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De hecho

No es ninguna novedad ni será aquí el primer lugar donde lean esto: la convivencia, señores míos, es una cuestión complicada. En mi caso,  hizo que me encontrase con una faceta desconocida, inesperada, insospechada. Ante semejante sorpresa, consulté con varios pares que estuvieron atravesando o atravesaron por esta cuestión y llegué a una conclusión tal vez injusta: bajo ciertas condiciones, como la del concubinato, las personas, queridos míos, nos transformamos en seres desconocidos hasta para nosotros mismos. Existen, en este periplo, también risas y alegrías, claro está. Pero vamos a detenernos en los infortunios, que es lo más divertido de esta cuestión. En mi caso, yo ingresé a la convivencia de golpe y porrazo, luego de muchos años disfrutando de una vida solitaria con mascota. Al comienzo, las peleas eran por no encontrar algo en la alacena después de estar todo el día deseando el momento de llegar a casa para abrir ese… chocolate, ponele. También las hubo en relación a los horarios de llegada, usos del baño, despertadores, orden y desorden. Al comienzo, debo admitirlo, la convivencia me cayó mal, sacó lo peor de mí, me convirtió en un ser amargo, que se aferraba a unos hábitos, que, curiosamente nunca había tenido. Me estresaba por cualquier cuestión. Desde la rotura del lavarropas hasta quedarme sin pasta de dientes, todo era una catástrofe. En el ciclo del concubinato existen peleas por cuestiones referidas a bombachas colgadas en canillas del baño, el volumen de la televisión, descolgar la ropa si se cocina, la temperatura del aire acondicionado en verano y el acolchado y las frazadas en invierno, ect. Pero hay experiencias extremas, como la no utilización de bolsas del chino para los residuos,hacer los mandados con  ecobolsa y no hacer planes para los días miércoles porque es el día del lavado de sábanas.

Comments

Fernando Lobo said…
Lo del lavado de sábanas los miércoles es terrible...
Fernando Lobo said…
Lo del lavado de sábanas los miércoles es terrible...

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No hay muestra mayor de compromiso que dar las llaves de la casa, departamento, habitación de pensión, lo que sea que fuese la morada de una. El compromiso no se demuestra con hechos, con presentar la familia, ni siquiera con un anillo. No. Darle las llaves a otro no es un hecho dejado al azar, no es una cuestión de practicidad, no es “para no bajar a abrir a la mañana”, para “que le vayas a cambiar las piedritas al gato”. No. Dar las llaves es “dar las llaves”.
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Por eso, yo ahora ando con mi par de llaves, otro en la casa de Almendra y otro en lo de Perro. Nada más. Ni a mi madre. Las llaves son una cuestión muy íntima. Y hace un par de semanas, cuando le quise ba…

Rellenita

Me volví adicta a una golosina. La conocí hace unos años, cuando Daniel vivía en Belgrano, porque las vendían en el kiosco de enfrente a la parada del colectivo. Daniel se mudó y no las conseguí más.
Pero hace unas semanas fui al cine, ese que queda en Congreso, y entré al kiosco de al lado… y allí estaban!… las únicas… las irrepetibles Rellenitas Chunky!!… Mi emoción fue tal, que a pesar del precio ($ 1,20) compré 4… y volví, volví al kiosco, solo para comprarlas… y le compré a la quiosquera una caja entera…de las de crema.. porque las de chocolate no son igual. La quiosquera me miró raro, pero me dejó la caja al costo!!!.. ahora, vivo a ingesta de Rellenita Chunky. Por lo menos una al día… todos los días.
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Tirano oro

No hay caso. Por más que lo intente. Y obedezca a sus tiranos mandatos. Y le haga caso a sus agujas. Y salga a “tiempo”. No hay caso. Una mano invisible se encarga de adelantarlas a una lógica sobrehumana. Ó poner escollos imprevistos en el camino. Y ahí estoy, llegando tarde. Pero no es mi voluntad, lo juro. Es que siempre se demora el ascensor. O el tren que estaba programado tuvo un desperfecto. O justo ese día la correctora de la editorial me pide que la espere para ir caminando juntas hasta el subte. Y se demora agarrando el saco, saludando a los que quedan, olvidándose algo en el escritorio. Y camina a dos por hora mientras se queja y me toca el brazo cada tanto para que asienta o le preste atención. Porque claro. Yo voy pensando en lo tarde que es. Y en que cómo puede ser si salí a tiempo.
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