Tuesday, March 27, 2007

Loca y Norte V: Loca y Hippie I

Y así es como en tantas ocasiones, el mate resultó ser el señuelo ideal para el comienzo de una charla. Antes de que llegase el mediodía, ya me había enterado de que Hippie tenía 31 años, era oriundo de Necochea dónde había dejado dos hijas, que había viajado por diferentes lugares del país vendiendo artesanías, que vivía en Jujuy desde hacía dos años, que tenía un perro que se llamaba Pulgas y la absoluta certeza de que las piedras desprendían energía.
El agua del termo se terminó y venía siendo la hora de emprender la retirada, porque además, me quedaban algunos lugares de la ciudad por recorrer y quería sacar algunas fotos. Me levanté del escalón en el que nos habíamos sentado a tomar mate, me despedí y cuando me estaba yendo, Hippie me dice:

-Si querés, podemos almorzar.

Accedí. Recorrí la ciudad, saqué unas fotos, y volví buscarlo para el tan mentado almuerzo.

Me llevó al comedor de un conocido en el que hacían unas empanaditas de queso de cabra riquísimas, que acompañamos con un locro increíble. Ahí seguimos charlando, me contó de sus historias y de una de ellas se desprendió su cambio de actitud con respecto al sexo: Parece ser que hacía unos meses, una turista de unos cuarenta y tantos le había ofrecido pasar por el lugar donde estaba parando, una vez ahí, la turista le habría pedido unos masajes, Hippie accedió, pero cuando la cosa se puso densa, agarró sus cosas y se fue. Cuando le pregunté porqué había hecho eso, me dijo:

-Estoy teniendo un cambio de actitud con respecto al sexo. Uno desprende mucha energía cuando tiene relaciones sexuales, e integra la energía de su pareja, por eso es que si no conozco bien esa energía, prefiero no tener sexo. Y como no tengo una pareja fija, me inclino por la abstinencia.
-Ajá. Claro, le dije. Y mientras me llevaba una cucharada de locro a la boca, lo miraba y pensaba:

Ajá.

Al cabo que ni quería.

Friday, March 23, 2007

Loca y Norte IV: voy a despertar al indio que duerme bajo mi elegante sport

La primera vez que pisé Humahuaca era de noche. Más tarde descubriría que la ciudad tenía una especie de imán que me haría regresar una y otra vez. Se transformó en algo similar a un punto de partida y de llegada.
Cuando dimos con el hostel dónde pasaríamos la noche, estaban celebrando el carnaval en el comedor y había locro y chicha para todo el mundo. Bailamos, celebramos, comimos, tomamos. Al día siguiente partimos a Iruya, un pueblito sostenido en el medio de los cerros, las quebradas y el tiempo. Volvimos a Humahuaca porque Edu salía a la mañana del otro día a Salta a reencontrarse con la mochilera francesa.
Edu se fue muy temprano. Yo me desperté tarde con toda la tranquilidad a cuestas y sin ningún programa en mente. Me bañé, me puse la pollera roja de bambula y me fui a tomar mates a la plaza. Enfrente a la plaza hay un monumento inmenso y desmesuradamente grande para la ciudad. Para llegar a las estatuas de bronce que coronan la obra, hay que recorrer unas escalinatas más altas que las de la Facultad de Derecho.
En el medio de esas escaleras fue cuando ví a Hippie por primera vez. Rubio, con barba, ojos verdes y tostado por el sol. Tenía un puesto de artesanías, un perro y me miraba desde el primer descanso de las escaleras.
Seguí tomando mates. Al rato me levanté y con el mate a cuestas me dispuse a subir las escaleras. Cuando estaba llegando a su puesto, lo escucho decir: “Te estuve esperando toda la mañana. ¿Me convidás un mate?”.

Wednesday, March 21, 2007

Loca y Norte III: estábamos antes que tus franquicias arruinen todo este lugar

Con Edu la pasábamos muy bien. Nos reíamos de todo. Parábamos en hostels (una experiencia cercana a la convivencia en Gran Hermano pero sin cámaras ni micrófonos, ni nominados y expulsados, y con gente que hablaba en diferentes idiomas). Teníamos que estar explicando casi todo el tiempo que no éramos pareja, e incluso hasta llegamos a pensar en mandar a estamparnos una remeras con la leyenda “estoy sola”, o “no somos novios”. Cada vez que veía algún chico lindo por la calle, Edu decía: “te estoy escupiendo el asado, che”. Sin embargo, por más chico lindo que se cruzase, yo lo seguía extrañando a El y hubiese querido que compartiera conmigo siquiera un tercio de todo lo que estaba viviendo.
Tilcara tiene una mística muy diferente a Purmamarca. Es un pueblo más grande, con callecitas empedradas y tiene mucha, pero mucha onda. Comer salchipapas con una Norte bien fría en la plaza era lo más de lo más.
En un puestito de artesanías enfrente de las ruinas de Tilcara conocimos a Esther, una señora que andaba en camioneta con sus dos hermanos y que se ofreció a llevarnos hasta la punta de un cerro en la parte de atrás de la rastrojero. Así que, sin poder creer la suerte que habíamos tenido (nunca hubiésemos podido llegar a pie hasta ahí) nos subimos y viajamos con el viento y el sol de nuestro lado, mientras yo improvisaba algunos temas con una especie de quena que había conseguido en el puesto de artesanías (confieso que al tercer tema Edu ya quería sacarme la quena de las manos y tirarla al costado del camino).
Esther paraba a cada rato para preguntarnos si estábamos bien. Me hacía acordar muchísimo a mi mamá y hasta en joda decíamos que era una señora que había contratado mi madre desde Buenos Aires para cuidarme. Llegamos hasta lo alto, bajamos, sacamos fotos, volvimos a las ruinas de Tilcara y Esther me dejó su celular cuando se enteró que Edu no era mi novio y que en unos días seguiría el recorrido sola. Le agradecí el gesto, agendé el celular por si acaso, pero nunca más volví a saber de ella.
Las ruinas de Tilcara son una muestra de la sabiduría de los pueblos originarios y su total conexión con la naturaleza y El Universo. La vista desde ese lugar es increíble, y cuando cae la tarde, si uno presta atención, puede escuchar el secreto que proviene de las piedras.

