Monday, December 29, 2008

lo mismo, pero distinto

Papa Noel se empeñó en traerme por segundo año consecutivo a Chico.
Y por segundo año consecutivo, unas vacaciones en el Norte nos cortan este enamoramiento profundo, final y fulminante que nos profesamos.
Otra vez paso el 31 lejos, otra vez con esta sensación de querer llevármelo en la valija, otra vez con la certeza absoluta que lo quiero porque lo quiero a pesar de las 10 razones que a veces me pesan.
Creo que los años traen seguridad, nos hacen sentirnos cada vez más cómodos con el contexto, nos dan más capacidad para desenmarañar las respuestas que vienen dentro del problema, nos ayudan a entender los valores reales, a quedarnos con lo bueno.
Así que, aunque el contexto sea el mismo, aunque me desprenda por dos semanas de Chico otra vez; se que voy subiendo y no sólo geográficamente. Estar en la misma situación me ayuda a entender que él y yo no somos los mismos, que lo quiero más y mejor, que me tomo las cosas con más calma, que entiendo sus límites y los míos.
Y que los años nuevos traen brindis, cohetes, perros asustados por los cohetes, comidas bestiales, especiales de Chico Novarro en Crónica, recopilaciones en canales de noticias, pan dulce, nueces; pero también, los años nuevos (y no importa cuándo y cómo se festejen) nos ayudan a conocer y conocernos.

El 2009 me encontrará arriba de un micro, con Lula y más de 60 pasajeros anónimos como compañía y con la certeza (más que nunca) de que voy avanzando.

Feliz año.

Thursday, December 18, 2008

Creo que las subestimamos demasiado. Que creemos que con sus pasitos lentos, no pueden ir más allá de los 10 centimetros. Que se la pasan durmiendo. Supongo que debemos pensar que al comprarlas (igual, es ilegal comprarlas) son nuestras para siempre. Hasta que se mueran. Que son longevas y que viven con pocos recursos (manzana, zanahoria, lechuga).
Yo nunca les tuve demasiado aprecio. Cuando iba a tercer grado, teníamos una de mascota del aula y odiaba tener que llevarla a mi casa. Era demasiada responsabilidad. El perro la volvía loca, la queria dar vuelta. Y yo, no le encontraba la gracia.
Después, antes o en el medio de tercer grado, entró una por la puerta de la casa de mis viejos allá en el conurbano. Y la tuvimos un tiempo, escondida entre el pasto y las plantas. Y nunca lo supimos con certeza, pero un día, se fue. No estaba más. Tal vez fue un descuido. Una puerta abierta mientras mi mamá baldeaba.
Al tiempo, adoptamos otra (esa no me acuerdo cómo apareció). Vivía abajo de la parrilla. Al tiempo también se fue. Sin dejar trastos.
Es que al parecer, las tortugas son huidizas. Aprovechan el descuido y zas, se piantan.
Consulté entre mis amistades y si: a Lula se le escapó la única que tuvo. A Jebus (que vive en edificio) también, creyó que se había caido por el balcón, pero aparentemente se fue por las escaleras, Myr vió una vez a una caminando por la vereda. Otras fuentes no tan fidedignas me comentaron casos en que hicieron un pozo y desaparecieron.

Así es, las tortugas se escapan, se van.
Si.
Y el que haya inventado el dicho como ironía, es porque nunca tuvo una.