Monday, May 28, 2007

Loca+Norte XVIII. Loca+Javi = La despedida

No hubo un solo minuto a lo largo de los dos días restantes que quedaban de vacaciones que haya defraudado o superado a los 13 días que le antecedieron. Cada uno de los 15 días tuvo su historia, su particularidad, su sorpresa; y sirvieron para entender que todos los días pueden traer algo bueno, distinto, particular si nos dejamos llevar a sabiendas del rumbo, sin sentir nostalgia por lo dejamos atrás, o nos gane la ansiedad por anticiparnos a la próxima parada.
De todas formas, y para ser absolutamente honesta, en las horas previas a la inminente llegada de Javi, un ejercito de polillas se alojó en mi estómago y no pude hacer otra cosa que pasar la espera tomando mate en un banco de la plaza principal, mientras la pregunta: ¿y ahora qué onda?, repicaba en mis neuronas a cada segundo. Javi llegó, nos abrazamos, nos besamos, nos sacamos fotos, nos reímos mucho y nos internamos en una habitación doble con baño privado de donde solamente salimos a cenar (al restaurant que estaba al lado del hotel, claro).
No hubo promesas, ni arreglos, ni contratos, ni cláusulas, ni reclamos, ni preguntas sobre nuestro porvenir en Buenos Aires, y así fue como a la mañana del segundo día de su llegada a Cafayate, le dije a Javi que me iba a Salta a tomar el micro que me llevaría de regreso a Buenos Aires; y así fue que Javi me dijo que me acompañaría hasta la Capital salteña para tomarse un micro con destino a Cachi. Y así fue que cuando llegamos a la terminal de Salta nos despedimos y cada uno tomó su colectivo.
Y así fue que ya arriba del micro, en el momento justo en que empecé a sentir una molestia en el pecho similar a la nostalgia, llega a mi celular un mensaje de texto firmado por Javi que decía: “buscá siempre ser libre. Te adoro”. Y justamente esas palabras eran todo lo que yo necesitaba.

¿Y qué pasó con Loca y Javi en Buenos Aires?

Bueno.. eso..

Eso

Eso ya es parte de otra historia.

Sunday, May 27, 2007

Loca+Norte XVII: Loca+Javi: El reencuentro

Durante los 15 minutos que tardé en secarme y vestirme no dejé de mirar fijamente el celular que ahora reposaba inanimado a unos pocos centímetros de mí. Lo miré enojada y de reojo por última vez y crucé el pasillo que separaba la habitación del baño. En el preciso momento en que había terminado de secar el piso y estaba corriendo la cortina volvió a sonar. Del salto que pegué, tiré la cortina al piso, y fui corriendo a atender. Miré la pantallita iluminada, era Javi otra vez. De los nervios apreté el botón equivocado y en vez de atenderlo, le corté. A los minutos volvió a sonar otra vez, pero para indicarme que tenía un mensaje de voz. Me odié por no tener crédito en el celular. Fui al baño, volví a poner la cortina, y salí corriendo hasta el quiosco más cercano a comprar una tarjeta.
La ansiedad me llevó a llamarlo sin escuchar siquiera el mensaje. Me atendió al toque, me preguntó dónde estaba y me contó que había llegado a Salta, que si no quería ir para allá. Le dije que estaba en Cafayate, que prefería terminar mis vacaciones ahí y solamente pisar Salta para tomarme el colectivo de vuelta a Buenos Aires.

Me dijo que a la mañana siguiente se tomaba el primer micro a Cafayate.

