos, se arremolinan, se escapan de las manos. Empieza la intensidad que le precede al miedo y después la tristeza, la angustia, el sentir que es para el resto pero no para mí, pensar en lo que puede pasar si se termina, creer que ya no voy a resistir salir lastimada de otra (aunque siempre piense lo mismo y lo vuelva a intentar).
Y que los también no son lo mismo, nene, ya lo se. Pero a vos te salen como si fuera la primera vez que los decís y en mi caso pareciese que fueran los últimos y que los estoy cuidando vaya a saber para qué.
Cachetearme, zarandearme, gritarme desagradecida. Porque tengo todo ahí. Al alcance de la mano. Incluso más de lo que pudiese haber imaginado. Un chico que me dice que me ama; El, que siempre va a estar con su sol y gracias a quien confirmo todos los días que ser auténtico es lo único que nos hace brillar; ellos, los ángeles que me sacuden cuando me mando una cagada pero están ahí para rescatarme.
¡Y entonces!?.. grito y me sacudo el brazo derecho con el izquierdo, y el nudo en la garganta y la panza que empieza a crecer.

Y entonces nada. Que puede ser una prematura crisis de los 30 o las vísperas del Día de San Valentín.

Vaya a saber.