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“Cuando uno usa gorro con visera siente una especie de techo arriba de los ojos” me explicaba el chico tras haber discutido sobre publicidad, cine, Gran Hermano, socialismo, Chayanne, los viajes de Marley por el mundo, Coco Silly. Ahora estábamos en casa. Habíamos ido a tomar unas cervezas a un bar y lo invité a subir con la excusa de un fernet. Pero seguíamos hablando. De Ipod, de investigaciones de mercado, de directores de cine. Y eran las cuatro de la mañana y seguíamos hablando y tomando. Y mis ganas de irme a dormir le ganaban a las ganas de besarlo o de ir a dormir con é. Porque, estaba todo bien, pero ya se nos había pasado la hora. Entonces, otra vez le mentí diciendo que al otro día me tenía que levantar temprano y le bajé a abrir la puerta de salida. Increíblemente en el palier seguíamos hablando. Le recomendé que bajásemos la voz porque íbamos a despertar a los vecinos y fue cuando el chico dijo: -¿Y si en vez de hablar nos besamos? “Cuando uno besa a alguien que usa gorro...
Me puse a hacer las cuentas y concluí en que lo conocí hará un año atrás. Es increíble como algunos acontecimientos se nos quedan archivados en la mente con el día, hora, minuto y temperatura del lugar en el segundo justo en que sucedieron y otros simplemente quedan cristalizados en nuestra memoria como si fuese una foto archivada en un libro que descansa en una repisa. Si, fue hace un año. Fue en una fiesta en aquel lugar donde íbamos con Jebuz, Lula y Edu que de día funcionaba como un centro de jubilados y los fines de semana se hacían fiestas medias clandestinas. Si, lo conocí ahí. Me acuerdo que me había parecido lindo, era un poco más alto que yo, pelo castaño, ojos marrones, gorra con visera, que estudiaba cine y era del oeste. Que le pasé mi teléfono y a la semana me llamó para ir al cine. Que vimos Gracias por Fumar en una sala de los cines de Recoleta en la que había solamente dos personas. Que en el preciso momento en que nos sentamos en las butacas intuí que tenía menos edad...

!!!¿?!!!

La semana pasada. Dos lugares diferentes. Dos hombres distintos. La misma pregunta: -¿Estás tomando fernet?. Tras la respuesta afirmativa, la misma exclamación: -Qué raro que una mujer tome Fernet.

Y otro día...

Ante su respuesta inconsistente de quererte toda la vida, amarte y perderte y ¿lo qué?.. entendí que justo en el lugar desde el que no hay retorno, nace un punto de partida. (A empezar otra vez y la reput..madre).

Un dia....

Llegó el día en el que opté por no culpar al síndrome pre menstrual, a la alineación planetaria ni al destino. Acepté que mis estallidos repentinos por nimiedades llevaban un sentimiento oculto, que recordar su sonrisa para paliar en dolor de las agujas no era sólo un tema para escribir, que ir a tomar una cerveza con El no era como salir de bares con cualquier otro amigo, que dormir juntos era lo mejor que me había pasado en mucho tiempo y que tenía que dejar de escudarme en las “cursilerías”. Entonces, llegó el día en que junté todos esos momentos y sensaciones en un ramillete, me pinté los labios y cuando, ante el estallido de enojo nº 34, me preguntó qué me pasaba le dije: -Me pasa que estoy enamorada de vos. Y entonces fue cuando llegó el día en que entendí que para ciertas frases no hay punto de retorno.

Amigos

Conversación en el cine con Jebuz minutos antes de comenzar la película L: ¿Hiciste algo el sábado? J: Si, fui a esa fiesta clandestinísima. L: Y.. ¿qué onda? J: Conocí a un pibe para vos. Le saqué el teléfono. L: Pero nene, se supone que tenés que hablar con minas, no con tipos. J: Bueno, es que estaba hablando con la mina que me gustaba a mí. L: ah....¿y cómo es? J: Tiene un nombre raro, así que seguro que te va a gustar y es músico. Ahh.. pero ahora que pienso bien, no se. L: ¿Por qué? J: Porque no es tan sucio como los que te gustan a vos...

