Tuesday, September 26, 2006

El último aliento

Tardó en llegar, pero llegó justo en el momento en que se empezaba a preguntar si todavía quedaba alguien que a su edad nunca hubiese besado. Pero llegó. El primer beso llegó. Tenía gusto a cigarrillo mezclado con cerveza y amanecer de un día soleado de verano en la costa. Le llamó la atención la tibieza y suavidad de los labios al rozarse, la robustez de la lengua, la habilidad de los dientes para hacerse flexibles mientras el fenómeno ocurría.
Y después siguieron otros besos. Los segundos, con aire de Centro y gusto a plaza de Congreso. Con manos llenas de libros y carpetas que dificultaban los abrazos, y más lenguas y salivas y sangre burbujeante. También vinieron los besos clandestinos de los labios que se suponían prohibidos y tenían otro sabor. Sabor a Costanera Sur, a Corrientes y Florida, a deseo mezclado con culpa. En el medio también se registraron besos en plazas conurbanas e interminables besos en andenes con el guarda esperando para cerrar las puerta del tren.
Y como todo llega, llegaron los tiempos de besos calmos, de los que se saben dueños de los labios del otro. Besos mezclados con mañanas de mate, café, cotidianeidad y somnolencia.
Y justo cuando los labios se habían asfixiado de tanto besar llegaron para darles respiración boca a boca y traerle un poco de aire de Casa. Esos besos que siempre tenían gusto a enamoramiento. Esos labios que mordían pero no lastimaban. Esos que la liberaron.
Entonces llegó el verano, armó la mochila y se fue. Encontró besos como de la adolescencia, con gusto a arena, bronceador y noches estrelladas que quedaron eclipsadas entre las semanas de algún enero.
Los besos que mordían regresaron en febrero. Esta vez con labios llenos de contracciones, confusiones, gusto a pecado, y mordidas que lastimaban.
Y entonces, casi como un guiño del universo, llegaron los labios morados que le dieron el hombro para que pudiese saltar por una de las paredes del laberinto en el que los labios de febrero la habían metido.
A pesar del bálsamo de los labios morados, las lastimaduras se hicieron profundas y las quemaduras se transformaron en llagas. Y entonces hubo que salir a buscar nuevos besos. Estos venían con bancos de Recoleta y calles de San Telmo que le sentaban bien. De labios que volvieron a pronunciar frases que ella había olvidado. Pero esta vez se quedó callada, porque sus labios no podían devolver en igual medida, porque no le alcanzaba.
Y no sería justa si en este relato no hablase de los besos que guarda en una cajita. Esos que rompieron el hielo, que aparecieron de golpe, los que se revelaron en pueblos olvidados del Norte en medio de vagones de trenes, esos que nunca pudieron ser y los que abortaron al minuto de haber comenzado.
Y no diría toda la verdad si se olvidase de decir que en el fondo de la cajita, custodiado por una serie de códigos a la espera por descifrar, se encuentra el mejor y más preciado de los besos. El próximo. El nuevo. El último.

El que todavía no llegó.

Friday, September 22, 2006

Será de Dios

Jueves
Aproximadamente 8 de la mañana
Suena el portero

Me levanto. Camino hasta la cocina dónde está el portero mientras pienso: ¿quiénpuedeserquetoqueaestahora?. Levanto el tubo. Del otro lado, la voz de una señora dice:
-“Buenos días, vengo a informarte que Dios quiere ser tu amigo”.

Ajá.
Corto. Vuelvo a la cama pensando en que tendría que haberle pedido a la señora el teléfono del barba así lo llamaba a la tarde cuando estuviese mas despierta.
Duermo un par de horitas más. Me despierto.

Mebañomevistoledejolacomidaalgatotomoelsubte
llegoaltrabajoprendolamáquinabajanlosmails.

Encuentro un mail de una compañera del secundario. Lo abro. Era una presentación de powerpoint. Tenía unas láminas lindas, con leyendas extrañas, así que por curiosidad, llegué hasta el final. Y en la última presentación, al final de la última línea. Había una firma. La firmaba Dios.