Thursday, May 24, 2007

Loca+Norte XVI: suena el teléfono y voy como loca a su encuentro

Cafayate me recibió tan bien, que al segundo día de estar ahí ya me sentía como en mi casa. La habitación del hostel en la que dormía se pobló la primer noche con tres chicos oriundos de Lanús y una estudiante de cine que viajaba sola, tenía mi edad y con quién teníamos muchas cosas en común. Con ellos me encontraba una tarde tomando cerveza cuando decidimos ir esa noche a comer empanadas a un bar enfrente de la plaza principal. Convenimos en ir a bañarnos de a uno y quiso el destino (y mis pocas ganas de levantarme y dejar de tomar cerveza) que quedase en último lugar. Fue así que, mientras ellos estaban todos bañaditos y perfumados yo todavía andaba con la pollera de bambula. Viendo la escena, les sugerí que fuesen hasta el lugar de las empanadas que los alcanzaba. Me bañé y aprovechando que tenía toda la habitación para mí, salí del baño enroscada en la toalla. Estaba por empezar a vestirme cuando escucho que suena mi celular, que estaba dentro de mi mochila, dentro del armario, en la otra punta de la habitación. Para cuando volví a enroscarme la toalla, para llegar hasta el armario, abrir la mochila y encontrar el celular, el aparato ya había dejado de sonar.

Miré la pantallita pensando que seguramente encontraría una llamada perdida de mi madre. Casi se me desenrosca la toalla de la emoción cuando vi que el de la llamada perdida era Javi.

Friday, May 18, 2007

Loca+Norte XV: Cafayate. Ultima parada

Llegué a Cafayate con fiebre y ninguna intención de volver a un hostel de habitaciones y baños compartidos, guitarreadas, medias lenguas y cervezas. Me metí en un hotel con habitaciones con baño privado, pedí una aspirina y dormí hasta el otro día.
A la mañana siguiente no quedaban rastros de la fiebre. Fui a desayunar al comedor del hotel y me encontré con mesas llenas de familias, niños gritando, corriendo y llorando. Entendí que era hora de volver a agarrar la mochila y buscar otro lugar con habitaciones y baños compartidos, guitarreadas, medias lenguas y cervezas.
No me costó demasiado encontrar un hostel que se correspondiese con ese perfil, solamente cruzar la plaza principal. Dejé mis cosas en un cuarto lleno de camas vacías y me fui a recorrer el lugar.
Caminé hasta un mirador desde donde se veía la ciudad. Una vez que llegué me quedé sentada un tiempo mirando a lo lejos y mientras el sol me envolvía escuché que alguien tocaba el charango detrás de donde estaba. Me dí vuelta y vi a un chico descalzo y con boina que tocaba el instrumento mirando al cielo. Cuando terminó, se me acercó y nos pusimos a hablar. Como tantos otros con los que me crucé en este viaje, viajaba solo para olvidar a una novia que había dejado en Buenos Aires. Mientras hablábamos me pareció que había algo fingido en esa apariencia de bohemio que buscaba trasmitir. Pero lo cierto es que no tuve demasiado tiempo para averiguarlo. Bajamos del mirador, almorzamos, me contó algo mas del desgaste de su relación con su ex chica; y nos despedimos en una esquina cualquiera del centro de Cafayate con un “tal vez nos volvamos a ver” que nunca se concretó.
Y ahora que veo el paisaje a lo lejos y desde el frío de la ciudad, puedo decir que no volver a verlo fue otro de los buenos guiños a los que me tuvo acostumbrada el destino este verano.
Porque esta vez si.Lo mejor.

Lo mejor

Estaba por llegar.

Monday, May 14, 2007

Loca + Norte XIV

La capital de Salta es linda, muy linda, pero es una capital, y se me venía dando por huir de las capitales. Me bajé en la Terminal y me fui directamente a un hostel que me había recomendado Edu. Era una casa vieja, reciclada y políglota. Esa misma noche comimos un asado en una mesa larga en la que se hablaban muchos idiomas a media lengua. Después del asado, guitarreada y a llenar las mochilas de cerveza para seguir guitarreando desde lo alto de un cerro desde donde se veía la linda Salta iluminada. Debo de haber usado la cama de ese hostel como mucho dos horas. Habremos vuelto de la guitarreada en el cerro a las 5 y a las 8 de la mañana partía mi micro con destino a Cachi.

Vuelta a la Terminal de Salta.

Vuelta a subir a un micro.

Dormí todo el recorrido y cuando me bajé en Cachi reconocí a dos australianas que estaban parando en el hostel de Salta. Las saludé y nos fuimos juntas a buscar un lugar donde pasar la noche. Cachi es un pueblito cálido con gente que saluda con una sonrisa en los labios. Estuve casi la mayor parte del tiempo con las australianas que no hablaban una palabra de castellano y me hacían preguntas del tipo “qué pasó en el 2001”, “quién fue Roca”. Ahora me pregunto qué habrán entendido, si entendieron algo, claro.