Hay una sola

El viernes el motoquero de la empresa donde trabajo me preguntó si ya tenía que felicitarme por el Día de la Madre y le respondí que todavía no (¿?). El sábado, mientras le compraba el regalo a mi madre, la vendedora me preguntó si yo también iba a recibir regalos. Durante la mañana del domingo me llegó un mensaje felicitándome por a la maternidad de mi gato(¿?). Sino fuese porque a la tardecita del domingo escuché un: Feliz día, mamita... volvía a terapia.

Sangre

Me desperté en medio del charco que mi propia saliva había establecido en tu brazo. El sol del tatuaje me miraba con los ojos húmedos que yo intentaba secar entredormida, sin éxito y balbuceando algo parecido a un “perdonáme”. Abriste los ojos, me miraste y sonreíste. Con una de esas sonrisas a las que me cuesta acostumbrarme. Una sonrisa dulce, transparente, limpia, sin rasgos de tormenta. Nos volvimos a abrazar y dormimos. Algunas horas después me estabas acompañando al laboratorio a sacarme sangre. Siempre le tuve pavor a la agujas, pero tu compañía endulzaba el momento del pinchazo. Ya sola en el consultorio, la enfermera me ponía la banda elástica en el antebrazo mientras me hacía cerrar el puño. Dí vuelta la cara. “Respirá hondo y abrí el puño”, me dijo. Mientras seguía sus intrucciones, cerré los ojos e intenté evocar pensamientos placenteros. “Pensá en otra cosa” me decía el dentista cuando era chica y me estaba sacando una muela. Tenía que pensar rápido en alguna imagen que me...

Justificaciones

Se trata de encontrar las respuestas. De descifrar códigos. De encontrar las piezas para armar el rompecabezas. Algunos creen encontrarlas en las ciencias; la física cuántica; la combinación de moléculas y átomos, las células que explican la creación y el ordenamiento de los hombres y el universo. Otros se dedican a la filosofía, otros tantos a las religiones; a desentrañar y formular teorías místicas. Pero lo cierto es que prefiero que no existan explicaciones al alcance para descifrar las partículas imperceptibles que revolotean en el aire y traspasan los poros cada vez que se produce un encuentro de almas. El vacío y el sabor a derrota que dejan los desencuentros. El brillo que invade la mirada ante un hecho que llena de burbujas la sangre. Las chispas que flotan en el aire cuando dos cuerpos se sumergen y se hacen uno. La desolación y el dolor que dejan las despedidas que luchan por transformarse en hasta siempre. La chispa, el fuego, la luz que impulsa a buscar nuevos encuentros. ...
Y bueno, si. Nos encontramos. El día anterior propuse el lugar, el aceptó y preguntó si había que hacer reservas con anticipación. ¿Reservas?... creo que nunca en mi vida cené en un lugar en el que hubiese que hacer reservas. Así que le contesté con un: naaahhhh… ¿reservas?, no hace falta, y mientras me preguntaba si se sentiría cómodo en el lugar que había propuesto, el me decía: lo de las reservas sonó muy careta, ¿no?. Luego del acuerdo, y mientras esa tarde transcurría muy apaciblemente, una aparición inesperada sucumbió mi ser. El, el de los tatuajes había aparecido en el Messenger y me estaba ofreciendo ir a tomarnos unas cervezas para festejar las vísperas de la primavera. Gracias a la erradicación de bombachas estiradas del cajón, la ropa interior ya no era un impedimento para mí. Así que, ni bien salí de la oficina partí rumbo a la esquina acordada por El y yo. Nos encontramos y terminamos charlando y tomando en un bar sin reservas, ni mozos, mucho rollinga y rock. Me ahorraré...