Ajá. Tal vez al de barba no le simpatiza que me pase la tarde chateando con el diablo. Pero como yo sé que lee este blog. Quiero decirle que, aunque siga jugando conmigo cual si fuera un pin y pon, y últimamente se esfuerce para que en el libreto figuren los tequieros y los textraño en los parlamentos de los personajes equivocados. Quiero que sepa que, yo, a pesar de todo sigo creyendo en Usted.
Y que el diablo sabe de mis creencias, y a pesar de ello le caigo bien. A pesar de eso, y de haberle dicho que soy de Racing.

Amén.

Wednesday, September 20, 2006

Espera sentada

Y entonces una encuentra un asiento libre en el subte y se sienta. Se acomoda.
Se abren las puertas en la siguiente estación e ingresa una señorita que se para frente al asiento y de repente una se encuentra mirando un abdomen algo prominente.
Entonces, empieza la disyuntiva. Las opciones son dos y es una. O queda como una desalmada por no darle el asiento a una embarazada. O se lleva el premio a la persona mas odiada del día, de la semana o del mes, por darle el asiento a una señorita algo excedida de peso que creímos se encontraba en la dulce espera.

Friday, September 15, 2006

Almas nuevas

A veces, una tarde cualquiera, la personificación misma de la versión criolla del diablo se aparece para recordarme que ya viene siendo la hora de buscar nuevas almas y valorar las que quedan al costado. Que alguien dejó mi alma tirada por el mas bajo de los infiernos, y que el la tiene ahí, en un frasquito, pero está tan curtida la pobre que ni vale la pena bajar a buscarla.

Y entonces, una empieza a pensar que, como otras tantas veces, El de Barba es capaz de enfrentarme con un angel disfrazado de diablo para ayudarme seguir en el camino.

Monday, September 11, 2006

Las últimas líneas que te escribo

Entre las 19.30 y las 20 horas es cuando el dolor en el pecho comienza a hacerse mas agudo y se siente con mayor intensidad el vacío que deja la ausencia. Porque sabe que pasó un día más. Porque sabe que va a pasar una noche mas, y una mañana más en la que despierte y la almohada de al lado siga vacía. Y porque cae en la cuenta de que El no va a volver. Y así va a ser hoy, y mañana y pasado y tras pasado. Y dentro de su cabeza sólo resuenan las voces optimistas de los amigos, de los que siempre están para intentarle arrancar una sonrisa con algunas frases hechas. Que lo mejor es lo que va a venir. Que lo bueno se hace esperar. Que siempre podés aprender del que se va, aunque te deje llorando dos semanas seguidas.
Pero desde el mas oscuro pesimismo sólo piensa en por qué se supone que tiene que ser así. Por qué se supone que el orden natural de las cosas siempre gira hacia el bienestar y la felicidad.
Y es justo ahí, en el fondo de la mas profunda de las reflexiones pesimistas, en dónde se produce el punto de inflexión, y nace desde el pecho una especie de calor que lucha por mantenerse encendido hasta que se va transformando en un fuego que ofrece una tibieza cada vez mas intensa. Debe de ser esa la chispa que hace avivar el fuego que la impulsa a abrir los ojos todas las mañanas y realizar movimientos tan mecánicos como necesarios. Bañarse, darle de comer al gato, desayunar, vestirse y tomar el subte que va al trabajo.
Porque en realidad, no sabe si lo bueno llega alguna vez, o si todo se encamina indefectiblemente hacia la tranquilidad y felicidad con el solo hecho de desearlo.
Sabe que el impulso vital que la mantiene en pie se basa en seguir descubriendo las buenas razones que quedan para seguir luchando y la certeza de que la única forma de encontrarlas es seguir marchando.

Tuesday, September 05, 2006

Entrelíneas

Siendo las 19.30 de un día jueves, recibo el siguiente mail de Lula:

De: Lula
Para: Loca
Asunto: Loca!!

Lucha!!.. ¿cómo va todo?. Yo estoy acá clavada en la redacción hasta que termine lo de Blumberg. Pero pasame los titulares de tu semana. ¿Ya hubo bum bum con el cheff?

Respuesta:

De: Loca
Para: Lula
Asunto: Re: Loca!!!

Lula!!.. No. Todavía no hubo bum bum. Pero lo veo hoy. Y te digo todo en una línea:

Estoy estrenando conjunto de ropa interior