Me quedaban tres días de vacaciones, y mi plan era pasarlos en Cafayate.
Me despedí de las australianas en Cachi.

Vuelta a subir al micro

Vuelta a la Terminal de Salta.

Vuelta a subir a micro.

Monday, May 07, 2007

Loca y Norte XIII: el entierro del diablo

Solamente en ciertas ocasiones, ciertos hábitos molestos de los amigos, se transforman en favores que les agradeceremos hasta la eternidad. Así fue que el llamado de rutina de Jebus al celular de los domingos a la mañana cuando sale borracho del bar, se transformó en el despertador que nos salvó a Javi y a mí de pasar por Humahuaca sin sexo y de disfrutar a la vez del desayuno del hotel. Jebus llamó a las 9.30 como todos los domingos, me despertó, cuando fui a agarrar el celular de la mochila ya era tarde para poder entablar uno de nuestros diálogos borracho-media dormida, pero no era del todo tarde para despertar a Javi y decirle que teníamos poco menos de treinta minutos para tener sexo y desayunar. Así fue que nuestra primera vez la inauguramos con un rapidito con gusto a revancha. Desayunamos, fuimos a caminar y en el camino atendí el nuevo llamado de Jebús, quién aunque borracho entendió todo en mis gracias y te quieros y aún más sabiamente respondió: ah... ¡ya garchaste!.. bueno, haceme un favor, no lo sigas.

Y como entre mis planes no figuraba seguir a Javi, sino seguir por mi camino; puedo decir que ese fin de semana vivimos como si fuesen nuestras primeras y últimas horas juntos.
Creo que entendí que la felicidad era mutua cuando íbamos siguiendo a una comparsa en plena finalización del carnaval, y entre la música, el baile, la harina, los diablitos y la cerveza que tomábamos de una botella vacía de Coca Cola, Javi me dice en tono cómplice:

-¿Decime si no las mejores vacaciones de tu vida hasta ahora?

Ajá. Lo fueron. Aseguro que lo fueron.

Y como entre mis planes figuraba seguir por mi camino sin seguir a Javi, el lunes a la mañana partí rumbo a Salta y Javi se fue a Iruya. Y si bien mis planes eran seguir por mi camino sin seguir a Javi, nunca me hubiese imaginado que en mi camino, me iba a seguir encontrando con Javi.

Friday, May 04, 2007

Loca y Norte XII: Loca+Javi:......

Las cinco horas que tuvimos que esperar para que saliese el micro a Humahuaca fueron interminables. Creo que no quedó rincón de La Quiaca sin conocer nuestros besos o abrazos, vereda en la que no nos hayamos sentado o recostado, calle que no hayamos caminado pensando en las ganas que teníamos de llegar a alguna cama en algún lugar de Humahuaca. No hubo cyber, ni caminatas, ni mates que acortasen la espera. Las horas pasaban a una velocidad inusual y nos mantenían como rehenes a la siesta de una ciudad fronteriza donde todos y todo parecían de paso.
Hasta que finalmente llegó el micro que nos libraría de la espera interminable. Humahuaca nos esperaba cuando ya estaba cayendo la noche. Me quedé en la terminal con los bolsos mientras Javi fue a buscar un lugar para pasar la noche.
“Listo, ya encontré. Vos no te preocupes que yo invito”, fue lo que me dijo Javi cuando me pasó a buscar para ir al hotel.
El sommier, las sábanas con aroma a suavizante de ropa, las almohadas mullidas y la ducha de agua calienta por tiempo ilimitado fue el mejor regalo que podrían haberme hecho durante esas vacaciones de habitaciones y baños compartidos.
Nos bañamos, fuimos a comprar unas empanadas y un vinito y volvimos a la habitación. Esa noche, y pese a todos los pronósticos y las ganas, no hubo ni besos fogosos, no exploramos todas las posiciones del kamasutra, ni recorrimos cada uno de los rincones de la habitación teniendo sexo salvaje y desenfrenado hasta el alba.

Esa noche

Esa noche me quedé dormida cuando todavía no había terminado el primer vaso de vino.