Tuesday, March 20, 2007

Loca y Norte II: fui con mi tristeza, fui para pelear

La tucumana se bajó del micro en Tucumán, y en unas horas más, llegaba a Jujuy. El plan inicial era recorrer la ciudad, hacer noche y al día siguiente viajar hasta Tilcara. El plan se desmoronó cuando bajé del micro y lo ví a Edu esperándome. Era el mediodía. Fuimos a comer, y en el medio de un plato de fideos con salsa me fue contando todas las novedades de su viaje: los lugares que había visitado, la gente que había conocido, la quiaqueña con la que había estado, la mochilera francesa de la que se había enamorado y con quien posiblemente se reencontraría en Salta en un par de días.
San Salvador de Jujuy es lo más parecido a José C. Paz con montañas que podría describir en mi vida. Así que, en vistas de las circunstancias, huimos de esa ciudad con rumbo a Purmamarca. En el micro, entre mate y mate, Edu me preguntó cómo habían quedado las cosas con El. Yo le conté que antes de sacar el pasaje le había declarado mi amor y mis ganas de estar juntos, y que El había declarado que aunque se sentía bien estando conmigo sentía que “algo lo trababa para que estuviésemos juntos”, y que entonces mis ganas se hacían pedacitos y se caían al suelo cuando se estrellaban con sus trabas, y estaba tomando el viaje como una oportunidad para reflexionar sobre cómo seguir, aceptar y tomar alguna decisión respecto de mis ganas y sus trabas.

Decir que Purmamarca es impactante es quedarse muy, pero muy corto. Bajarse del micro y ver el Cerro de los Siete Colores es una experiencia que no se puede transmitir con una foto, ni con una minuciosa descripción.
Recorrer las calles de Purmamarca es como adentrarse en una de las escenografías más hermosas por las que podría haber transitado en mi vida. Mezclarse con la mística del lugar, bailar en las calles al ritmo de los diablitos con espejos y el carnaval, escalar el cerro y desde lo alto entender que El de Barba no la pifió ni un poquito con la escenografía.
Eso.
Todo eso fue para mi Purmamarca.

Monday, March 19, 2007

Loca y Norte I : Ajustáte el cinturón

No tengo ninguna pista sobre la causa que me impulsó a elegir el destino. Lo único que se, es que algún día del mes de agosto empecé a decir que me iba a ir de vacaciones al norte. No se porqué. No me inspiraron fotos de alguno de los paisajes, ni un testimonio de alguien que haya estado ahí. No se de dónde saqué la idea. Lo que cierto es que, un 15 de febrero estaba sacando pasaje para viajar el 17 a Jujuy.

De casualidad, por esos días andaba dando vueltas por el norte mi amigo Edu. En Buenos Aires habíamos acordado encontrarnos en alguna parte del camino para recorrer un tramo del trayecto juntos. Ni bien tuve el pasaje en la mano, le mandé un mail confirmando que el 18 estaría llegando a Jujuy. Al día siguiente, recibí como respuesta que no estaba seguro si podría pasar a buscarme.
Así las cosas, armé la valija, le dejé a Almendra algunas recomendaciones para que pase de vez en cuando por el departamento a ver al gato, cerré la puerta y me fui.
Durante las 20 horas que duró el viaje tuve de compañera de asiento a una tucumana de unos 40 y tantos, soltera, que venía de sus vacaciones en San Bernardo con unas amigas que se habían quedado en Buenos Aires. Era médica, profesora de educación sexual en un secundario de Tucumán y no paraba de cebarme unos mates dulcísimos.
Hablaba hasta por los codos, se reía y contaba unas anécdotas inverosímiles de sus vacaciones por la costa. Confieso que en algún momento tuve miedo de que haya puesto alguna droga en los mates para dormirme y sacarme toda la plata que llevaba (que tampoco era tanta, pero era toda la que tenía para mis vacaciones) , pero se me pasó rápido. A esa médica tucumana, de quien no recuerdo el nombre, le debo frases memorables como:

“La gente se deprime porque no coje… Qué trastorno bipolar ni trastorno bipolar.. que garchen y van a ver cómo se les pasa todo”….

Tuesday, March 06, 2007

Mientras me abrazaba el sol

Mirando lejos, a la nada y al todo
Escuchando las palabras que te susurra el viento en el medio del silencio
Dejando entrar por los poros a los millones de partículas microscópicas que contienen una pista del misterio de la existencia.

Mirando lejos. Estando lejos, pero acercándose a lo profundo
Escuchando lo que te dicta la sangre,
porque en definitiva,

ahí están las respuestas.