Así las cosas
Tengo un chico con visera con quién logré una conexión sexual como no había experimentado en años. El sexo con él se compara al sabor de las frutillas con chocolate amargo. No tenemos límites de horarios ni lugares. Siempre hay tiempo, siempre encontramos el lugar.
Tengo un hondo enamoramiento con un chico de 18 años. Me tiene encantada. No puedo dejar de mirarlo cuando me mira y nos miramos reflejándonos en la mirada del otro. Nos quedamos escuchando música, mirándonos, besándonos y tomando vino tinto hasta eternas madrugadas. Nuestra intimidad sexual no tiene urgencias, ni presiones. Transcurre lenta y cuidadosamente. Chico de 18 años es fundamentalmente libre. Con toda la libertad de sus 18 años; esa libertad que hace brotar de su espíritu todas las frases con que me despierta a la mañana.
Tengo a chico con tatuaje de sol que a veces se queda a dormir. Y me asusto si me despierto repentinamente y lo siento abrazándome. No sabe aún de la existencia de chico con visera, ni chico de 18 años, ni la razón por la que me sobresalto entre sueños cuando me despierto y veo el tatuaje del sol sobre mi abdomen.
Tengo tres. Ninguna culpa. Los sentimientos diferenciados que no se excluyen. Y los oídos atentos a mis sensaciones.
Tengo un pasaje para mañana a Tucumán para pasar fin de año con Lula.
Tengo 15 días para darle una revancha al Norte y recorrer las zonas que me quedaron pendientes el año pasado por desviarme con Javi.
Tengo todas las preguntas e incertidumbre del universo.
Pero tengo un almanaque lleno de días sin estrenar para seguir intentando encontrar las respuestas.
Feliz 2008…