Los consejos de Edu se me habían grabado a fuego en el inconsciente. Sino, no se explica que al día siguiente, cuando volví a la oficina luego de comprarme ropa, lo ví al barbudo online, le conté que venía de comprarme un straples (¿?) y sin esperar por respuesta más que un “qué bueno” me dijo.. “Uy, buenísimo. Lo podés estrenar el viernes cuando salgamos, porque este viernes salimos a comer, ¿no?”. Le dije que sí. Y empecé a entender un poco de la dinámica de la que me habló Edu. Uno tira el centro y el otro cabecea. Mirá vos, parecía que a veces hasta me podía comportar como una señorita de esas que andan con strapples y salen con chicos que juegan al tenis. Parecía nomás.
“Vos no salís con chicos que juegan al tenis”, observó muy acertadamente Jebús cuando le contaba la situación a el y a Edu en una de nuestras charlas semanales de hombres y cerveza. Ambos coincidieron en que lo ocurrido se trató de un hecho un tanto inusual para la habitual conducta masculina y los tres llegamos a la conclusión de que tal vez había sido yo la culpable de semejante reacción. -Tal vez fuiste demasiado de frente, dijo Edu. A veces, a algunos hombres nos gusta ser quienes proponemos, y si viene una mina y nos dice directamente de salir, es como que nos tiramos para atrás. -Entonces, ¿qué tendría que hacer? le pregunté. -Y... tendrías que dejar algo como picando, por ejemplo, decir: “ay.. tengo ganas de ir a ver tal o cual película, pero nadie que me acompañe. -Pero si a mi me gusta ir al cine sola, le digo. -Si, ya se bolassss.. pero hacé de cuenta que no, ó pensá en otra cosa. Pero siempre tiene que ser así la dinámica. Como tirarle el centro para que haga el gol. ¿Entend...
Me perfumé, verifiqué el estado de mi ropa interior, y estaba online desde la oficina esperando que confirmarse la hora en que me pasaría a buscar. Y si, se conectó, pero para pedirme mil perdones, que si no lo podíamos dejar para más adelante porque se había olvidado que había quedado en ir a jugar al tenis con un amigo y no le podía fallar. Así que le dije que estaba todo bien, pero no tanto, porque claro que me molestaba haberme despertado antes esa mañana para irme a depilar y pensar hasta el ultimísiimo detalle mi guardarropas, y ni hablar de las ganas que tenía de encontrármelo para poder entablar el nivel de nuestras charlas online pero cara a cara. Pero bueno, no se podía. Había que dejarlo para más adelante. Por algo sería, ¿no?
Ay, si. Todo venía perfecto. Increíble. La cosa con el barbudo venían de mil maravillas. Que que lindo que sos, que que hermosa, que Lula la pegó, que que de coincidencias, que cómo me hacés reir, que me dejo la barba por vos, que qué lindo, que lindo, que le voy a dar otra oportunidad al fernet. Era todo un romance de película onda Meg Ryan y Tom Hanks. Esperaba cada día con una ansiedad inusitada a que su avatar apareciese online y entonces teníamos nuestras interminables charlas, y nos pasábamos emoticones, y fotos, y suspiros, y suspiros. Porque todo era virtual, claro. Entonces aconteció una tarde que ya no aguanté más esto de los jajaja virtuales y le dije de juntarnos a cenar. Pero claro, esa misma noche no, porque justo cuando estaba chateando desde la oficina recordé que andaba con la bombacha estirada y no hacía tiempo para pasar a cambiarme. Entonces lo dejamos para el día siguiente. Era lo mejor, ¿no?.

