Monday, June 23, 2008

No hay nada mejor que verse un lunes invadida por retazos de imágenes del fin de semana.
Y que esas imágenes, se transformen en una oleada de sonrisas mientras una viaja en subte, colectivo, camina por la calle o está sentada frente al monitor en la oficina.
Porque el recuerdo del bailarín con espasmos, el sorteo frustado, los temas del DJ Lenín, y el primer regreso fallido en el colectivo aparecieron durante todo el día esporádicamente y se convirtieron en carcajadas frente al mail colectivo de Edu y al post de Myr.
Porque no hay nada mejor que un buen fin de semana para sobrellevar los lunes..

Porque no hay nada mejor que los amigos.... si, si.

Thursday, June 05, 2008

No hay muestra mayor de compromiso que dar las llaves de la casa, departamento, habitación de pensión, lo que sea que fuese la morada de una. El compromiso no se demuestra con hechos, con presentar la familia, ni siquiera con un anillo. No. Darle las llaves a otro no es un hecho dejado al azar, no es una cuestión de practicidad, no es “para no bajar a abrir a la mañana”, para “que le vayas a cambiar las piedritas al gato”. No. Dar las llaves es “dar las llaves”.
A razón de verdad, yo di mis llaves una sola vez. Fue un acto ingenuo, casi obligado y con el que cargué mucho tiempo. El también me dio sus llaves. Finalmente, el devenir de los hechos hizo que sus llaves terminaran fundiéndose con muchas otras en el Monumento al Che, las mías vaya a saber dónde, pero bueno, ese es otro tema.
Por eso, yo ahora ando con mi par de llaves, otro en la casa de Almendra y otro en lo de Perro. Nada más. Ni a mi madre. Las llaves son una cuestión muy íntima. Y hace un par de semanas, cuando le quise bajar a abrir a El del sol y me quedé con una mitad de la llave en mi mano y la otra en el tambor, puteé por un instante el no haberle dado alguna vez las llaves, que fácil hubiese sido. Hasta que recapitulé, me enfrié. La llamé a Almendra, le agradecí infinitamente me haga llegar el par que tiene en su casa. El del sol las recibió, abrió la puerta del otro lado. Y asunto resuelto. Sin cerrajeros, sin gastos fijos, sin compromisos.
Igual, a veces, en mis más remotas fantasías, pienso en cómo será ese día en que alguien más ande por la vida con otro juego de mis llaves.