Ellos

Mi amigo Juan me inspiró, entonces, con su debido permiso, a continuación, un top ten de las mejores frases dichas a Loca por hombres de todos los tiempos: 1.Eras más divertida cuando me vomitabas el auto. 2. Dormir con vos es increíble. 3. Que la salsa de palta se llama guacamole, que los grisines chatos, talitas. Dejá de complicarnos la vida, ¿querés? 4. ¿Sabías que el semen de los vegetarianos es más rico que el de los que comen carne? 5. Quiero seguir en contacto con vos porque me interesa “tu historia de vida”. 6. A veces pensás como hombre, ¿sabías? 7. ¿Cuándo vas a venir a buscar tu ropa?. Las bombachas que dejaste en el cajón ya están por tener familia. 8. Si fuese mujer, elegiría ser como vos 9. (En un hostel en algún lugar de Jujuy). Dale, pasáte a mi cama. Dale, Loca, ¿nunca viste Gran Hermano? 10. No, no me molesta que a la mañana me dejes lamparones de saliva en la remera. Es más, me gusta.

Fallido

Mientras caminábamos por la avenida de Mayo un sábado cualquiera a la nochecita, le comentaba a mi amigo Edu acerca de la invitación de un casi-desconocido. a una fiesta. Loca: bueno, entonces, le voy a preguntar si los puedo llevar a Jebús y a vos, ¿te parece?. Edu: no, me parece que tenés que ir sola a esa fiesta. No podemos hacer siempre de tus guardaespaldas... Loca: ... Edu: Y si, evidentemente el pibe te quiere conoger... Loca: ... !!! Edu: perdón, conocer quise decir. Co-no-Cer... Y así es como Edu se lleva el premio no sólo a frase del año, sino también a acto fallido del siglo.
Locación: Departamento de Loca. Sábado a la tardecita. Conversación con Lula. Lula: aaahhhh.. tengo un chico para vos!!!... Loca: y de repente, me convertí en la tía solterona que hay que colocar. Lula: no, nena. Mirá es el hijo de la ex pareja de mi vieja. Parece que el pibe anda ahí, haciendo vida de viejo, y el padre se preocupa. Además, es lindísimo...y tiene nuestra edad. Loca: ummm... Lula (sacando un papel de la cartera): acá tengo el mail. Loca: ummm. Bueno, pero lo agregó al MSN y no te prometo nada. Lula: Pero si, nena.. te va a encantar, vas a ver...yo hace mucho que no lo veo, pero es lindísimo.. además, tiene barba. Loca: pero se puede haber afeitado... Lula: no, no. Cuando lo llamé para pedirle el mail, lo primero que le dije fue: “tengo una amiga para presentarte, pero.. TENES BARBA?!.. (Lula, me conocés como nadie. Sabelo)

Y el silencio me acompaña

Es una verdad consabida que el silencio a veces habla, pero para escucharlo, hay que hacer el menor ruido posible. Entonces es cuando en terapia, después de estar dos sesiones sin pronunciar palabra alguna, escucho: “parece que hay mucho ruido afuera, porque tenés que pagar por el silencio”. Y es que por estos días el silencio cotiza en bolsa señora, quiero responderle, pero no lo hago, porque derivaría en un montón de otras preguntas que no tengo ganas de responder. Porque conozco las respuestas, pero entiendo que las tiene el silencio, usted sabe. Entonces le digo que si. Que hay ruido afuera, y le pago por sus cuarenta y cinco minutos de tiempo. Y más tarde me encuentro con El y su abrazo de soles y sus mucho, mucho, mucho que pocas veces suceden verbo alguno; pero que confío que los encierra un te quiero. Y sus mucho, sus abrazos y sus soles son los que necesito hasta quedarme dormida y que empiece otro día en el que me acompaña silencio. Porque se que las respuestas se amontonan ...
“Y si no nos podemos ver más, ¿qué hago con todo lo que te quiero!??.¿Me lo meto en el orto!?”. Creo que voy a rescatar esa frase de todas las que dijiste el día que nos volvimos a ver. Y la voy a guardar con el Cd que me diste, ese que tiene toda nuestra relación registrada. Toda en fotos y videos. Y si, voy a tener que guardar esa frase. Y tiro todo el enojo, el desencuentro, las frases poco felices, la cerveza que por primera vez en la vida parecía no terminarse más, y esos palitos salados con gusto a rancio y a lo que pudo ser. Si, si, voy a guardar esa frase, y el abrazo de la última despedida antes de subirme al colectivo. Y sospechar que nuestra relación es un cúmulo de despedidas antes de subirnos a micros para volvernos a encontrar en diferentes bares, esquinas y ciudades. Ajá, guardo esa frase. Y no todas aquellas en las que intentabas explicar lo inexplicable cuando no te pedía explicaciones, porque está claro que nos queremos; pero si dejo que me quieras así, un día me voy ...

Y afuera hace frío y está la luna

Lo último que veo antes de dormir es el tatuaje. El tatuaje que está en su brazo que me abraza como el último acto del día, de ese día, pero como algo natural que se hubiera repetido todas las noches, de todos los días, de todos los siglos del universo. Y su brazo me abraza mientras fijo la vista en su tatuaje y lucho contra las fuerzas que me quieren llevar del lado de los sueños; la frontera en donde la conciencia me abandona. Pero es inútil luchar, los ojos se van cerrando como hipnotizados por el tatuaje en el antebrazo, el tatuaje de un sol que me mira y sonríe. Y mientras el sol me mira y me abraza, me dejo abandonar a la cálida sensación hipnótica del sueño, del calor del sol y del abrazo; me dejo caer al abismo del sueño y de su abrazo. De un brazo que me abraza y me salva del abismo de la vigilia, pero me acompaña a hundirme en las bondades del sueño. De un sol que me ofrece el calor para arrojarme al descanso necesario, a pesar de que afuera hace frío y está la luna.